Embarazo después de los 36: la sincera opinión de dos expertas tras el caso de Lucía Pombo
La gestación tardía de la influencer y su endometriosis pone rostro a una realidad cada vez más común

Dos expertas analizan los embarazos pasados los 36 años, como el de Lucía Pombo | Gtres
Lucía Pombo, de 36 años, ha confirmado que está esperando su primer hijo junto a su marido, Álvaro López Huerta. La influencer se encuentra actualmente en la semana 16 y media de gestación, es decir, algo más de cuatro meses de embarazo.
La piloto ha hablado en numerosas ocasiones, con sinceridad, sobre el duro camino que ha tenido que recorrer para quedarse embarazada, que no fue tan sencillo como ella imaginaba. Lucía Pombo ha aclarado, no obstante, que «no ha sido reproducción asistida», una opción que no descartaba.
En su caso, la clave estuvo en acudir a una clínica especializada donde le propusieron opciones menos invasivas primero, centradas en un seguimiento médico continuo de su ovulación, algo que no estaba funcionando únicamente con métodos en casa y que, finalmente, fue determinante para lograr la gestación.
Además, Lucía Pombo ha compartido que parte de la dificultad para concebir estaba relacionada con su diagnóstico de endometriosis desde 2019, una condición que complica la fertilidad y que ha condicionado su búsqueda de maternidad durante varios años. Su testimonio ha sido de ayuda para muchas mujeres que se enfrentan procesos parecidos. Para conocer más sobre el tema, en THE OBJECTIVE hablamos con la ginecóloga Bárbara Fernández del Bas y con la matrona Abigail Nuñez de Arenas Barza
Matrona, de Bmum.
Embarazo a partir de los 36: cifras clave, riesgos reales y el papel de la endometriosis
Bárbara Fernándezdez del Bas recuerda que el caso de Lucía Pombo no es extraño, ya que «en España la maternidad tardía es una realidad demográfica consolidada». De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística, en 2024 la edad media a la maternidad fue de 32,6 años, alcanzando los 33,2 años en mujeres españolas, y el 10,4% de los nacimientos correspondieron a madres de 40 años o más. «Este patrón sitúa a España entre los países europeos con mayor retraso en la edad del primer hijo», afirma la ginecóloga.
«Desde el punto de vista clínico, se considera edad materna avanzada (EMA) a partir de los 35 años, y muy avanzada a partir de los 40 años, aunque el riesgo aumenta de forma progresiva y no existe un punto de corte biológico brusco. A partir de los 32 años comienza un descenso gradual de la fecundidad, que se acelera de forma más marcada alrededor de los 37 años, debido fundamentalmente a la disminución de la cantidad y la calidad ovocitaria», añade.
Y en términos de fertilidad, «la probabilidad de embarazo por ciclo en mujeres con fertilidad media desciende aproximadamente del 20–2 % en la década de los 20 a alrededor del 10% a los 40 años, y es inferior al 5% a partir de los 43–44 años». Además, en relación con las complicaciones obstétricas, la evidencia indica que la edad materna avanzada se asocia con mayor riesgo de desarrollar a diabetes gestacional, enfermedad hipertensiva del embarazo y hemorragia obstétrica. Los datos confirman que la prevalencia de diabetes gestacional y de hipertensión crónica aumenta de forma significativa a partir de los 35–40 años. Y desde el punto de vista fetal y neonatal, la edad materna avanzada se asocia a una mayor frecuencia de prematuridad, bajo peso al nacer, restricción del crecimiento intrauterino e ingreso en unidades de cuidados intensivos neonatales».
«La combinación de endometriosis y retraso en la maternidad es especialmente relevante»
Un elemento clave para entender la infertilidad femenina, y que Lucía Pombo ha puesto en el centro del debate, es la endometriosis. Se estima que afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad reproductiva y hasta al 30–50% de las mujeres con infertilidad. «La combinación de endometriosis y retraso en la maternidad es especialmente relevante: la disminución fisiológica de la reserva ovárica asociada a la edad se suma al impacto propio de la enfermedad, reduciendo de forma significativa las probabilidades de embarazo espontáneo y, en algunos casos, también las tasas de éxito reproductivo», apunta Fernandez del Bas.
Pese a todo ello, «es fundamental subrayar que la mayoría de las mujeres de edad materna avanzada tienen embarazos con buen desenlace, especialmente en contextos con seguimiento prenatal adecuado. La edad no determina por sí sola el pronóstico; influyen de manera decisiva la salud previa, la presencia de patologías como la endometriosis, el diagnóstico precoz y la calidad de la atención obstétrica. El enfoque clínico actual no es desaconsejar la maternidad a determinadas edades, sino anticipar riesgos, individualizar el seguimiento y tomar decisiones compartidas».
«Un embarazo a partir de los 35 puede transcurrir con total normalidad»
Este optimismo también lo comparte la matrona de Bmum Abigail Nuñez de Arenas Barza: «Es cierto que, desde el punto de vista médico, a partir de los 35 se presta especial atención a algunos aspectos del embarazo. No porque la edad, por sí sola, convierta ese embarazo en un problema, sino porque en algunos casos aumenta la probabilidad de determinadas complicaciones, como la diabetes gestacional o los trastornos hipertensivos del embarazo. Eso no significa que vayan a aparecer, sino que conviene mirar con más cuidado y acompañar mejor».
«La buena noticia, y esta es importante, es que un embarazo a partir de los 35 puede transcurrir con total normalidad. Y de hecho, así ocurre en muchísimas mujeres. Con un seguimiento adecuado, una vida activa y saludable, controles orientados a la prevención y la detección precoz, la mayoría de estos embarazos evolucionan de forma favorable y culminan en partos normales. Como matrona, lo veo cada día: mujeres que llegan a su primer embarazo con más conciencia corporal, mayor capacidad de autocuidado y una implicación muy activa en su proceso. A menudo, son mujeres que se escuchan, que preguntan, que entienden la importancia del descanso, del movimiento adaptado, de la alimentación y del cuidado emocional. Todo eso también suma salud», añade la matrona.
El embarazo, en cualquier edad, «es una etapa de adaptación profunda. El cuerpo cambia, la identidad se transforma y aparecen dudas, miedos e inseguridades. En mujeres que inician la maternidad más tarde, a veces se añade la presión externa o el mensaje implícito de que ‘llegan tarde’. Nada más lejos de la realidad. Cada maternidad tiene su tiempo, y ese tiempo no se mide solo en años. Eso sí, acompañar bien implica individualizar. Por eso, en estos embarazos se realizan algunas pruebas de cribado específicas y un seguimiento algo más estrecho, siempre adaptado a cada mujer. No para alarmar, sino para ofrecer seguridad y tomar decisiones informadas cuando es necesario».
Por tanto, en embarazos pasados los 35, como en el caso de Lucía Pombo, hemos de hablar «sin miedo y sin juicios, porque cuando una mujer se siente escuchada y acompañada, el embarazo deja de ser una cifra y se convierte en lo que realmente es: un proceso vital, único y profundamente humano».
