La forense dice que las heridas de los agentes agredidos en Alsasua eran compatibles con una paliza

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La forense dice que las heridas de los agentes agredidos en Alsasua eran compatibles con una paliza
Foto: Fernando Villar

La médico forense que examinó a los dos guardias civiles y a sus parejas tras la agresión sufrida en la localidad navarra de Alsasua, ha declarado este lunes en la sexta sesión del juicio contra los ocho presuntos agresores que las heridas eran compatibles con las patadas y puñetazos de las que dijeron haber sido víctimas en la madrugada del 15 de octubre de 2016.

En su intervención, la doctora de Pamplona – que exploró a los agentes un mes después de la agresión – ha relatado cómo las heridas de los guardias civiles respondían a golpes que recibieron, y concretamente en el caso del teniente, que sufrió las más graves, no pudieron ser fruto de un tropiezo como afirmó algún testigo de la defensa.

Al teniente, ha explicado, se le rompió el tobillo por dos sitios, lo que es muy «poco probable» que responda a un tropiezo con un bordillo, que suele causar esguinces. «Tiene que ser algo que haya impactado con ese tobillo directamente con alta energía», ha precisado.

También ha indicado que el guardia civil presentaba una herida en el labio que tampoco cabía obedecer a una caída, según su opinión como facultativa. «Cuando te caes te das en las partes sobresalientes de la cara, pero el labio no es una parte saliente, es más compatible con un puñetazo», ha puntualizado.

Sobre el sargento, la doctora ha explicado que sus contusiones eran también compatibles con patadas y puñetazos y ha destacado un hematoma «muy importante» en el muslo que, un mes después, seguía sin haber desaparecido, cuando normalmente se curan en una semana. «Cuando le vi al mes todavía continuaba con el hematoma en evolución, le recorría todo el muslo».

La novia del teniente, residente en Alsasua, que también fue explorada por la forense, padeció una tendinitis en el hombro, dolor dorsal y abdominal y hematomas en el glúteo. Pero las secuelas más importantes fueron psicológicas, ya que «comía mal, tenía pesadillas, no salía a la calle» y no podía dormir.

«Estaba llorando en mi consulta», ha relatado la doctora. «Estaba llorando sobre todo porque era de allí, conocía a la gente, habían sido sus amigos, no entendía cómo la podían haber agredido, para ella resultó emocionalmente muy fuerte».

Las lesiones de la pareja del sargento, que tenía dolores en el muslo, contractura vertebral y tuvo que llevar un collarín cuatro días, también eran compatibles, según esta la forense, con los golpes que ella dijo haber sufrido esa noche, informa EFE.