Ana Velasco: «Los políticos nos tratan como si fuéramos idiotas y es probable que sea justo»
La escritora reflexiona sobre la moda y su significado en este nuevo capítulo de ‘El purgatorio’
Historiadora del arte, periodista, investigadora y una de las voces más lúcidas en la divulgación de la moda en España, Ana Velasco (Valladolid, 1991) lleva años demostrando que la ropa nunca es solo ropa. Desde una mirada crítica, analiza la moda como un reflejo social, político y cultural, acercando al gran público debates que conectan pasado y presente. En este episodio de El purgatorio expone su visión sobre identidad, poder y todo lo que la moda cuenta, incluso cuando parece que guarda silencio.
PREGUNTA.- Ana Velasco, bienvenida a El purgatorio. ¿Cómo estás?
RESPUESTA.- Muchas gracias por invitarme y muy bien, muy contenta de estar aquí contigo.
P.- El placer es mío de tenerte porque no hay persona más culta en este país que tú. Ya empezamos tirando flores. La primera pregunta es: si se abriese una máquina del tiempo y saliesen personas de hace 100 años y nos vieran nuestra forma de vestir a día de hoy, ¿qué pensarían?
R.- Si fuera de hace 100 años, no se sorprenderían tanto. Porque claro, justo después de la Primera Guerra Mundial estaríamos en los años 20, y en los años 20 la gente ya era muy moderna. Tú piensa que pasaban de repente muchísimas cosas que se habían transformado. No quiero decir que las mujeres llevasen pantalones —había algunas, pero era una cosa minoritaria— y por supuesto no quiero decir que tuvieran la misma igualdad social que hoy, pero 1926 era un mundo muy diferente al de 1916. Si nos fuésemos a la época de justo la Primera Guerra Mundial o del Titanic, donde todos tenemos en la mente a las señoras estas con los sombrerazos y con los corsés y con las faldas largas; ese mundo sí que sería completamente distinto. Pero realmente nosotros estamos muy anclados en el mundo de los años 20, de los años 30. Tú piensa que ahora que estamos en todas estas cosas de los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, del suicidio de Hitler, de los aniversarios que va a haber de la Guerra Civil… al final vivimos muy pegaditos a lo que pasó entre 1920 y 1930.
P.- Te lo digo porque me causa curiosidad que viviendo en la época actual, la más transparente, más liberal, y saliendo a la calle y viendo a todo el mundo más o menos igual… partimos de la base de que la moda tiende a ser un poco el reflejo del alma o de la personalidad. Por eso te preguntaba, quizás ahora si viniese alguien de hace 100 años, ¿podría pensar que somos todos una fábrica de la misma persona?
R.- Sí, hay una cosa en la que tienes razón: la moda al final está muy vinculada a representar la identidad social. Al final tenemos que pensar que, en realidad, todos vestimos de acuerdo a una oferta prefabricada que se basa realmente en muy pocas cosas, muy pocas prendas, muy pocas ideas, muy pocos conceptos. La gente que viajase en el tiempo este siglo, o estos 90 años o una cosa así, pues pensaría realmente que está ante una sociedad de masas, que ya era una preocupación a principios de siglo XX. Tú acuérdate de todas estas cuestiones de Ortega y Gasset que ya se preocupaba por el hombre masa, o todo lo que vamos a ver en los años 20 y en los años 30 con el desarrollo de los totalitarismos. Nosotros vivimos en una democracia y somos personas muy libres, y nuestra forma de vestir es completamente libre; ya no hay nada de lo que había en la antigüedad, que eran estas normas suntuarias o normas que decían: «No, es que como no eres hijo de nobles pues no puedes vestir de color morado o de color rojo». A nosotros eso nos chocaría mucho. Pero claro, la gente que viajase del pasado y nos viese hoy pensaría: «¿Pero si son todos iguales?». Claro, somos ciudadanos de una democracia y de un mismo partido.
P.- ¿Y por qué hemos terminado cediendo a esto? Cuando había tanto gusto… o pensamos que había tanto gusto.
R.- Hombre, tú ves la época antigua, antigua quiero decir de cualquier momento hasta el siglo XIX o incluso incluyendo el siglo XIX, y te das cuenta de que no es que hubiera más variedad, pero el mundo de las élites era espectacular. Ibas a Versalles y decías: «Nadie vive en una casa así». Hemos perdido muchas cosas, hemos perdido toda esa sofisticación, todos esos ejércitos de criados… pero esto es como la gente que dice: «¿Quién serías tú en el antiguo Egipto?». Y dicen: «Un faraón». Bueno, las posibilidades de que fueras faraón son bajas. Claro, entonces es mejor que hayamos perdido quizás muchas cosas y que estemos todos ahora muy igualados y que todo el mundo lleve al final vaqueros y una camiseta o vaqueros y una camisa (el uniforme estándar), porque en general toda la sociedad lo tiene más fácil y mejor.
P.- Claro, porque esto se podría tratar quizás como un retroceso.
R.- Es que aquí hay un término que históricamente —no solamente relacionado con la moda, sino en general— es muy problemático: el progreso y la noción también de ir hacia adelante o hacia atrás en la historia. La historia es la que es. Claro, nosotros podemos pensar que la forma de vida antigua es fascinante, y en ese sentido nosotros tenemos unas vidas muy tristes, muy grises, muy anodinas, que no cuentan nada. Tú te pones a pensar en cualquier persona que famosa de la historia, como Lope de Vega, Cervantes… y tuvieron unas vidas en las que les pasaba de todo: fueron soldados, presos… Nosotros tenemos hoy todos una vida muy plana y en ese sentido uno no deja de pensar: «hemos perdido la aventura, hemos perdido el lujo…». Pero al final las tiendas de ropa, bueno son un poco como tiendas de lujo; compramos cosas producidas en serie en una tienda de lujo. Claro, el mundo de ayer ha pasado y nos ha barrido, pero hemos ganado más que hemos perdido.
