No solo copas de más: para sorpresa de muchos, la flora bacteriana también puede emborrachar
Una mala pasada que juega la microbiota podría causar efectos similares a la ingesta de alcohol

Un hombre con resaca. | ©Freepik.
Aunque parezca un contrasentido, es posible experimentar síntomas de embriaguez sin haber bebido ni una sola gota de alcohol. Lejos de tratarse de una leyenda urbana o de un milagro biológico, se trata de un fenómeno real. No en vano, sí insistimos en que es extremadamente raro y que, curiosamente, tiene su origen en el propio organismo. En concreto, en la flora bacteriana intestinal, que en determinados casos es capaz de producir etanol de forma espontánea.
Esta situación puede llegar a ser especialmente molesta e incluso angustiante. Quienes la padecen pueden sentir mareos, somnolencia, euforia o dificultades para coordinar movimientos, sin haber probado una cerveza o una copa de vino. En algunos casos, esta alteración puede incluso derivar en consecuencias legales o médicas injustificadas. De hecho, podría llegar el caso de dar positivo en un control de alcoholemia sin haber ingerido alcohol. No obstante, es una condición muy muy rara, pero no deja de ser sorprendente que nuestro cuerpo reaccione así.
La ciencia ha tardado en entender esta curiosa condición, pero una investigación reciente ha arrojado luz sobre el fenómeno. Por fin se ha identificado a los culpables: un conjunto de bacterias intestinales capaces de fermentar los carbohidratos en alcohol dentro del propio cuerpo humano. No es magia, es microbiología.
Emborracharse sin beber: una paradoja
Un estudio publicado en Nature Microbiology ha permitido identificar con precisión los mecanismos biológicos que explican cómo algunas personas pueden emborracharse sin ingerir alcohol. La investigación, liderada por la doctora Elizabeth Hohmann y su equipo del departamento de Enfermedades Infecciosas del hospital Mass General Brigham, ha sido clave para comprender este fenómeno. En su análisis participaron 22 personas diagnosticadas con el síndrome, 21 convivientes sin síntomas y 22 individuos sanos como grupo de control.

Los investigadores observaron que, durante los periodos de mayor actividad del síndrome, las muestras fecales de los pacientes afectados producían una cantidad significativamente superior de etanol respecto a las de los otros dos grupos. Esto sugiere que ciertas bacterias intestinales pueden fermentar los carbohidratos ingeridos y transformarlos en alcohol, que luego pasa al torrente sanguíneo. Entre las bacterias implicadas destacan Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, ambas capaces de alterar los procesos digestivos normales y generar síntomas de intoxicación.
Además, el estudio encontró una relación directa entre el aumento de ciertas enzimas fermentativas y los síntomas del síndrome. En un caso especialmente revelador, un paciente mostró una mejora notable tras someterse a un trasplante fecal. Esa coincidencia apunta a que modificar la flora intestinal podría ser una vía de tratamiento. Aunque este hallazgo no resuelve el problema por completo, abre la puerta a métodos diagnósticos más fiables, como pruebas con muestras de heces, y a tratamientos más eficaces en el futuro.
Qué es el síndrome de la autocervecería
El fenómeno que permite a ciertas personas emborracharse sin beber alcohol recibe el nombre de síndrome de la autocervecería. No obstante, es más recurrente verlo por sus siglas en inglés, ABS (Auto-Brewery Syndrome). Esta condición se manifiesta cuando determinados microorganismos presentes en el intestino fermentan los hidratos de carbono y los transforman en etanol. A pesar de que el cuerpo humano genera pequeñas cantidades de alcohol durante la digestión de forma natural, en los casos de ABS esa producción se descontrola y genera esa intoxicación etílica sin haber probado ni una gota.
Se trata de una patología extremadamente rara, difícil de diagnosticar y muchas veces incomprendida. La prevalencia exacta es desconocida, pero se estima que afecta a un número muy reducido de personas en todo el mundo. Uno de los mayores obstáculos es la falta de conciencia tanto médica como social: algunos pacientes pasan años sin diagnóstico, soportando consecuencias médicas, sociales e incluso legales, como si fueran consumidores habituales de alcohol.
Los síntomas del ABS incluyen mareo, desorientación, fatiga, problemas de concentración y euforia, similares a los efectos de una intoxicación etílica leve o moderada, de la que ya hemos hablado antes en THE OBJECTIVE. Este síndrome puede aparecer en personas sin antecedentes clínicos relevantes. Sin embargo, existen factores que pueden favorecer su aparición, como un consumo excesivo de carbohidratos, tratamientos antibióticos que alteran la flora intestinal o dietas desequilibradas. Para evitarlo, se recomienda mantener una alimentación equilibrada y acudir al médico ante síntomas sospechosos. En casos confirmados, reducir la ingesta de carbohidratos y, en situaciones más graves, considerar un trasplante fecal, son opciones terapéuticas que han demostrado ser eficaces en algunos pacientes.
