Disruptores endocrinos: qué son, dónde se encuentran y qué efectos tienen en tu salud
Su estudio ha ganado peso porque la ciencia los relaciona con efectos adversos sobre nuestra salud

Debes saber qué son los disruptores endocrinos y cómo pueden afectarte | Freepik
Cada vez se está hablando más de los disruptores endocrinos, aunque aún, a la mayoría, no nos suenen. Se trata de sustancias químicas que son capaces de alterar el funcionamiento del sistema hormonal, imitando, bloqueando o interfiriendo con las hormonas naturales incluso a dosis muy bajas. Su estudio ha ganado peso en las últimas décadas porque se trata de compuestos presentes en la vida cotidiana y porque la evidencia científica los relaciona con efectos adversos sobre nuestra salud y el medioambiente.
Cómo actúan los disruptores endrocrinos en el organismo
El sistema endocrino regula procesos esenciales como el crecimiento, la reproducción, el metabolismo o el desarrollo neurológico. Los disruptores endocrinos pueden unirse a los mismos receptores que las hormonas naturales o alterar su producción y transporte. Uno de los aspectos que más preocupa a la comunidad científica es que no siempre existe una relación directa entre dosis y efecto, por eso aún se necesita mucha investigación al respecto.
Sin embargo, ya hay bastantes. Por ejemplo, una de las revisiones más citadas es la publicada por The Endocrine Society, que reúne décadas de estudios experimentales y epidemiológicos y concluye que existe evidencia robusta de que estos compuestos afectan a la reproducción, la función tiroidea, el metabolismo y el neurodesarrollo. En la misma línea, una revisión más reciente asocia la exposición a disruptores endocrinos con obesidad, diabetes tipo 2, alteraciones en la calidad del semen, endometriosis y cánceres hormonodependientes.
En el caso de los ftalatos, utilizados para flexibilizar plásticos, un amplio análisis científico concluye que están claramente vinculados a alteraciones reproductivas y del desarrollo, especialmente en población infantil.
Plásticos, alimentos y cosméticos
¿Y qué nos debe preocupar concretamente? Pues que estos disruptores endocrinos se pueden encontrar en plásticos, alimentos y productos cosméticos. Al respecto, compuestos como el bisfenol A (BPA), presente durante años en envases alimentarios, han demostrado tener actividad estrogénica en modelos celulares y animales, lo que ha llevado a su restricción progresiva.

También se han llevado a cabo investigaciones centradas en materiales que están en contacto con alimentos, las cuales advierten de que bisfenoles y ftalatos siguen siendo una de las principales fuentes de exposición crónica.
Y hay que tener especial cuidado en el embarazo, la infancia y la pubertad, ya que son períodos críticos. Así lo detalló artículo publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology, el cual subrayó que exposiciones tempranas pueden condicionar la salud metabólica y hormonal durante toda la vida.
¿Qué ocurre en España?
En España se han detectado plaguicidas con capacidad de disrupción endocrina en alimentos de consumo habitual. Diversos análisis de frutas y verduras comercializadas en el país han identificado decenas de sustancias activas, algunas de ellas con efectos hormonales conocidos. Además, estudios poblacionales realizados en nuestro país han detectado contaminantes persistentes con actividad endocrina en muestras humanas, lo que confirma una exposición real y acumulada.
No obstante, cabe destacar que España tiene un papel relevante en la investigación europea sobre disruptores endocrinos. El Barcelona Institute for Global Health (ISGlobal), por ejemplo, ha liderado estudios que relacionan la exposición infantil a estas sustancias con cambios moleculares asociados a rutas metabólicas y neurológicas, reforzando la evidencia en humanos.
Nuestro país aplica directamente la legislación europea. Un ejemplo reciente es la prohibición del bisfenol A en materiales en contacto con alimentos, una medida clave para reducir la exposición poblacional.
Por tanto, como vemos, los disruptores endocrinos representan un reto sanitario y regulatorio de primer orden, también en España. La evidencia científica es cada vez más consistente, y hasta ahora ha detallado que la exposición es cotidiana y las consecuencias pueden manifestarse a largo plazo. ¿Y qué podemos hacer nosotros? Pues, básicamente, confiar en las autoridades, ya que la clave está en la regulación preventiva y en políticas públicas basadas en ciencia, las cuales son capaces de anticiparse a riesgos que, aunque invisibles para nosotros, son reales. Habrá que esperar, no obstante, a que haya más investigaciones al respecto.