P.- Después de esta pequeña introducción al mundo de la moda y la historia, vamos a presentarte a ti, que yo creo que es lo mejor. Escritora de dos libros (La moda española de 1898 a 1930 e Historiones de la moda que acaba de salir y está arrasando en todos lados), colaboradora en COPE y en otros muchos sitios, profesora también de universidad. ¿Por qué la moda? ¿Por qué la historia?
R.- Pues es que esta pregunta es la que me hace toda la gente, la de «¿Por qué la moda?». Pues porque es interesante, ¿no? A la gente le sorprende mucho porque la moda está muy infravalorada. Si te das cuenta, casi todos los medios de comunicación, si sacan algo de moda es porque hay una alfombra roja o porque llegan las rebajas o porque pasa algo que alguien saca una prenda de desfile o algo así. Pero nunca se habla de que realmente todos nos vestimos. Y los medios de comunicación le dedican muy poco espacio salvo en la prensa femenina, normalmente. Y si te das cuenta, la prensa femenina tiene esa idea de frívolo, de «bueno esto es superfluo», de «te sacan bolsos de 20.000 euros que nadie puede permitirse». No, pero la moda es muy importante. Tú y yo estamos aquí vestidos y sabemos cosas del otro por cómo vamos vestidos. Tenemos una idea de las personas por cómo se visten.
P.- Sí, que hay un factor psicológico detrás muy…
R.- Por eso sostengo que la moda es muy interesante. A mí me parecía que era muy importante y muy interesante y que había un campo por desarrollar, que estaba muy poco tratado y pensé: «Pues quizá pueda tratarlo yo».
P.- Pero primero periodista antes que historiadora, si no me equivoco.
R.- Estudié periodismo e historia del arte juntos, y luego estudié historia y al final a mí me parece que es lo mismo. Yo me siento muy periodista todo el tiempo y me siento también historiadora todo el tiempo.
P.- Entiendo que hayas elegido también un poquito más la historia que el periodismo en estos tiempos, pero…
R.- Pero es lo mismo, es contar historias. Es cierto que el periodismo está muy vinculado a la actualidad y la historia está vinculada al ayer. Pero yo en realidad lo veo como… yo siempre quise ser escritora y me parecía que esas dos profesiones consistían en contar lo que pasa en el mundo hoy y contar lo que pasa en el mundo ayer. Yo lo veía como un camino natural.
P.- Y hablando de historia, últimamente vemos un fenómeno que podemos lógicamente aplicar a tiempos pasados, muy curioso. Y es sobre todo el líder mundial que se quita la corbata, se remanga la chaqueta, incluso se queda en camisa directamente. ¿Esto es realmente una democratización del poder o un populismo más de…?
R.- Es un populismo clarísimo. Es esta idea de vestirse de pobre… Los políticos nos tratan como si fuéramos idiotas y es probable que sea justo, porque nosotros también nos comportamos como si lo fuéramos. Pero también es verdad que hay una crítica, yo creo que de fondo, y hay un miedo muy grande con el tema de la moda y con el tema de la apariencia física, que es a ser juzgado. Entonces nosotros tenemos a veces la idea de que alguien no puede tener una mentalidad o tener una ideología si va cuidado o si le preocupa mucho su aspecto físico, porque lo vemos como una cosa vanidosa y frívola. Y claro, esta idea de que la estética es mala es absurda, porque a todos nos gusta, no en el sentido de la moda, pero a todos nos gusta llegar a casa y que sea un sitio bonito, que esté limpio,. ¿Por qué nosotros no tratamos con respeto nuestro cuerpo?
«Todos vestimos de acuerdo a una oferta prefabricada que se basa realmente en muy pocas prendas, muy pocas ideas, muy pocos conceptos»
P.- Sí, pero hablando de la ideología de la vestimenta, hombre, quizás antiguamente era más clara. La persona obrera pues llevaba lógicamente el mono y el burgués pues con levita. Era lo que había. Hoy un millonario de Silicon Valley, por ejemplo, Mark Zuckerberg, te va en unos joggers, un pantalón de chándal, unas zapatillas de 50 euros…
R.- Claro, y fíjate, además es lo que tú dices de la indumentaria de los burgueses. Fíjate hasta qué punto es algo que señala la ideología y la adscripción a un pensamiento que tienes el sombrero de copa, que es literalmente «soy más alto, voy por encima, sobresalgo». Eso nosotros lo hemos perdido en buena medida. Y hay muchas cosas también que tienen que ver con la comunicación política. En la comunicación política la imagen es muy importante. Si te das cuenta, todos los políticos, prácticamente todos, son atractivos. Me dirás: «Trump no tanto…», pero Trump es un hombre que tiene carisma y presencia físicos. Es alto, es como tiene corporalidad, llena el espacio. Y luego tiene mucho carisma y toda la forma de vestir de el traje con la gorra. Y la gente no piensa «es hortera», sino que lo ve como una cosa poderosa.
P.- Americano, también.
R.- Claro, lo identifica dentro de unos parámetros. Y ahí se nota mucho.
