The Objective
Fuera de micrófono

Manolo Ferreras: «A Zapatero le acabará saliendo la mierda en Venezuela y Dominicana»

Es uno de los periodistas que mejor ha sabido llevar a la radio la emoción y el sonido de la calle

Una claudicación intermitente le obliga a refugiarse, más de lo que le gustaría, en su ático de la Gran Vía madrileña, desde donde observa con perplejidad lo que está pasando. A sus 74 años, Manolo Ferreras puede presumir de haber sido uno de los protagonistas de la transición de Radio Nacional de España (RNE) a la democracia. Durante los 80 –«una auténtica primavera», según sus palabras–, se convirtió en una de las voces más provocadoras y rebeldes de la radio pública. Una mosca cojonera en libertad. Primero en Radio 3 – con La Barra, que luego pasó a llamarse Tiempos Modernos – y posteriormente, de forma intermitente, en Radio 1.

El paso del tiempo no ha borrado aquellos afanes inconformistas, pero sí le ha dejado cierto poso de desencanto. Este zamorano, como miles de profesionales de su generación, tuvo que abandonar RTVE de forma precipitada. Antes de cumplir los 58 años. Lo cuenta aquí, en Fuera de micrófono, sin acritud, pero subrayando que aquel ERE masivo, impulsado por el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tenía un claro objetivo: regalar a los amigos de éste, José Miguel Contreras y Miguel Barroso, una televisión privada. En opinión de Ferreras, «se cargaron RTVE para hacer LaSexta».

Si de algo se siente satisfecho, es de que nadie le podrá quitar lo bailado. Con 19 años, ya trabajaba en RNE, haciendo reportajes para el programa de Victoriano Fernández de Asís. También los hizo para Luis del Olmo, Iñaki Gabilondo y Joaquín Soler Serrano (Siete Días, de TVE), además de colaborar con Jesús Quintero en El loco de la colina.

La trayectoria profesional de Ferreras —sin parentesco con Antonio García Ferreras, aunque en broma le llame «mi primo»— está salpicada de buenos momentos y de algún que otro sobresalto. Recuerda en THE OBJECTIVE sus entrevistas a Salvador Dalí y Josep Pla, sus diferencias con Iñaki Gabilondo y los disgustos de tipo político que le daba a Eduardo Sotillos. Confiesa que Luis del Olmo «era un padrazo» con él pasó muchas horas en la radio y también en su propia casa con su familia. «Hay que estar —afirma— donde hay que estar, aunque algunos prefieren ser estrellas». Lo dice una estrella, apartada del micrófono, que alumbró los mejores momentos de la radio española con miles y miles de reportajes.

PREGUNTA.- Bienvenido a Fuera de micrófono.

RESPUESTA.- Por cierto, ¿dónde tenéis escondidos a los fachas?

P.- Aquí no hay fachas.

R.- Llevo un rato y no he visto a ninguno. En la etapa del dictador Videla, cuando fuimos a Buenos Aires para entrevistar a Miguel de Molina, aquellos sí que eran fachas. Como los grises y los Guerrilleros de Cristo Rey que nos corrían por la universidad. Cuando estuve en las herriko tabernas, en la parte vieja de San Sebastián, lo mismo. Aquí no los veo, salvo que tengáis alguno agazapado. Alguien está muy equivocado con vosotros.

P.- Todo aquel que critica al Gobierno es facha. ¡Qué te voy a contar a ti que viviste «la auténtica primavera de los años 80»!

R.- Pero ya llevaba siete años con Luis del Olmo. Cuando mataron al almirante Carrero Blanco, la apertura que hizo Luis del Olmo, después de dos días de luto nacional, fue con un reportaje mío sobre la leprosería de Trillo (Guadalajara). Era una cosa muy desgarrada. En aquellos años, por circunstancias o porque yo era un poco arrojado, me tocó abrir muchos caminos, meterme en sitios donde jamás se había entrado. ¡Qué te digo yo! La Sierra de Gata, en Cáceres, por ejemplo. Sobre el mundo rural, con Luis del Olmo, entrevisté a casi 400 personajes en sitios inhóspitos. Inhóspitos entonces para la radio. Te decían: «Aquí no ha estado la radio nunca». Eran maravillosos, unos personajes increíbles. Después, entrevisté a Salvador Dalí, en Cadaqués, a Josep Pla… Empecé y acabé mi etapa profesional siendo reportero.

«Me tocó abrir muchos caminos, meterme en sitios donde jamás se había entrado»

P.- Estudiaste en el Instituto de Radio y Televisión y a los 19 años ya estabas trabajando en Radio Nacional.

R.- Eso fue un casual. Ni siquiera fui becario. Tuve la oportunidad de trabajar con Victoriano Fernández de Asís, un histórico al que muchos que nos vean no recordarán, pero otros muchos sí. Fernández de Asís, histórico cuando solo había una radio, hacía un programa en Radio Nacional de España que se llamaba Directísimo. Y estaba con él Eduardo García Matilla, uno de los jóvenes emergentes de aquellos años 70. Entonces, yo le dije: «Eduardo, ¿puedo traer algún reportaje?» Me dijo: «Claro, tráete uno y se lo presentamos a Fernández de Asís». Me presenté con un reportaje sobre una velada de boxeo muy fuerte, muy doloroso. Casi se notaba, a través del sonido, las lágrimas, el sudor, la sangre, los puñetazos y los gritos enfurecidos de la gente. Entregué aquello, me quedé en un pasillo de Radio Nacional y al cabo de un rato oí decir al mismísimo Fernández de Asís: «¿Quién ha hecho esto?, ¿dónde está? ¡Montármelo inmediatamente!» Y la verdad es que quedó bien. Gonzalo Corella, que era un manitas de Radio Nacional, le puso música de blues. Hizo un montaje con la música y todas aquellas voces. Había entrevistas con la madre de uno de los boxeadores y con los entrenadores, pero sobre todo, sonido. Sonido que luego me dio muchas alegrías.

