Mario Alonso Puig (71), médico, sobre decir adiós: «Cuando no soltamos acumulamos toxicidad»
Dejar atrás es una experiencia incómoda y hasta dolorosa, pero necesaria para avanzar hacia nuevas etapas

Mario Alonso Puig | Instagram
Decir adiós no es sencillo, pero encierra uno de los aprendizajes más profundos de la experiencia humana. Así lo defiende el médico y conferenciante Mario Alonso Puig, que a menudo utiliza esta comparación para entender algo que parece tan sencillo, pero que es esencial para el aprendizaje vital; desde su punto de vista, el cuerpo nos ofrece una pista clara sobre lo que significa soltar, aunque la mente se resista a aprender la lección. Y es que, biológicamente, dejar ir es lo más fácil. Inspirar requiere un esfuerzo consciente, el diafragma desciende, los músculos intercostales se activan y el cuerpo trabaja para que el aire entre en los pulmones. Espirar, en cambio, sucede de forma natural, basta con permitir que el aire salga. No hay tensión ni control, solo una entrega casi automática. Mario Alonso Puig utiliza este ejemplo para subrayar una paradoja esencial, aquello que el cuerpo hace sin dificultad es justo lo que más nos cuesta en el plano psicológico. Mientras el organismo entiende el ritmo natural de entrar y salir, la mente se aferra, retiene y lucha por conservar lo que ya no encaja.
Por qué psicológicamente cuesta tanto dejar ir
Desde la psicología, esta dificultad tiene una explicación clara. El cerebro está diseñado para priorizar la seguridad y lo conocido. Aunque una situación sea dolorosa, familiar o limitante, suele percibirse como menos amenazante que lo desconocido. Por eso, nos quedamos en relaciones que ya no funcionan o trabajos que ya no motivan más tiempo del necesario. Mario Alonso Puig insiste en que esta resistencia no es una debilidad, sino una respuesta humana. El problema aparece cuando ese apego nos impide evolucionar. Estudios en neurociencia, publicados en revistas como Social Cognitive and Affective Neuroscience, muestran que ante una pérdida el cerebro activa circuitos vinculados al miedo y a la amenaza, lo que ayuda a entender por qué cerrar ciclos suele ir acompañado de ansiedad, tristeza o incluso culpa.

Soltar para crear espacio
A pesar del miedo, dejar ir tiene un efecto transformador. Cuando se suelta, se crea espacio. Espacio mental, emocional y vital para que algo nuevo pueda entrar. No se trata de borrar el pasado, sino de reconocer que lo que fue útil ayer puede no serlo hoy. Esta idea conecta con la psicología humanista y la psicología positiva, corrientes que señalan la capacidad de adaptación como una de las claves del bienestar, una idea que ya adelantó Charles Darwin al afirmar que no sobrevive el más fuerte, sino quien mejor se adapta al cambio. Y Puig lo resume con claridad, «solo cuando dejamos de vivir desde quien fuimos, podemos alinearnos con quien somos ahora». Mantener abiertas puertas que ya cumplieron su función impide que aparezcan nuevas oportunidades.
En una cultura que glorifica la resistencia sin matices, decir adiós suele interpretarse como rendición. Sin embargo, cada vez más expertos coinciden en que saber cerrar etapas es una forma de fortaleza emocional. Decir basta, poner límites o aceptar un final requiere más coraje que permanecer por inercia. Para Puig, cerrar una puerta no es perder, es liberarse. Igual que el cuerpo se relaja al espirar, la mente se aligera cuando deja de sostener lo que pesa. Esa liberación no siempre es inmediata, pero abre la posibilidad de un equilibrio más auténtico.
El adiós como principio y no como fracaso
Decir adiós no es solo un final, es un punto de transición. Un momento incómodo que marca el paso hacia algo diferente. La psicología de hoy subraya que aceptar los finales es esencial para construir una identidad flexible y coherente con el presente. La respiración vuelve a servir como metáfora. Tras cada espiración llega una nueva inspiración. El cuerpo confía en ese ciclo sin cuestionarlo. Aprender a trasladar esa confianza al ámbito emocional es uno de los grandes aprendizajes de la vida adulta.