P.- Sí, no, es muy interesante porque, como te digo, no soy un gran entendido de la moda, pero sí que es verdad que ese dejadismo de decir «bueno, pues venga, Steve Jobs cuando empieza por ejemplo a llevar el cuello vuelto con el vaquero y las New Balance», se convierte en una tendencia. Por eso me asombra y quería preguntarte: ¿cómo puede haber marcas de lujo, por ejemplo Loro Piana, marcas carísimas, que realmente lo que te están vendiendo es un producto totalmente normal a precio de oro? ¿Cómo se puede explicar este fenómeno? Porque es la nueva tendencia.
R.- Te venden un producto normal en apariencia, porque tú en apariencia es verdad que no sabes si es de esa marca o es de otra. Pero se supone que estás comprando calidad, porque Loro Piana pues puede tener las lanas o puede tener cachemir, puede tener muchas cosas que son un producto de lujo, aunque tú a primera vista no entiendas la diferencia entre esa marca y lo que ves en Zara, porque hoy las tendencias están completamente democratizadas. Pero fíjate, ahí hay una cuestión que es: tú conoces Loro Piana, pero la gente mayoritaria piensa en Cristiano Ronaldo vestido de Gucci. Loro Piana es una marca para conocedores específicos que viven en un ambiente con unos códigos… Está fea la expresión, ¿no?, pero de nuevo rico. Hasta qué punto nuestro lenguaje también es y nuestro ideario es muy conservador, porque pensamos que está mal que una persona desarrolle su propia fortuna.

P.- Claro. Pero entonces se podría decir, partiendo de esta distinción de que visten más normales o más pareciendo a una persona que quizás no gana tanto como ese millonario de Silicon Valley… ¿Sí ha muerto un poco la ideología en la moda?
R.- Sí. A ver, sí, porque nosotros vivimos en una sociedad muy democrática. Tenemos la famosa frase de Yves Saint Laurent: «Solo lamento no haber inventado el vaquero». Y es verdad, porque al final todo el mundo lleva vaqueros o pantalones o deportivas, que hace muy poco todavía no te dejaban entrar en una discoteca si llevabas deportivas. En 15 años hemos visto una transformación brutal: la desaparición de las ideologías. Aunque siempre hay una amenaza de radicalismos y de totalitarismos y demás, realmente todos tenemos como un marco muy común y luego discutimos por tonterías, desde mi punto de vista. Porque vivimos en una sociedad que es muy cómoda para la mayoría de la población. Nosotros tenemos un bienestar inaudito en la historia y eso tenemos que entenderlo. Ahora, ¿tenemos nuestros defectos y nuestros vicios en torno a la moda? Muchos. Y en la política y en los temas ideológicos se nota. Desde Pedro Sánchez, cuando cogía su uniforme de campaña con la camisa vaquera, que era esa idea de «bueno me disfrazo de persona de la calle, persona normal». Y la gente también les reprocha que se disfrazan, porque normalmente no visten así. Y yo creo que tanto en política como en nuestra vida personal prima la autenticidad.
P.- Pero es que la autenticidad está muy producida…
R.- Está muy producida.
P.- Hablando de la mujer, la mujer en la política, ha tenido siempre que conquistar el espacio público más que el hombre, muchísimas veces. Y lógicamente la moda ha sido un apoyo para hacerlo. Vemos referentes de todos los lados, desde Meloni, Ayuso, Yolanda Díaz… ¿seguimos analizando la moda de la mujer más?
R.- En esto hay mucho machismo en lo que tiene que ver con la presión estética sobre la gente en general y sobre las mujeres en particular, pero también, en cierto sentido, con la mirada masculina. Si pensamos en Hillary Clinton, cuando se presentó a presidenta de Estados Unidos, y resumió su historia electoral diciendo: «Hay que ir bien peinada y hay que caer simpática», que eran dos grandes problemas de Hillary Clinton. Uno el tema del pelo, si pensamos en los peinados de las lideresas… Angela Merkel llevaba el pelo corto, porque el pelo largo se ve como demasiado femenino. Y adoptaron el traje de pantalón. El traje de pantalón es el equivalente de hombre, es como vestir como un hombre. Si te das cuenta Margaret Thatcher en los años 80, en los años 70 y 80, ella vestía siempre con trajes de pantalón, llevaba bolso y hubo un término en inglés que se creó a propósito de cómo usaba Margaret Thatcher el bolso en las intervenciones parlamentarias que era bagging (que era de «bag», «bolso» en inglés) que venía a ser como tratar al adversario mal, como ser hostil, una cosa así bagear. Y a las políticas mujeres se les juzga mucho por su apariencia.
P.- O sea que crees que no importa tanto que a lo mejor salga un político hombre vestido… «Oye, pues hoy me pongo la camisa de una forma y mañana me la pongo de otra, o me la pongo mal, o tengo el cuello subido».
R.- No importa. Los hombres en ese sentido tienen muchísima menos presión que las mujeres. Aunque es verdad que también cuando hay cosas que llaman un poco la atención, los medios de comunicación las sacan mucho. Recordemos a Barack Obama cuando se puso un traje marrón y hubo un escándalo en Twitter y en las redes sociales que decía: «por favor presidente no se ponga eso, o sea no vaya usted de…», pero nadie piensa en Obama en ese momento que iba mal vestido o que iba mal peinado o lo que sea. Por ejemplo, tenemos ahora a Macron, que lleva las gafas estas de espejo porque tiene un derrame en el ojo. Y la imagen es de chulo total. Otro modelo de gafas quizá hubiese transmitido otra imagen, pero esa idea de comandante moderno y tal, al propio Macron le funciona. ¿Crees que alguien va a acordarse del gobierno de Macron por esas imágenes con gafas?
