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La frecuencia ideal de ducha a partir de los 65 años para tener una piel sana, según expertos

Adaptar la rutina a las necesidades individuales y al estilo de vida es fundamental para asegurar que la piel tenga salud

La frecuencia ideal de ducha a partir de los 65 años para tener una piel sana, según expertos

Alcachofa de ducha | Canva pro

A partir de los 65 años, la piel experimenta cambios que no solo son visibles, sino también funcionales, por lo que encontrar una rutina de limpieza y cuidado adecuada se vuelve crucial para preservar el bienestar y la salud cutánea. A medida que envejecemos, la piel pierde elasticidad, se vuelve más fina y es más sensible a factores externos como la temperatura, la fricción o ciertos productos de higiene. Este desgaste natural hace que los hábitos de limpieza, aparentemente simples, puedan tener un impacto significativo en la comodidad y la apariencia de la piel.

El primer punto a considerar es la frecuencia de las duchas. Según Le Coudrier, medio francés especializado en dermatología y cuidado de la piel, y citando estudios del INSERM, ducharse cada dos días es suficiente para mantener el cuerpo limpio, a la vez que protege la barrera cutánea. Lavarse a diario, especialmente con geles o jabones perfumados y no naturales, puede disolver los lípidos protectores de la piel, provocando tirantez, enrojecimiento y picor, sobre todo en brazos y piernas. En cambio, una rutina moderada ayuda a conservar la suavidad y elasticidad de la piel, reduciendo la fatiga asociada al exceso de lavado, especialmente durante los meses más secos o fríos.

Cómo combinar la ducha con otros cuidados

No se trata solo de reducir la frecuencia de las duchas, sino de combinarlas con otros cuidados durante los días intermedios. Por ejemplo, basta con limpiar a fondo la cara, las axilas y la zona íntima, zonas donde la higiene es más crítica, mientras que el resto del cuerpo puede refrescarse con agua tibia sin necesidad de jabones. Este enfoque permite mantener la piel saludable y limpia sin comprometer su barrera natural. Además de la higiene personal directa, otros hábitos contribuyen al bienestar cutáneo:

A partir de los 65 años, la piel cambia y requiere una rutina de cuidado adaptada para mantener su salud y bienestar.
  • Lavarse las manos con regularidad para mantener la higiene y reducir bacterias.
  • Cambiar la ropa de manera frecuente para evitar la acumulación de sudor y suciedad.
  • Renovar la ropa de cama regularmente para mantener un entorno limpio y fresco.
  • Mantener las estancias del hogar bien ventiladas para reducir la proliferación de bacterias.
  • Prestar especial atención a estos hábitos en hogares con mascotas o personas activas, donde la exposición a suciedad o sudor es mayor.

Es importante subrayar que estas recomendaciones son orientativas y que la rutina debe adaptarse al estilo de vida de cada persona. Una persona que realiza actividad física intensa a diario, por ejemplo, puede necesitar ducharse más seguido, mientras que alguien con poca exposición a sudor o suciedad puede beneficiarse de un lavado menos frecuente. La clave está en equilibrar limpieza, comodidad y protección de la piel, respetando sus necesidades individuales.

En términos generales, el lavado completo diario ofrece una impresión inmediata de higiene, pero puede acelerar la sequedad y la irritación. Por el contrario, lavarse cada dos días permite un equilibrio más saludable, conservando los lípidos naturales que protegen la piel y evitando molestias como enrojecimiento o picor. La alternativa menos recomendable es un lavado semanal, que incrementa el riesgo de infecciones y olores desagradables, afectando no solo la salud cutánea, sino también la sensación de bienestar.

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