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Más que una cuestión estética: entendiendo mejor los talones agrietados

Pensar que, necesariamente, los pies deben estar curtidos es un error dermatológico peligroso

Más que una cuestión estética: entendiendo mejor los talones agrietados

Una mujer con talones agrietados. | ©Freepik.

Los pies son esa parte del cuerpo a la que menos atención prestamos. Asumimos que deben soportar todo el peso de nuestra existencia sin quejarse. Los consideramos ese pedestal callado sobre el que transcurre nuestra vida diaria. Rara vez les dedicamos los cuidados que merecen, convencidos de que su aspecto áspero forma parte de su naturaleza. Como permanecen ocultos dentro de calcetines y zapatos la mayor parte del tiempo, tendemos a olvidarnos de ellos. Esta negligencia termina pasando factura en forma de problemas que van más allá de lo superficial.

Los talones agrietados representan uno de esos avisos que solemos ignorar. Pensamos que esas grietas son simplemente antiestéticas, un problema menor de apariencia. Nos resignamos a esconderlos durante el verano o a disimularlos con cremas hidratantes. Sin embargo, esos surcos profundos están contando una historia más compleja. Pueden ser la manifestación visible de desequilibrios internos que afectan a nuestro organismo. Lo que empieza como una cuestión cosmética acaba revelando problemas de salud que requieren atención médica.

La piel de nuestros pies merece un capítulo aparte en el manual del cuidado corporal. Es veinte veces más gruesa que la del resto del cuerpo, diseñada para resistir impactos constantes. Esta fortaleza tiene un precio: una menor capacidad para mantenerse hidratada de forma natural. La zona plantar carece de glándulas sebáceas suficientes para lubricar la superficie cutánea. Esta característica anatómica explica por qué los talones tienden a resecarse con tanta facilidad. El resultado es una piel vulnerable que se agrieta cuando pierde elasticidad y flexibilidad.

Más allá del aspecto: la relevancia de los talones agrietados

Los talones agrietados afectan aproximadamente al 33% de la población española. Estas fisuras calcáneas aparecen cuando la piel del talón pierde su capacidad elástica. El peso corporal presiona constantemente sobre esta zona al caminar o permanecer de pie. Cuando la piel se vuelve rígida y seca, acaba rompiéndose bajo esa presión continua. Las grietas pueden ser superficiales o profundas, llegando a sangrar en casos severos. Esta condición va mucho más allá de un simple problema estético.

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Dar por supuesto que los talones agrietados es una patología inherente a nuestra piel es un error. ©Freepik.

Las causas de los talones agrietados resultan múltiples y a menudo se solapan entre sí. La sequedad extrema de la piel constituye el factor desencadenante más habitual. El uso de calzado inadecuado, como chanclas o sandalias abiertas, agrava el problema notablemente. Permanecer muchas horas de pie sobre superficies duras incrementa la presión sobre los talones. Los hábitos de higiene inadecuados contribuyen a empeorar la situación cutánea. Ducharse con agua muy caliente deshidrata aún más la piel de esta zona sensible.

El tratamiento profesional de los talones agrietados requiere un enfoque integral y personalizado. Los podólogos eliminan la hiperqueratosis mediante deslaminación con instrumental clínico especializado. La hidratación intensiva con cremas que contienen urea al 20-40% resulta fundamental para recuperar elasticidad. El asesoramiento sobre calzado adecuado previene la reaparición del problema a medio plazo. La exfoliación periódica con piedra pómez o lima electrónica ayuda a mantener resultados óptimos. Estos cuidados profesionales superan con creces la eficacia de los remedios caseros improvisados.

Lo que también significa tener los talones agrietados

Los talones agrietados pueden actuar como indicadores de problemas sistémicos más profundos. El sobrepeso aumenta considerablemente la presión sobre la zona del talón al caminar. Este exceso de peso provoca que la piel se expanda lateralmente con mayor intensidad. La diabetes reduce la humedad corporal y provoca deshidratación cutánea generalizada, de la que ya hemos hablado antes en THE OBJECTIVE. Los problemas circulatorios disminuyen el riego sanguíneo hacia las extremidades inferiores. Estas condiciones médicas hacen que los pacientes sean mucho más propensos a desarrollar fisuras.

El hipotiroidismo representa otra causa frecuente aunque menos conocida de talones agrietados. Esta disfunción de la glándula tiroides ralentiza el metabolismo corporal general. La renovación celular de la piel se vuelve más lenta de lo normal. El resultado es una epidermis más seca, áspera y vulnerable a las grietas. Las enfermedades cutáneas como la psoriasis o la dermatitis atópica también favorecen su aparición. El síndrome de Sjögren, que afecta a las glándulas exocrinas, provoca sequedad extrema.

La deshidratación corporal global juega un papel crucial en la salud de nuestros pies. Una ingesta insuficiente de líquidos afecta directamente a la hidratación cutánea periférica. La alimentación pobre en nutrientes esenciales y agua compromete la elasticidad de la piel. Los talones actúan como barómetro visible de nuestro estado de hidratación interno. Observarlos con atención nos permite detectar carencias nutricionales antes de que aparezcan síntomas más graves. Por eso, esas grietas merecen una visita al podólogo antes que una simple aplicación de crema hidratante.

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