P.- No, en absoluto.
R.- ¿Y alguien no piensa en Hillary Clinton o en Angela Merkel y la ve vestida como va?
P.- Posiblemente. Pero por eso me hace también gracia, habiendo tanta democratización de la vestimenta y ahora que realmente vivimos en ese momento histórico en el que supuestamente nos da tanto igual el otro y somos más individualistas y no nos importa tanto y nos estamos todo el rato fijando en qué lleva la reina Letizia. Pero no nos fijamos en la corbata que lleva Felipe. Entonces, ¿por qué muchas veces iconizamos figuras que no saben tanto de moda como otras, por el mero hecho de ser una reina?
R.- Claro, nosotros tenemos una idea muy antigua que no tiene nada que ver realmente con las democracias: que el poder se expresa visualmente. Claro, lo que tú dices, realmente poder tiene Mark Zuckerberg y lleva chanclas de dedo, unos pantalones de Walmart y una camiseta de algodón que seguramente no nos compraríamos ni tú ni yo porque nos parecería de pijama. Pero tenemos la idea de que estas figuras realmente deben liderar la sociedad. Sean políticos, sean figuras de casas reales, figuras representativas… si pensamos en funerales u acontecimientos de Estado siempre se habla de la ropa que llevan las políticas mujeres en general. No es porque sean modelos, ni porque estén en la industria de la moda, sino porque nosotros les cargamos de significado. Pero esto es un vicio nuestro. Realmente la reina Letizia, y esto lo vimos también con Kate Middleton, que dijo en la monarquía inglesa que se iba a dejar de decir de quién vestía. Y en Estados Unidos en la antigua legislatura, en la de Biden, Jill Biden, la mujer del presidente que ejercía de primera dama, se negó a dar datos de quién iba vestida, porque consideraba que eso no era importante.
«La moda es muy importante porque tú y yo estamos aquí vestidos y sabemos cosas el uno del otro por cómo vamos vestidos».
P.- Es que realmente no debería ser importante.
R.- Realmente no es importante. Somos nosotros los que consideramos que es importante cómo viste alguien.
P.- Retratas el choque entre por ejemplo la maja y la flapper en estos libros. Hoy que hablamos tanto de identidad nacional como de globalismo, ¿cómo gestiona España esa entrada en la modernidad?
R.- Es una pregunta súper difícil porque la pregunta es: ¿ha entrado España en la modernidad? Pero no solo España, sino todos los países. Esto es un tema que en historia siempre se trata y en política: España como un país excepcional, pero ¿por qué? Porque tuvo una dictadura que duró mucho tiempo, porque no ha seguido los ritmos de modernización que vivió toda Europa. Así que si pensamos en las películas de los años 60 o los 50, pensamos que el contexto español era distinto porque España vivió una dictadura mucho tiempo, sí, hasta el 75, pero ¿y el resto de la Europa comunista que vivió en una dictadura? ¿Y Grecia y Portugal? En la Unión Europea, España es un país mediterráneo y es una excepción. ¿Por qué? Hay otros países mediterráneos…
P.- Sí, claro, que quizás la pregunta también puede ser qué es la modernidad.
R.- Claro, esa es la pregunta estrella, ¿qué es la modernidad? En el libro este de La moda española de 1898 a 1936 se da esta cifra del desastre del 98 y la otra cifra de la Guerra Civil, como para decir «bueno, en este periodo se definió en el mundo la modernidad». Ya, ¿pero qué es ser moderno? Durante mucho tiempo el sinónimo era la flapper, lo que en España se llamaban «las machonas» o «las garzonas», porque se consideraba que eran mujeres que querían ser como los hombres. Y se cortaban el pelo, fumaban, bebían, salían a bailar… cosas que nosotros hoy vemos completamente normales y que no las consideramos modernas. Pero en esta cuestión es la idea de la ruptura con lo que había pasado en el siglo XIX, que está encarnada en Escarlata O’Hara, con esas faldas enormes, con el corsé, con el pelo ese larguísimo, tipo Sissi Emperatriz. Claro, ¿qué tenemos en el siglo XX? Pues tenemos gente que va a pasear, que va en coche, que fuma, las películas, el propio cine, que se puede escuchar la radio, se puede poner discos, tenemos los grandes hoteles… tú paseas por Madrid hoy y ves realmente el Madrid de principios de siglo, las ciudades lo mismo, y entonces, en ese sentido, yo creo que al final es eso, vivimos muy pegaditos a 1900, 1920…
P.- Sí, pero me interesa que me cuentes la historia de la falda, que no es moderna, que sé que la has contado muchas veces…
R.- La falda no es moderna, claro que no. Es lo primero que se nos ocurre: si yo te diese un trozo de tela, lo primero que harías sería enrollártelo en algún momento alrededor del cuerpo. Eso es la falda. Las prendas nos acompañan desde hace muchísimos no solo siglos sino milenios y es algo a tener en mente: que de lo que llevamos, realmente casi nada es moderno. Los pantalones, por ejemplo, ¿son modernos porque los llevaron las mujeres o son modernos porque son vaqueros? Pero tenemos cuadros en Génova del siglo XVI tenemos cuadros en los que se ven personajes vestidos con tela vaquera y sabemos que las velas de los barcos se hacían de tela vaquera. De hecho el nombre de vaquero, que nosotros llamamos así por los vaqueros estadounidenses que pastoreaban rebaños y demás, pero la etimología de la tela en sí, «denim», viene de Nîmes, de Europa. Y «jean» es por Génova, porque eran puertos en los que se tejían estas velas y se usaban para los barcos. Casi todo lo que nosotros pensamos que es moderno es muy antiguo. ¿Los pantalones son modernos? Pues muy modernos no son. Los persas, los pueblos de las estepas que montaban a caballo ya utilizaban pantalones en su vestuario, hombres y mujeres. Pero nosotros como siempre somos nuevos en la historia, como siempre vemos la película desde nuestro punto de vista, pues tenemos esa idea de «lo moderno». En 1920 o 1910 había muchas cosas que no eran exactamente iguales que antes. Pero es que es lo que tú dices, yo creo que el hallazgo más importante del siglo XX es esa idea de la categoría de lo moderno.

