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Más allá del suspiro: así beneficia una respiración profunda a tu salud pulmonar

Más allá de parecer un gesto trivial, sus bondades pueden sorprender más de lo que parecen

Más allá del suspiro: así beneficia una respiración profunda a tu salud pulmonar

Un hombre respirando profundamente. | ©Freepik.

Puede que no lo pienses demasiado, pero tus pulmones están ahí, funcionando sin pedirte permiso. Sin embargo, basta con un día de congestión, una respiración entrecortada, para que empieces a preguntarte qué está pasando. En ese instante, cuando sientes que te falta el aire, tomas conciencia de algo que ha estado ocurriendo en silencio: tu cuerpo está luchando por una función que dabas por sentada.

Y es que, en el día a día, rara vez prestamos atención a cómo respiramos. Respiramos mal, rápido, superficialmente. Nos dejamos llevar por la prisa o el estrés sin reparar en que la forma en la que inhalamos y exhalamos afecta directamente a nuestra salud. Así como cuidamos lo que comemos o cuánto dormimos, deberíamos aprender a cuidar también cómo respiramos. Algo más importante de lo que parece y de lo que ya hemos hablado previamente en THE OBJECTIVE.

De hecho, un reciente estudio científico ha demostrado que respirar profundamente —sí, ese suspiro que a veces dejas escapar sin pensar— tiene efectos directos y medibles sobre la salud de tus pulmones. No se trata solo de relajarse. Se trata de transformar, a través de la respiración profunda, la manera en que tus pulmones funcionan. Y, al mismo tiempo, se protegen frente al deterioro y la enfermedad.

Entendiendo mejor a nuestros pulmones

Tus pulmones no son solo dos grandes bolsas de aire. Están formados por un entramado complejo de tejidos, bronquios, bronquiolos y millones de alvéolos. Son estos últimos —estructuras diminutas con forma de racimo de uvas— los que permiten el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono con la sangre. Cada vez que respiras, estos alvéolos se expanden y se contraen, como un resorte, gracias a una fina capa de fluido que los recubre.

Este fluido, conocido como surfactante pulmonar, reduce la tensión superficial y evita que los alvéolos colapsen al exhalar. Los bronquios, por su parte, actúan como carreteras por las que circula el aire. Todo este sistema debe estar perfectamente coordinado para que puedas respirar sin esfuerzo. Cuando alguna parte se inflama, se obstruye o pierde elasticidad, la sensación de fatiga o dificultad para respirar no tarda en aparecer.

Y lo cierto es que hay muchos factores cotidianos que pueden perjudicar esta delicada maquinaria: la contaminación, el tabaco, infecciones virales, incluso el estrés prolongado. Patologías como la EPOC, el asma o las alergias respiratorias alteran esta función básica, a menudo sin que seamos plenamente conscientes hasta que los síntomas son más que evidentes. Entender cómo funciona este sistema es clave para protegerlo mejor. Y, a veces, va a depender de pequeños detalles más nimios de lo que parecen.

Los beneficios de la respiración profunda

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La clave, según el estudio, estaría en cómo trabajar sobre la estructura del surfactante pulmonar. ©Freepik.

Un equipo internacional liderado por el profesor Jan Vermant, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zurich), ha conseguido demostrar que respirar profundamente, y en concreto suspirar, activa un mecanismo de autorregulación en el sistema respiratorio que contribuye a mantener los pulmones en condiciones óptimas . Sus hallazgos han sido publicados en la revista Science Advances. En ellos apuntan a que el suspiro no es solo un gesto emocional, sino un resorte fisiológico fundamental.

El estudio revela que cuando tomamos respiraciones profundas —es decir, cuando expandimos y comprimimos los pulmones más allá de la respiración normal— se reorganiza la estructura del surfactante pulmonar. Esta reorganización enriquece la capa superficial con lípidos saturados, creando una película más resistente. De esta manera, se reduce el esfuerzo necesario para respirar y evita el colapso de los alvéolos.

Además, los investigadores comprobaron que este reinicio estructural no se mantiene de forma indefinida: al cabo de unos 30 a 45 minutos sin suspiros o respiraciones profundas, la eficacia del surfactante disminuye. Por eso, suspirar o respirar profundamente cada cierto tiempo no solo alivia tensiones emocionales, sino que también restablece el equilibrio mecánico de los pulmones. Esta práctica mejora la compliance, o lo que es lo mismo, la capacidad del pulmón para expandirse sin resistencia.

En palabras de la investigadora Maria Novaes-Silva, primera autora del estudio, «la respiración profunda no solo modifica la tensión superficial, sino que altera la microestructura del líquido pulmonar, mejorando su respuesta mecánica» . Esto significa que, más allá de cualquier sensación subjetiva, un simple suspiro tiene un efecto real, cuantificable y beneficioso sobre nuestra salud respiratoria. Todo un pequeño tesoro al alcance de un par de gestos.

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