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No solo otitis: cómo la laberintitis puede perjudicar a tus oídos esta temporada

Nuestra salud auditiva también se pone a prueba cuando el invierno entra en escena

No solo otitis: cómo la laberintitis puede perjudicar a tus oídos esta temporada

Un hombre con problemas de oído. | ©Freepik.

Cuando pensamos en el invierno y en el frío, solemos asociar esta estación con una mayor incidencia de infecciones y problemas de salud. Resfriados y gripes se llevan la palma en cuanto a prevalencia y molestias, convirtiéndose en las enfermedades más comunes durante estos meses. Sin embargo, conviene recordar que el frío por sí mismo no es el agente causante de estos males: son los virus los verdaderos responsables de que aparezcan. Esta misma lógica se aplica a otras zonas del organismo a las que quizá no prestamos tanta atención durante el invierno, como nuestros oídos.

Los problemas auditivos en esta época del año no suelen ocupar los titulares ni las conversaciones cotidianas. Sin embargo, afectan a más personas de las que imaginamos. Mientras nos protegemos del frío con bufandas y abrigos, muchas veces descuidamos la salud de nuestros oídos. De esta manera, los exponemos a cambios bruscos de temperatura, ambientes húmedos y una mayor circulación de agentes infecciosos. La combinación de estos factores crea el caldo de cultivo perfecto para que aparezcan afecciones que van más allá de la conocida otitis, de la que hemos hablado a menudo en THE OBJECTIVE.

Entre estas afecciones menos conocidas pero igualmente molestas se encuentra la laberintitis, una inflamación del oído interno que puede aparecer tras un simple resfriado o una infección respiratoria. Sus síntomas pueden resultar especialmente desconcertantes, ya que afectan no solo a la audición, sino también al equilibrio, dos funciones esenciales que dependen del correcto funcionamiento de nuestro sistema auditivo. Conocer esta afección resulta fundamental para identificarla a tiempo y tratarla adecuadamente.

Cómo el frío y el invierno perjudican a tus oídos

La relación entre las bajas temperaturas y los problemas auditivos es más estrecha de lo que parece. Durante el invierno, la exposición al frío provoca una vasoconstricción en los capilares del oído, reduciendo el flujo sanguíneo hacia esta zona. Esta disminución del riego sanguíneo debilita las defensas locales del sistema auditivo, haciéndolo más vulnerable a infecciones. Además, los cambios bruscos de temperatura al entrar y salir de espacios cerrados generan un estrés térmico en las estructuras del oído que puede facilitar la aparición de inflamaciones.

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En ocasiones, la laberintitis puede venir por efectos de una gripe o un resfriado sin resolver. ©Freepik.

Los virus que circulan con mayor intensidad durante los meses fríos también juegan un papel determinante. Las infecciones respiratorias superiores, como los resfriados o la gripe, pueden extenderse fácilmente hacia el oído medio a través de la trompa de Eustaquio, el conducto que conecta la nariz con el oído. Esta conexión anatómica explica por qué una simple congestión nasal puede terminar derivando en una otitis o, en casos más complejos, en una laberintitis. La mucosidad acumulada crea un ambiente propicio para que bacterias y virus se multipliquen y asciendan hacia estructuras más profundas del oído.

A estos factores hay que sumar el impacto de las celebraciones típicas de la temporada invernal. Las fiestas navideñas, las cenas de empresa y las reuniones familiares suelen desarrollarse en ambientes cerrados con niveles de ruido elevados. La música alta, las conversaciones simultáneas y, en algunas zonas, el uso de petardos y fuegos artificiales exponen nuestros oídos a un bombardeo acústico que puede dañar las delicadas células del oído interno. Esta sobreestimulación auditiva no solo puede causar fatiga auditiva temporal, sino que también aumenta el riesgo de desarrollar acúfenos, esos molestos zumbidos o pitidos que algunas personas experimentan de forma constante o intermitente.

Qué es la laberintitis

Cuando hablamos de problemas de audición o infecciones en los oídos, la otitis suele ser la primera afección que nos viene a la mente. Sin embargo, existe otra patología menos conocida pero igualmente relevante que también puede aparecer durante los meses de frío: la laberintitis. Se trata de una inflamación del laberinto, una compleja estructura del oído interno responsable tanto de la audición como del equilibrio. Esta doble función explica por qué los síntomas de la laberintitis van más allá de las molestias auditivas y afectan también a la capacidad de mantener la estabilidad corporal.

La laberintitis se produce cuando agentes infecciosos, generalmente virus y ocasionalmente bacterias, inflaman las estructuras del oído interno. En la mayoría de los casos, esta afección aparece como complicación de una infección respiratoria previa, como un resfriado o una gripe. Los virus responsables de estas infecciones pueden migrar hacia el oído interno y desencadenar la inflamación del laberinto. También puede aparecer tras una otitis media mal curada o, con menor frecuencia, debido a alergias o al consumo de ciertos medicamentos que resultan tóxicos para el oído interno. Los factores de riesgo incluyen el consumo de alcohol en grandes cantidades, el tabaquismo, el estrés, la fatiga y los antecedentes de alergias.

La doble vía de la laberintitis

Existen diferentes tipos de laberintitis según su origen y gravedad. La laberintitis serosa constituye la forma más leve y frecuente de esta afección. Aparece cuando una infección del oído medio provoca la acumulación de líquido seroso en el laberinto sin que exista una infección bacteriana directa. Este tipo suele responder bien al tratamiento conservador con antiinflamatorios y reposo.

Por su parte, la laberintitis purulenta o bacteriana resulta mucho más grave y menos común. Se desarrolla cuando bacterias invaden directamente el laberinto, generalmente como complicación de una otitis media aguda severa o de una meningitis. Este tipo requiere tratamiento urgente con antibióticos intravenosos y, en ocasiones, intervención quirúrgica para drenar el pus acumulado y prevenir daños permanentes en la audición.

Los síntomas de la laberintitis resultan especialmente característicos y molestos. El vértigo, esa sensación de que todo gira alrededor aunque se esté inmóvil, constituye el síntoma más llamativo. Puede ir además acompañado de mareos intensos, náuseas y vómitos. A nivel auditivo, puede aparecer hipoacusia en un oído, acúfenos y dificultad para mantener el equilibrio. Razón por la que hace que algunas personas tiendan a caerse hacia un lado.

En cuanto al tratamiento, la laberintitis viral suele resolverse por sí sola en el plazo de unas semanas. Los médicos pueden prescribir antihistamínicos para reducir el vértigo, medicamentos contra las náuseas y, en casos más severos, corticoides o antivirales. La fisioterapia vestibular, centrada en ejercicios de rehabilitación del equilibrio, puede resultar muy beneficiosa una vez superada la fase aguda. Aunque la mayoría de los pacientes se recupera completamente en dos o tres meses, las personas mayores pueden experimentar mareos durante un período más prolongado y, en casos excepcionales, la pérdida auditiva puede ser permanente.

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