P.- Sí, que quizás no es tan que sea moderno o no moderno, sino que está de moda o deja de estar de moda.
R.- Claro, exacto.
P.- Al ser todo cíclico… ¿Qué similitudes puedes ver de esos años 30, por ponerte un número, al 2026?
R.- Mira, yo veo muchas similitudes. Puede que sea un poco doloroso de decir, pero en los años 20 y 30, en el mundo, no solamente en España sino también en toda Europa, las sociedades avanzaban hacia la democracia y la igualdad. Obviamente había clases sociales, había mucha gente que… las cifras de analfabetismo todavía eran enormes, todo lo que vemos de la sanidad pública, las pensiones, bueno pues eso no estaba, pero se estaba encaminando. Los derechos de las mujeres, un aumento de la igualdad… Y empezó a haber muchísima polarización. También por el auge de esa modernidad y por el acceso a lo moderno, a que la gente… piensa que en aquella época el metro era moderno. El acceso a por ejemplo ir a una tienda y que las cosas fueran baratas, los productos estuvieran disponibles, que hubiese mucha oferta de consumo, que hubiese ocio para todo el mundo. Claro, que las vacaciones se fijaran por ley que iban a ser pagadas, que hubiera una sociedad de socorros mutuos o que todos los niños fueran al colegio y fuera gratuito.
P.- Lo que dices sobre las tiendas, algo que me ha sorprendido esta mañana, que he ido a una tienda que me han invitado, a la tienda de Hoff, y me ha sorprendido mucho el modelo que están siguiendo las tiendas a día de hoy, que me parece fascinante. Te venden el producto como una experiencia. Me parece muy interesante y muy novedoso que adopten la experiencia o el trato personal como una ventaja. ¿Dónde reside el querer volver a esos valores? ¿Nos hemos cansado quizás de…?
R.- Claro, es que es lo que tú decías, no es una cuestión tanto de modernidad y de antigüedad sino de lo que nosotros decimos que es moderno a la moda. Ahora está muy de moda la cuestión esta de las experiencias y de vivir el lujo como una experiencia. Claro, antes era justo lo contrario. Lo moderno era comprar ropa hecha, como se llamaba. Antiguamente todo el mundo se hacía ropa a mano, las máquinas de coser se inventaron a mediados del siglo XIX, antiguamente no había productos en serie, todo era único. Pero cuando llegan las marcas a la gente le gusta vestir de una marca. Y saber que esto lo firma Worth que es el padre de la alta costura, que esto lo firma Chanel… que llevas un Chanel y llevas el icono. Pero ahora ya llevamos muchos años en ese modelo productivo y también hay que vender a la gente los productos de otra manera. Y entonces volvemos a recuperar como la esencia de lo original, lo artesano, la proximidad, las materias naturales, la experiencia que sea más sostenible, el trato interpersonal…
P.- Claro, la personalización del producto también.
R.- Claro, porque tú en tu casa tienes la tienda de Chanel o la tienda de lo que sea en el ordenador disponible a un clic. Entonces claro, ¿cómo llevarte a la tienda? ¿Cómo hacer que tu experiencia sea otra cosa diferente? Pues, pues, pues, pues…
P.- Hemos estado hablando de la moda femenina, la moda masculina también tiene mucha relevancia y se nos olvida. Como digo solemos pensar que la moda siempre es algo femenino y delicado. En tu libro Historiones de la moda demuestras que la moda del armario masculino actual es básicamente un armario militar. O sea que te lo puedes poner y puedes ir a la guerra. Quiero que me cuentes la historia por ejemplo de la gabardina. ¿Cómo? Por ponerte un ejemplo.
R.- Sí, sí, sí por poner un ejemplo literalmente, porque sé que casi todas las prendas vienen de ese contexto.
P.- Claro, una prenda tan usada… Yo, por ejemplo en otoño, ahora no que hace mucho frío, pero en otoño me cojo, me pongo mi gabardina, me la ato y me voy a la calle. Pero no entiendo tampoco por qué tiene su uso militar.
