Mario Alonso Puig, médico: «Cuando una persona está fatigada, recomiendo muchísimo un paseo por la naturaleza para tranquilizar la mente»
Caminar sin distracciones, puede parecer un gesto simple, pero es una de las formas más eficaces de recuperar la calma

Pasear por la naturaleza | Canva pro
Mario Alonso Puig, médico y divulgador especializado en neurociencia y desarrollo personal, defiende desde hace años una idea que hoy cobra especial relevancia en un contexto de fatiga emocional generalizada, la naturaleza no es solo un entorno agradable, es una fuente directa de equilibrio mental. «Cuando una persona está fatigada, recomiendo muchísimo un paseo por la naturaleza para tranquilizar la mente», afirma el especialista, subrayando que no se trata de una actividad anecdótica, sino de una auténtica herramienta de regulación interior.
Para Mario Alonso Puig, el problema no es la falta de acceso a la naturaleza, sino la pérdida de sensibilidad para conectar con ella. «La naturaleza habla, pero hemos perdido la sensibilidad para captar la frecuencia», sostiene. El ritmo acelerado de la vida moderna, la hiperconectividad digital y la presión constante por producir han generado una desconexión profunda con los ritmos naturales, tanto externos como internos.
Esa desconexión se manifiesta especialmente en estados de tensión, cansancio mental o bloqueo emocional. Cuando la mente está saturada, explica el médico, se vuelve incapaz de escuchar aquello que no grita. La naturaleza, en cambio, se expresa en un lenguaje sutil, que solo puede percibirse cuando el ruido interno disminuye.
Cómo un simple paseo puede devolver el equilibrio a la mente
El matiz es clave en el mensaje de Mario Alonso Puig. «Yo recomiendo muchísimo darse un paseo por la naturaleza, pero no para pensar, sino para aquietar la mente», explica. No se trata de utilizar el entorno natural como un espacio más donde seguir dando vueltas a los problemas, sino de permitir que el pensamiento se detenga. Según el médico, cuando salimos a la naturaleza con la intención de resolver algo, seguimos atrapados en la misma dinámica mental que nos genera fatiga. El verdadero impacto aparece cuando dejamos de exigir respuestas y simplemente estamos presentes. «No para darle vueltas al pensamiento, sino para escuchar mensajes que vienen de lo profundo», añade.
Esta visión coincide con numerosas investigaciones científicas. Estudios en neurociencia y psicología ambiental han demostrado que el contacto con espacios naturales reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y favorece un estado de calma mental. Además, revisiones sistemáticas de estudios publicadas en la National Library of Medicine han encontrado de forma consistente que la exposición a entornos naturales está asociada con menores marcadores fisiológicos de estrés, incluyendo medidas como la cortisol salival y otros indicadores neurofisiológicos. También investigadores de la Universidad de Stanford han comprobado que caminar por entornos naturales disminuye la rumiación mental, uno de los factores clave en la ansiedad y la depresión.
«Es impresionante el impacto de la naturaleza»
«Es impresionante el impacto de la naturaleza», afirma el médico, y no solo a nivel emocional. La Organización Mundial de la Salud ha señalado en varios informes que el acceso a zonas verdes mejora la calidad de vida, el descanso y el bienestar general. Vivir o pasar tiempo en entornos naturales se asocia con una mejor salud mental y una mayor sensación de equilibrio. Para Puig, este impacto no es casual, responde a una conexión profunda entre el ser humano y su entorno natural, una conexión que se debilita cuando la vida se desarrolla casi exclusivamente entre pantallas, ruido y urgencias artificiales.
Cuidar la naturaleza empieza por quererla
El mensaje final de Mario Alonso Puig va más allá del bienestar individual. «Por eso tenemos que cuidarla, y sobre todo quererla, porque tú la vas a cuidar si tú la quieres», afirma. La experiencia personal de calma y claridad que ofrece la naturaleza puede ser el primer paso hacia una conciencia ecológica más sólida. Y es que en un momento marcado por el agotamiento emocional y la crisis climática, recuperar el vínculo con la naturaleza se convierte también en un acto de responsabilidad colectiva. No solo porque nos beneficia, sino porque solo aquello que sentimos cercano y valioso somos capaces de protegerlo.
