Queso frente a la demencia: lo que 50 gramos diarios podrían hacer para reducir el riesgo
Aunque los datos son halagüeños, el estudio debe ser tomado con cautela por el tipo de muestra y la fecha

Un hombre cortando queso. | ©Freepik.
El envejecimiento de la población es una de las transformaciones demográficas más profundas que están viviendo las sociedades desarrolladas. En España, como en otros países europeos, el reto ya no es simplemente vivir más, sino vivir mejor. Y en esa ecuación, mantener la salud cerebral se ha convertido en una prioridad clave. Enfermedades como el alzhéimer, el Parkinson o la demencia senil, de los que hemos hablado a menudo en THE OBJECTIVE, están llamadas a convertirse en los grandes desafíos sociosanitarios del siglo XXI.
Estas patologías tienen en común un progresivo deterioro de las capacidades cognitivas, que afecta directamente a la calidad de vida de quienes las sufren y a su entorno. No se trata solo de olvidos pasajeros o confusión puntual: la demencia deteriora la autonomía, la memoria, el lenguaje y el juicio. Su impacto emocional y económico es inmenso, y las cifras no dejan de crecer. Por eso, desde hace años, la ciencia busca estrategias para frenar o retrasar su aparición, sobre todo a partir de los 65 años.
Uno de los caminos más estudiados es la alimentación. La relación entre lo que comemos y la salud del cerebro ha sido objeto de decenas de investigaciones. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Lund, en Suecia, ha vuelto a situar al queso —concretamente a los quesos grasos— en el centro del debate. Los investigadores han hallado que consumir 50 gramos diarios de queso con más de un 20 % de grasa podría estar vinculado a un menor riesgo de desarrollar demencia en el futuro.
Qué dice el estudio
La investigación ha sido realizada por el equipo de la epidemióloga nutricional Emily Sonestedt en la Universidad de Lund. Publicado en la revista Neurology en diciembre de 2025, supone una curiosa coincidencia: queso frente a la demencia. Se trata de un estudio observacional de largo recorrido, basado en los datos del estudio Malmö Diet and Cancer, que ha seguido durante 25 años a más de 27.000 personas en Suecia, con una edad media de 58 años al comienzo del estudio.
Los participantes respondieron a cuestionarios detallados sobre sus hábitos alimentarios a principios de los años noventa. A partir de esa información, los investigadores analizaron si existía alguna relación entre el consumo de lácteos y la aparición de demencia. Todo ello valiéndose de los datos recogidos a través del registro nacional de pacientes. Durante el seguimiento, 3.208 personas fueron diagnosticadas con algún tipo de demencia. El resultado más llamativo fue que quienes consumían al menos 50 gramos diarios de queso graso —lo que equivale a unas cinco lonchas estándar— presentaban un 13 % menos de riesgo de desarrollar demencia que aquellos que consumían menos de 15 gramos.
La reducción del riesgo era aún mayor en el caso de la demencia vascular, donde el descenso alcanzaba el 29 %. También se observó una menor incidencia de Alzheimer. Aunque esta solo se aplicaba a personas que no portaban el gen APOE e4, asociado a un mayor riesgo genético de padecer esta enfermedad. Además del queso, se identificó un posible efecto protector en la nata con alto contenido graso (30-40 %). Quienes tomaban más de 20 gramos diarios tenían un 16 % menos de probabilidad de desarrollar demencia que quienes no la consumían.
La letra pequeña del estudio entre queso y demencia

A pesar de lo sugerente de los resultados, hay limitaciones importantes. La primera es que se trata de un estudio observacional, es decir, que encuentra asociaciones estadísticas pero no puede demostrar causalidad. Comer queso podría estar relacionado con un menor riesgo de demencia, pero no se puede asegurar que el queso sea el motivo. Podrían influir otros factores, como el nivel educativo, el entorno socioeconómico o incluso otros hábitos saludables que no se han podido controlar del todo.
En segundo lugar, los datos de consumo de queso proceden de encuestas realizadas en un único momento, a principios de los años noventa. Es probable que los hábitos dietéticos de muchos participantes hayan cambiado con el paso del tiempo. Como explica la experta Tara Spires-Jones, del University of Edinburgh, «es difícil sostener que un solo alimento, por sí mismo, pueda tener un efecto preventivo tan claro», y subraya que lo más relevante para reducir el riesgo de demencia sigue siendo llevar una vida activa, mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio y participar en actividades cognitivamente estimulantes.
A esto se suma un aspecto nutricional no menor: los quesos grasos son también alimentos con un alto contenido en grasas saturadas y sal. Su consumo excesivo se ha asociado históricamente a un mayor riesgo cardiovascular. Aunque el estudio sueco sugiere lo contrario en este caso, otros expertos, como el cardiólogo Naveed Sattar de la Universidad de Glasgow, piden cautela. Recuerda que los participantes que más queso comían eran, de media, personas más formadas y con mejor situación social, lo que podría haber influido en los resultados más allá del propio alimento.