R.- Pues fíjate, es que casi todas las prendas y casi todas las cuestiones de moda que nosotros identificamos enseguida con las mujeres, claramente una influencia del siglo XIX, porque tú piensa que en ese momento hay muchos ideales de domesticidad. Ha habido revoluciones liberales y los hombres, los varones, se convierten en ciudadanos. Y las mujeres… ¡pues toma vestidos! Tenemos una revolución industrial y vamos a vendérselo a gente y vas a ser tú, que eres el escaparate de la prosperidad de tu familia. Claro, pero hasta entonces, ¿quiénes eran las personas que lideraban la moda? Pues normalmente surgían cambios cuando había algún episodio histórico o algún suceso que requería innovaciones. Y casi todos eran militares. Como Hugo Boss por ejemplo con los nazis en la Segunda Guerra Mundial que no solo es muy buen ejemplo por el tema de los uniformes nazis, sino que es que la confección en serie nació en la Guerra de Secesión estadounidense. Claro, las guerras obligan a la uniformidad, a producir muchísimos artículos, a producirlos rápidamente para dar abasto a las necesidades del frente y a producir desde otro punto de vista, que es que sea utilitario. Y claro, nosotros como vivimos en una sociedad muy cómoda y muy democrática, requerimos prendas que sean útiles. ¿Qué pasa con los soldados de la Primera Guerra Mundial que es de donde vienen las gabardinas? En España se llama gabardina porque la tela literalmente es tela de gabardina. Pero en Inglaterra se llama [abrigo de] trinchera, trench coat. ¿Por qué? Porque lo llevaban los soldados en las trincheras. Claro. ¿Qué pasaba? Realmente no es un invento que surge en la Primera Guerra Mundial, surge un poquito antes, fruto de las innovaciones textiles de finales del siglo XIX y es que todavía en aquel momento no había tela impermeable. La tela de gabardina es un algodón que está tejido de forma especial para que repela el agua. ¿Qué pasaba? Hay dos marcas que están disputándose quién inventó la gabardina como tal, que son Burberry y Aquascutum, que es menos conocida pero que están las dos. Al principio el gobierno británico pensó que era muy útil para los oficiales. Porque los soldados rasos no importaba que se mojaran. La tela era cara, la innovación… pero se lo tenían que pagar ellos. Claro, pero llegamos a 1914 y un montón de soldados empiezan a estar en Francia viviendo en literalmente el barro, la lluvia, el horror… Y la gabardina repele el agua, permite colgarte muchas cosas, tiene muchos bolsillos interiores, guardar las cosas y demás. Y la gabardina cuando vuelven esos soldados de las trincheras se la quedan para su vida corriente y su vida cotidiana. ¿Por qué? Porque es muy útil.
P.- Sí, pues ya sabemos, en estos tiempos tan fantásticos que estamos viviendo en Europa, todos con gabardina por si las moscas.
R.- Sí, sí, sí. O con gabardina o con las trencas estas que vienen de la Segunda Guerra Mundial por lo mismo. De hecho había tantas trencas que los niños, hoy todos tenemos en la mente el escolar que lleva una trenca de alamares y demás, porque eran sobrantes de la Segunda Guerra Mundial.
«La pregunta no es si España ha entrado en la modernidad, sino qué es la modernidad»
P.- Y la historia del impermeable de dónde viene…
R.- Es lo que tú dices de cómo vemos nosotros el mundo y tenemos la idea de la modernidad y de lo que está a la moda. Fíjate, para nosotros, hoy, el impermeable, incluso como la tela un poco más de gabardina, con la capita y eso, es sinónimo de Sherlock Holmes, de la Inglaterra victoriana, de un caballero inglés que va a estas camiserías… Pero en la época se veía como una prenda de literalmente chulo de prostitutas. El término «Mackintosh», que nosotros llamamos impermeable pero en los ingleses lo llaman «Mackintosh» (Mac acortado), era literalmente proxeneta. ¿Por qué? Porque estaban en la calle. A la intemperie. Claro, y podía llover, podía hacer frío, podía hacer lo que fuera. Eso les ganó muy mala prensa. Pero eran prendas útiles, porque impedían que te mojaras, así que empezaron a llevarlo cocheros, policías… Sherlock Holmes es un caballero, ¿por qué lleva impermeable? Porque tiene que investigar crímenes y está en la calle, pero es un caballero. Los periodistas, tú te imaginas a cualquier periodista de principios de siglo y te lo imaginas pues con una gabardina, con un impermeable de estos. Y claro, el cine, los medios de comunicación lo hacen elegante.
P.- Y la corbata: también muchas veces a mí, al menos mi padre me lo dice, que es para protegerte del frío, que no es solo por una cuestión…
R.- Es muy curioso porque las corbatas realmente se extienden a partir del siglo XVIII, siglo XVII, el gran siglo de Francia con Luis XIV en Versalles. Pero la corbata viene del croata. De hecho los croatas se supone que eran unos soldados mercenarios que llegan a la corte francesa a combatir. Y esto llega envuelto un poco en una leyenda que dice que había una tradición en Croacia en la que las mujeres daban a los hombres un pañuelito bordado para llevar al cuello. Así, si caían en combate, les devolvían el pañuelo, porque eran mercenarios, no el cuerpo. A la corte francesa le gustó esta novedad que introdujeron los mercenarios —de nuevo hombres y soldados, innovaciones militares— y se adoptó para el traje de paseo una cosa con encaje y que era cara en aquella época, no solamente el cuello de la camisa que era lo anterior. Pero aunque esa tenga algo de verdad y verosimilitud en el fondo, las corbatas son una prenda muy antigua que estaba vinculada a cuidar precisamente la salud del cuello. Los soldados romanos también llevaban una especie de corbata, era un pañuelo llamado «focale», que viene de sudor. Tenemos que pensar que los legionarios romanos iban por allí, por todos esos caminos de Dios —hay esta frase incluso que dice que Roma es un imperio que se hizo con soldados que andaban, no tanto que guerreaban y que luchaban— y el pañuelito al cuello les protegía del roce de la armadura; o cuando había viento o frío, se lo podían subir; o se secaban el sudor de bajo el sol.
