Israel lanza su «mayor ataque» contra Líbano: 160 bombas en 10 minutos dejan 89 muertos
Los ataques dejan también más de 700 heridos y la ofensiva ya ha desplazado a más de 1,2 millones de personas

Un hombre camina entre la destrucción causada por los bombardeos en Beirut (Líbano). | Yara Nardi (Reuters)
El Ejército de Israel ha lanzado este miércoles su mayor ofensiva contra objetivos de Hezbolá en Líbano desde el inicio del conflicto: más de 160 bombas en 10 minutos. La oleada de ataques ha golpeado Beirut, el sur del país y el valle de la Becá dejando a 80 muertos, según la Cruz Roja. Según fuentes militares citadas por Europa Press, más de un centenar de centros de mando e infraestructuras del grupo paramilitar fueron alcanzados en apenas diez minutos, en lo que supone la mayor operación aérea en este frente en los últimos meses. Por su parte, el Gobierno libanés ha elevado la cifra a 89 muertos y 722 los heridos tras los ataques israelíes, en declaraciones a la cadena de televisión LBCI News, si bien ha indicado que se trata de un balance preliminar.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han asegurado que los bombardeos se dirigieron contra «sedes, centros de mando y posiciones utilizadas para lanzar misiles», subrayando que la operación se basó en «información precisa de inteligencia» y una planificación desarrollada durante semanas. La ofensiva ha tenido lugar pocas horas después de que el Gobierno de Benjamin Netanyahu confirmara que el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán no se aplica a Líbano.
Las autoridades libanesas han denunciado «cientos de mártires y heridos» tras la ofensiva israelí, mientras que los servicios de emergencia han alertado de que los hospitales están desbordados y que numerosas personas siguen atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados. Las imágenes sobre el terreno muestran columnas de humo en varias ciudades, con ataques simultáneos en Tiro, Nabatieh, Sidón y los suburbios del sur de Beirut.


El primer ministro, Nawaf Salam, ha acusado a Israel de atacar «barrios densamente poblados» y ha denunciado que «las víctimas han sido civiles desarmados», en una escalada que, a su juicio, evidencia un «desprecio absoluto por el Derecho Internacional». Pese al anuncio de alto el fuego impulsado por la Administración de Donald Trump en el conflicto con Irán y a los intentos de Beirut de incluir a Líbano en ese acuerdo, Israel ha mantenido su ofensiva contra Hezbolá de forma independiente.
Estos ataques han elevado la tensión regional hasta el punto de que Irán sopesa retirarse del acuerdo con EEUU si continúan los bombardeos en territorio libanés, según la agencia de noticias Tasnim. En paralelo, el tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz se ha visto interrumpido tras la ofensiva israelí, pese a que dos buques habían recibido permiso para transitar con seguridad después de que Washington aceptara las condiciones planteadas por Teherán para activar la tregua.
El presidente libanés, Joseph Aoun, ha pedido «una paz regional que incluya a Líbano», mientras que Hezbolá ha asegurado que se encuentra «en el umbral de una gran victoria histórica», aunque ha instado a la población a no regresar a sus hogares ante la continuidad del conflicto.
1,2 millones de personas desplazadas
El impacto de la ofensiva ha agravado una crisis humanitaria ya crítica. Más de 1,2 millones de personas —cerca de una quinta parte de la población— han sido desplazadas, en su mayoría desde zonas del sur, el valle de la Becá y los suburbios chiíes de Beirut, donde el grupo mantiene su influencia. Miles de familias se refugian en escuelas convertidas en albergues, tiendas improvisadas o incluso en vehículos, en condiciones cada vez más precarias.
Además, más de 200.000 personas han cruzado a Siria desde el inicio de la escalada en marzo, según datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). La llegada masiva de desplazados a otras zonas del país ha incrementado las tensiones sectarias, mientras crece el temor a nuevos ataques.
Desde Israel, el objetivo declarado es debilitar las capacidades militares de Hezbolá y crear una «zona de seguridad» en la frontera norte, empujando a sus combatientes lejos del territorio israelí. Sin embargo, fuentes militares reconocen que desarmar completamente al grupo por la vía militar resulta improbable, lo que anticipa un conflicto prolongado. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha defendido la ofensiva como «el mayor golpe concentrado» contra Hezbolá y ha felicitado al Ejército por una «ejecución perfecta». Además, ha lanzado una amenaza directa contra su líder, Naim Qasem, al advertir de que «su turno también llegará».
