David Callejo, médico, alerta sobre el moho en la fruta, aunque lo quites: «Ten cuidado, te puede enfermar gravemente»
Su advertencia va más allá de un simple consejo doméstico y se presenta como una guía de seguridad alimentaria

Fresas con moho | Canva pro
David Callejo, médico especialista en salud pública, lanza una advertencia contundente sobre un peligro invisible que muchos subestiman: el moho en la fruta. Aunque la superficie parezca fácilmente removible, la realidad es más compleja y peligrosa. «Imagina que el moho es la flor de una planta. Lo que vemos en la superficie es solo la flor, pero dentro de la fruta están las raíces, y esas raíces pueden haberse extendido mucho más allá de lo que apreciamos a simple vista», explica Callejo, subrayando que este fenómeno es especialmente frecuente en frutas de pulpa blanda como las fresas.
¿Cuál es el problema de que haya moho en la fruta?
El problema del moho no es simplemente estético o de rechazo visual, sino que sus raíces producen micotoxinas, compuestos químicos extremadamente tóxicos para el organismo. «Estas sustancias no solo provocan molestias gastrointestinales inmediatas como dolor de estómago, náuseas o diarrea, sino que su consumo repetido puede generar daños más graves en órganos como el hígado o los riñones, e incluso aumentar el riesgo de cáncer», alerta el especialista.
Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su hoja informativa sobre micotoxinas, explica que las toxinas producidas por moho en alimentos pueden penetrar profundamente en los alimentos y permanecer incluso después del almacenamiento y procesamiento, y requieren ser reducidas al mínimo por su grave toxidad estableciendo límites máximos en alimentos precisamente por sus efectos adversos sobre la salud humana.
Cómo diferenciar qué alimentos desechar
Callejo enfatiza que no todos los alimentos afectados por moho se pueden salvar. La regla general se basa en la textura del producto y la extensión visible del hongo. En frutas y verduras de pulpa blanda, como fresas, melocotones, tomates, pepinos o lechugas, la recomendación es tajante: el alimento debe desecharse de inmediato. La estructura de estos productos permite que las raíces del moho se propaguen rápidamente, de manera casi invisible, contaminando incluso partes que parecen intactas. Intentar cortar la zona afectada no garantiza seguridad y, según Callejo, es un riesgo innecesario.

En contraste, en frutas y verduras de pulpa firme como zanahorias, nabos o calabazas, existe la posibilidad de «salvar» la pieza si se sigue un procedimiento muy concreto. Primero, se debe cortar al menos de dos a tres centímetros alrededor de la zona afectada, asegurándose de que el cuchillo no toque el moho. Después, el alimento cortado debe lavarse y consumirse inmediatamente. Este método permite reducir significativamente el riesgo de ingestión de micotoxinas, pero incluso en estos casos la precaución es clave, porque los hongos pueden haber penetrado más de lo que se aprecia externamente.
La regla de oro: ante la duda, desechar
El mensaje del médico es inequívoco. «Son pocos los alimentos que realmente se pueden sanear y, ante la duda, lo más seguro es desechar el producto». Tomar conciencia de este riesgo es fundamental, ya que la exposición repetida a micotoxinas actúa de forma silenciosa y puede pasar desapercibida durante años, hasta que los efectos sobre la salud se manifiestan de manera grave. El moho no es un problema menor ni anecdótico, sino un riesgo real cuando los alimentos no se manipulan correctamente.
Este peligro no distingue edad ni estado de salud. Los niños, las personas mayores y quienes tienen el sistema inmunitario debilitado son especialmente vulnerables a los efectos inmediatos, como los trastornos gastrointestinales, pero también a consecuencias más serias y duraderas. La ingesta continuada de micotoxinas, incluso en pequeñas cantidades, puede provocar daños acumulativos en órganos vitales como el hígado o los riñones, con efectos que en muchos casos son difíciles de revertir.
Prevención y manejo seguro de alimentos
Una parte fundamental para reducir el riesgo asociado al moho en los alimentos está en la prevención y en el manejo cotidiano de frutas y verduras. David Callejo insiste en que pequeños gestos en casa pueden marcar la diferencia, aunque recuerda que ninguna medida elimina el peligro por completo cuando el hongo ya ha aparecido.
- Almacenar correctamente las frutas y verduras, evitando acumulaciones de humedad en la nevera, ya que el ambiente húmedo favorece la proliferación del moho.
- Consumir los alimentos frescos dentro de los plazos adecuados y no prolongar innecesariamente su conservación, especialmente en el caso de frutas de pulpa blanda.
- Revisar cada pieza antes de consumirla, incluso aunque exteriormente parezca en buen estado, porque el moho puede haberse desarrollado en zonas no visibles.
- Lavar los productos antes de su consumo y mantenerlos en envases ventilados, una medida que ayuda a retrasar la aparición del moho, aunque no garantiza su eliminación total.
El moho puede parecer inofensivo, pero sus raíces y micotoxinas tienen la capacidad de provocar enfermedades graves, y en este caso la prudencia sigue siendo la mejor forma de protección.