P.- Supongo que los faldones que llevaban los romanos también sería para darles más movilidad quizás.
R.- Sí, los romanos pensaban que los pantalones eran una prenda bárbara. Y que eran además muy incómodos. Claro, nosotros… tú porque eres hombre, pero yo que soy chica y llevo faldas y llevo pantalones, te puedo asegurar que los pantalones no son más cómodos que las faldas. Nosotros lo vemos así porque tenemos esa mentalidad, ¿no? Pero realmente la prenda más cómoda siempre es la que es más suelta. Ya sabes esa frase de Homer Simpson en Los Simpson.
P.- Por eso me río.
R.- De «gordo con caftán», ¿no? Solamente se puede ser una señora tal o Rapel, que también es la otra versión, ¿no? Pero es que los hombres deberíais probar la falda porque es muchísimo más cómoda.
P.- Bueno, también hay otra cosa que los hombres solían llevar, que ya no tanto… yo llevo mucha bota. La gran mayoría de zapatos que llevo son o mocasines o botas. No suelo llevar mucha deportiva. Estoy intentándolo, poco a poco, lo prometo. Estoy intentándolo. Pero la historia de los tacones me gusta mucho. Porque nacieron para que los hombres, ¿no? demostraran poder, un estatus más elevado, más fuerte…
R.- Sí. Bueno primero, claro, primero hay una cosa ahí, hay dos cosas. Una que es efectivamente la idea de que ya ser más alto es equivalente a tener más poder, más apariencia, simplemente por el hecho de que se destaca entre una multitud. Esto es algo que a mí me hace mucha gracia. No tiene mucho que ver con el tema de la moda, pero me hace mucha gracia que en las aplicaciones estas de ligar hay un tema recurrente en Instagram y en las redes sociales, que es lo de los hombres si miden más de 1,80 o una cosa así, como que tiene un premio en las aplicaciones para las mujeres y demás.
P.- ¿Ah sí? ¿Por el algoritmo?
R.- Sí. Y de hecho muchos lo ponen abajo. Ponen 1,85, 1,83, una cosa así. Y es una cosa que la aplicación premia.
P.- No tenía ni idea.
R.- Sí. Tiene que ver con esa idea de los tacones te hacen más alto. ¿Las mujeres por qué llevan tacones? Porque se considera que ser más alta es una cosa más elegante. Es una cosa absurda, pero es una construcción social que tenemos relacionada con que la altura es igual a la altura social, ¿no?
P.- ¿Y cuándo se hizo este cambio de rol en el hombre llevar el tacón…?
R.- Pues claro, aquí lo que tenemos que pensar es en, como has dicho antes, la indumentaria militar. Los tacones, las botas, se usaban para agarrarse en los estribos de los caballos. Para montar mejor, porque tú piensa que montas a caballo y pones el pie en el estribo y claro, si es una suela plana ¿cómo sujetas? ¿Cómo impides que el pie se vaya? Necesitas una muesca para poder afianzarte bien, sobre todo si vas a controlar el caballo con las piernas. Los primeros tacones surgieron entre jinetes que tiraban con arco que necesitaban los brazos para lanzar, apuntar, sujetar el arco y demás, así que tenían que guiar al caballo con las piernas. Y para estar bien afianzado necesitas tener control sobre los estribos. Los soldados en general eran caballeros. El concepto de caballero es el que tiene caballo. Hasta el siglo XX realmente, incluso en la Primera Guerra Mundial todavía hubo muchos jinetes . Todo el mundo tiene en la mente la película esta de Caballo de guerra que habla un poco de que había tanques, había cosas y aviones en la Primera Guerra Mundial, pero fue una guerra muy tradicional en la que los caballos siguieron teniendo una importancia fundamental. ¿Cuándo dan el salto? Cuando las mujeres imitan a los hombres. Porque eso es una cosa que siempre pasa en la moda: que los hombres empiezan a vestir a la vanguardia y las mujeres adoptan lo que ellos han adoptado primero dentro del campo militar para lucirlo como una cuestión de moda.
P.- Yo me he quedado de esta charla de dos cosas. Primero, que la gran parte de la moda de hoy, bueno o de la historia, viene de una función relacionada con la guerra. Y luego, con otra que quiero que me la resuelvas porque todavía tengo la duda: ¿hemos sustituido un poco esta distinción de clase que hablábamos al principio por una obsesión de la eterna juventud? Como si estuviéramos en El retrato de Dorian Gray.
R.- Totalmente. Creo que llevas toda la razón y que has dado en el clavo. Porque tú fíjate, antes antiguamente había esta idea de que ser anciano o ser mayor, no necesariamente anciano, pero sí mayor, era como el momento de plenitud de la vida. De hecho la madurez se veía como una forma positiva, tú tienes tus cosas, un conocimiento, una sabiduría.
