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'Sober curious': qué es y qué hay detrás de las nuevas generaciones que no beben alcohol

Hasta hace no tanto, los movimientos contra el alcohol tenían un marcado carácter religioso: ahora no

‘Sober curious’: qué es y qué hay detrás de las nuevas generaciones que no beben alcohol

Un par de chicas consumiendo bebidas sin alcohol. | ©Freepik.

En las sociedades europeas, el consumo de alcohol muestra una tendencia claramente descendente. Las estadísticas reflejan una disminución sostenida en todas las categorías de bebidas alcohólicas, desde la cerveza hasta los destilados. Aunque existen ligeros repuntes en algunos nichos, no alcanzan a compensar la bajada general. Esta transformación no solo se observa en personas de mayor edad que moderan su consumo, sino también en los más jóvenes. Entre ellos ha empezado a ganar fuerza el movimiento Sober Curious, que propone un modelo de ocio consciente y libre de alcohol. Se trata, simplemente, de disfrutar del tiempo libre sin necesidad de beber, sin que importe la graduación de la bebida.

El fenómeno responde a un cambio cultural profundo que ya no asocia la diversión exclusivamente al alcohol. Frente a la norma social que tradicionalmente ha empujado a consumir para integrarse o relajarse, este enfoque reivindica el disfrute sobrio como una opción válida. La curiosidad sobria no implica necesariamente una renuncia permanente, sino una reflexión activa sobre cuándo, cómo y por qué se bebe. Al cuestionar hábitos asumidos, se abre la puerta a otras formas de ocio más conscientes y a menudo más saludables. Esta actitud, que se aleja de extremos, conecta con una generación más preocupada por el bienestar físico y mental. Y que, además, comienza a reclamar espacios donde el no beber no sea motivo de extrañeza.

En este contexto, cada vez más jóvenes optan por limitar o suprimir su consumo de alcohol sin necesidad de adscribirse a una etiqueta radical. El concepto de sober curious funciona como paraguas para quienes eligen reducir su consumo sin renunciar a la vida social. No hay una condena moral ni un rechazo absoluto al alcohol, sino una decisión personal basada en el autoconocimiento.

A menudo, estas decisiones vienen acompañadas de otros hábitos que priorizan la salud, como el deporte, la alimentación equilibrada o la atención plena. Y, en paralelo, se están transformando también los espacios de ocio, que empiezan a incorporar alternativas sin alcohol sin que eso suponga una renuncia al disfrute.

Qué hay detrás del sober curious: cuándo y dónde surge

El movimiento Sober Curious surge a mediados de la década de 2010, con especial fuerza en entornos urbanos de Estados Unidos y Reino Unido. La expresión fue popularizada por la escritora Ruby Warrington, que en 2018 publicó el libro Sober Curious, donde cuestionaba la relación socialmente aceptada con el alcohol. Su mensaje caló sobre todo entre mujeres jóvenes, urbanitas y de clase media-alta, preocupadas por su bienestar y salud mental. No se trataba de declarar la guerra al alcohol, sino de abrir un espacio de reflexión sobre su uso. La propuesta resonó también con quienes no se sentían identificados con modelos extremos como el de la abstinencia total. Así empezó a formarse una comunidad cada vez más amplia de personas que exploran formas de ocio sin alcohol.

Paralelamente, prácticas como el Dry January, del que ya hemos hablado en THE OBJECTIVE, ganaron popularidad, reforzando esta nueva mirada sobre el consumo. Esta iniciativa, que propone dejar de beber durante el mes de enero, comenzó en Reino Unido en 2013 y ha tenido un gran seguimiento en países anglosajones. Lo que comenzó como un reto puntual se ha convertido para muchos en una puerta de entrada a una relación más consciente con el alcohol. Especialmente después del exceso navideño, enero se percibe como un mes de reajuste físico y emocional. Dejar el alcohol durante unas semanas permite comprobar sus efectos sobre el sueño, el estado de ánimo o la concentración. Aunque no todos mantienen la abstinencia más allá del mes, muchos reducen de forma sostenida su consumo a lo largo del año.

El perfil mediático del sober curious

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La particularidad del ‘sober curious’ radica en no estar vinculado a ningún tipo de abstinencia religiosa. ©Freepik.

Lo interesante del fenómeno sober curious es que va más allá de los desafíos temporales. No se plantea como penitencia ni como obligación, sino como una elección libre y flexible. Su crecimiento ha estado impulsado también por figuras públicas que han compartido sus decisiones de no beber. Artistas, músicos o creadores digitales han visibilizado esta opción, ayudando a normalizarla entre sus seguidores como Mario Casas o Dani Martín lo han promocionado públicamente. De hecho, las redes sociales han sido clave para crear comunidad y compartir recursos, consejos o lugares alcohol-free. Además, muchas marcas han aprovechado este tirón para lanzar bebidas sin alcohol, desde cervezas hasta cócteles elaborados. Así, el sober curious ha pasado de ser una rareza a convertirse en una alternativa más dentro del ocio contemporáneo.

El cambio de paradigma: abstinencia no asociada a la religión

La voluntad de reducir o eliminar el alcohol no es nueva ni necesariamente moderna. A lo largo del siglo XX, varios países europeos promovieron diferentes formas de abstinencia, a menudo vinculadas a creencias religiosas. El caso más conocido es el de los movimientos de moderación en Estados Unidos y el Reino Unido, apoyados por iglesias protestantes. Estos grupos consideraban el alcohol como una amenaza moral y social, y llegaron a influir en políticas públicas, como la famosa Ley Seca. En el norte de Europa, el consumo también ha estado históricamente regulado por razones éticas y religiosas. Incluso en los países escandinavos, donde el alcohol se vende bajo monopolio estatal, se mantiene una visión restrictiva heredada de esa tradición.

Sin embargo, el movimiento sober curious se desmarca claramente de ese enfoque puritano. No hay condena moral, ni se asocia el alcohol con el pecado o la decadencia. Tampoco se busca imponer una norma de comportamiento sobre los demás. La diferencia clave es que se trata de una decisión personal, ligada al autocuidado y al deseo de vivir con mayor consciencia. Se puede ser sober curious y, ocasionalmente, tomar una copa, sin que eso suponga una contradicción. Esta flexibilidad es precisamente una de las claves de su éxito entre las nuevas generaciones. Lejos de los dogmas, se busca una relación más libre y auténtica con el propio cuerpo y los propios hábitos.

Convertir la sobriedad en tendencia

Además, este movimiento ha encontrado eco en países sin una fuerte tradición religiosa en torno al alcohol. En ciudades como Berlín, Copenhague o Barcelona, proliferan bares y espacios donde el alcohol no es protagonista. También han aparecido eventos sociales donde se celebra sin necesidad de beber, desde conciertos hasta encuentros de yoga o meditación.

Este tipo de propuestas demuestran que el disfrute no está necesariamente ligado a la ingesta de alcohol. Lo que antes podía parecer aburrido o incluso sospechoso —no beber en una cita, en una fiesta o en una cena— ahora se percibe como una opción perfectamente válida. El sober curious ha venido a romper tabúes, y en ese proceso está transformando profundamente nuestras costumbres sociales.

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