P.- Sí, llevar un esmoquin es una cosa que está justo asociada a una prenda…
R.- Claro, tú nunca piensas en un rey y piensas a primera vista en alguien de 18 años. Pero hoy todo el mundo pretende tener la piel de 18 años. Vestir como si fuera un adolescente, divertirse como si fuera un adolescente. Tú te das cuenta por ejemplo de las cosas que dice la gente que se divorcia o que se separa o que deja a su pareja y dice: «No es que quiero como recuperar los años perdidos, el tiempo perdido». Eso no es… ¡no va así la vida! ¡El tiempo no va así! La historia no va así. Y claro, una de las cosas más importantes es esta idea de el culto al cuerpo y a la eterna juventud. Si pensamos en el primer texto que conocemos de la historia de los primeros es la búsqueda de la inmortalidad. Y nosotros tenemos la ciencia, la indumentaria, la ropa barata, los productos cosméticos, los tratamientos, la cirugía estética… Y ay una idea de este culto al cuerpo y al individuo y sobre todo a la juventud.
P.- La primera pregunta que te hacía era si una persona de hace 100 años llegase ahora y nos viese qué pensaría. Ahora yo te planteo la pregunta al revés: si dentro de 100 años la persona que escriba un libro parecido al tuyo y nos viese a día de hoy y tuviese que hacer una reflexión sobre cómo vestimos, ¿qué podría pensar? ¿Qué crees que sería lo que sacaría?
R.- Este juego es muy peligroso, Mateo… [risas]. Claro, porque pueden pasar muchas cosas. Muchas, muchas cosas. Pues yo espero que no sea lo que ocurra, ¿no? y que la gente que venga dentro de 100 años piense… La gente. cuando pasen 100 años, que para nosotros es mucho tiempo, pero históricamente no es tanto, si siguen en una sociedad democrática, que espero que sea el caso, seguramente no vistan tan diferente de nosotros. Porque, ¿qué más podemos hacer? La ropa que nosotros llevamos hoy ya realmente es muy cómoda y es muy práctica y tenemos una sociedad en la que no hay grandes normas de indumentaria. De hecho tú puedes irte a una presentación, a una fiesta, a un cóctel con prácticamente lo que llevas. Y yo ahora llevo esta blusa, pero si llevas una blusa blanca, podría llevarlo perfectamente. Entonces como vivimos en una sociedad que es muy igualitaria y demás, pues yo creo que no se sorprenderían tanto. Quizá si nos sustituyen los robots… esto de vestirse quede como un… imagínate, es que 100 años te digo lo mismo. Imagínate en un mundo en el que haya mucha presencia tecnológica. Quizá la gente se sorprenda de que teníamos una vida muy analógica. Y decir: «Pero que es que realmente conversaron allí en directo, y estaban los dos y vestían ropa de verdad». Y ahora ya todo es con un avatar que te lo compras y es digital. Y entonces es posible que por un lado la idea de cómo vestimos y la forma de expresar nuestras cosas sea muy similar, y por otra parte quizá en 100 años el mundo sea radicalmente diferente y ya la vida analógica esté muy poco extendida. Y entonces piensen, pero pensarán con nostalgia los viejos tiempos. Y pensarán: «Es que se podían tocar y podían darse la mano y podían notar la textura de la ropa y valoraban todas esas cosas». Y se veían cara a cara.
P.- No te escapas de las preguntas clásicas de esta nueva temporada de El purgatorio. Pensando en moda, pensando en historia, tampoco te voy a ir a pillar. ¿A quién enviarías al infierno?
R.- Uy, ¿pero del mundo de la moda?
P.- De donde tú quieras, pero ya que estamos hablando de moda e historia…
R.- Pues mira, yo mandé al infierno un poco a todas estas marcas de lujo que, como tú dices, la experiencia de cliente es lamentable. Sabes que yo creo que… no quiero que me veten en Hermès, que si alguna vez soy millonaria pretendo gastarme mucho dinero ahí…
P.- Bueno, esto es el ahora. Quién sabe, dentro de cinco años, el pensamiento…
R.- Pero esto, por ejemplo, que está muy extendido en las redes sociales de que vas a Hermès o vas a una tienda de lujo y no te venden cosas porque tú no eres lo suficientemente VIP… Eso no tiene sentido. Tenemos todos que relajarnos y entender que la moda es divertida y es una forma de expresión y de participar en la sociedad.
P.- ¿Y si tuvieras que enviar a alguien al cielo?
R.- Es que me gusta mucho Zara. Me gusta mucho la ropa que se puede lavar, que está disponible para ti y para todo el mundo, que es igual en todas partes, que lo que me gustaría quizá es que fuese más responsable con el medio ambiente y demás. La industria de la moda en España podría ser muy potente, podría ser aún más potente y quizá el ejemplo de un empresario que ha desarrollado todo un imperio basado en la apariencia y en hacer nuestra vida más sencilla y más a nuestro gusto, pues ojalá cundiese el ejemplo.
P.- ¿Y si tuvieses que enviar a alguien a El purgatorio?
R.- Una cosa entre medias… Pues mira, hay mucha gente que tiene muchas cosas que contar que son interesantes. Y me gusta mucho los libros que tratan sobre la historia por ejemplo del algodón, la historia económica y demás. Yo pensaría en todos estas libros de la editorial Superflua que hablan sobre la historia de la moda de otra manera y que los hay sobre perfumes y demás. Pero aparte de esta editorial mencionaría a un chico que trabaja en redes sociales, es estudiante de perfumes, se llama Adrián Carrera, que tiene medio millón de seguidores en Instagram y que habla de algo que tampoco se habla nunca en los medios de comunicación, porque todos vemos anuncios de perfumes pero sabemos muy poco de cómo olemos. Y se llama Adrián Carrera y es súper interesante. Así que le mandaría a El purgatorio pero con mucho cariño.
P.- Anita, un besazo y muchísimas gracias por venir. Ha sido un placer.
R.- Gracias. Maravilloso.
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