P.- ¿A qué alegrías te refieres?

R.- Por ejemplo, en 1974, Leocadio Machado me presentó al Premio Italia, con un reportaje sobre el toro de lidia que hice en los alrededores de Ciudad Rodrigo (Salamanca).

«Mientras aquí cortábamos con la tijera las cintas y las pegábamos, en Alemania lo hacían de manera automática»

P.- Para ti, la radio es emoción y sonido de la calle. ¿No se está perdiendo esto último?

R.- Se ha dejado de hacer un poco. Algunos lo cuidan más que otros. En Onda Cero se está cuidando más en algunos programas, cosa que se agradece mucho. Cuando el chapapote en Galicia, eran todo voces, barcos, olas, voluntarios, playas, el nerviosismo que había… Todo eso se transmite a base de mucho esfuerzo, pero el micrófono también hace su labor. Pones un micrófono donde está ocurriendo algo y no tienes que andar contando mucha historia, ni haciendo el Vito Quiles. Lo pones y ya sale. Una de las cosas que yo siempre decía en los Cursos de Verano de la Complutense a los alumnos es que, cuando se sale a la calle y hay charcos, hay que mojarse. Hay que pisar charcos y pisar cristales. Que se oigan los cristales rotos. Pero se ha pasado de meternos en los charcos y de pisar los cristales a no meter más vida. Ese es un efecto colateral. El problema que tenemos en España con el sonido, sobre todo en el cine, es inaudito. En Alemania, los estudios de radio, en los setenta, eran otra historia. Tenían unos equipos, unos estudios, unos Nagras, una manera de montar… Mientras aquí estábamos con la tijera cortando cintas y pegando, allí lo hacían todo automático en los propios magnetofones. El sonido se cuidaba muchísimo. No te digo ya la BBC, por ejemplo. Aquí eso lo hemos cuidado muy mal. Todavía oyes tertulias y programas de radio en los que aparece cualquier voz. Tienen tres invitados y a lo mejor un solo micrófono. Por lo menos que se acerquen al micrófono. 

«Eduardo Sotillos tenía la imagen de que en Radio 3 estábamos el lumpen, los drogotas y los maricones»

P.- Tengo por aquí fotos tuyas, sacadas de mi archivo, de cuando hacías La Barraca en Radio 3 (RNE).

R.- Durante aquellos años —1984 y 1985— tuve la suerte de ser un poco la referencia. En esa foto están Javier Rioyo, Pedro Atienza, experto en flamenco que desgraciadamente se nos ha ido, y Salvador Valdés, que ha trabajado en programas culturales de TVE.

Javier Rioyo, Manolo Ferreras, Juan Atienza y Salvador Valdés en Radio 3, año 1982. / Foto: Javier del Castillo.

P.- Tus inicios en Radio 3 fueron rompedores. Javier Rioyo comentaba aquí, en Fuera de Micrófono, los dolores de cabeza que le dabais al entonces director general de RTVE, José María Calviño.

R.- Calviño me quería mucho y me hacía muchas bromas. Los guerristas me apreciaban bastante y por eso, cuando llegaron los reformistas, con Jordi García Candáu, tuvimos problemas gordos. Y con el propio, Fernando G. Delgado, otro que se nos ha ido. Fernando me ayudó muchísimo, igual que su antecesor, Eduardo Sotillos. Cuando llegó Calviño, Tom Martín Benítez, su jefe de gabinete, le dijo: «Mira, José María, si quieres pegar el golpe en las mañanas de Radio 1, mete a Ferreras y a su equipo que te la van a liar». Efectivamente, la liamos nada más empezar. Estaba entonces el juicio de Banca Catalana y los palos a Jordi Pujol fueron de la leche. Pero Sotillos me llamó inmediatamente y me dijo: «Esto no puede ser; no vais a poder seguir aquí». Tenían la imagen de que en Radio 3 estábamos el lumpen, los drogotas, los maricones, los no sé qué. Pero luego nos llevamos muy bien. Se lo reproché un tiempo, pero han pasado muchos años y conviene olvidar. Entonces, nos quitó de las mañanas de Radio 1. Duramos tres meses. Luego, nos tocó la noche, cuando se marchó El loco a la colina (Jesús Quintero), y duramos dos meses.

P.- En la década de los 80, que tu defines como «auténtica primavera» murió mucha gente joven por culpa de la droga.

R.- La heroína y el sida hicieron mucho daño. Me acuerdo de un chavalillo que vino con su madre que ya tenía el sarcoma del sida. Esto fue en el 86, con Iñaki Gabilondo en la SER. Fueron lágrimas, y lo peor es que a los cuatro o cinco días murió el chaval. Pero, de esas, muchísimas. Los chavales con los que habías estado grabando reportajes en barrios, poco tiempo después te comunicaban que se habían ido. Una vez, fui a hacer un reportaje en el Cementerio Sur de Madrid, coincidiendo con el Día de Difuntos, y casi todas las madres confesaban que sus hijos habían sido víctimas de la heroína. Era terrible. No hay ninguna etapa gloriosa, fantástica.

«Luis del Olmo era un padrazo; nunca te ofendía ni te levantaba la voz»

P.- Has trabajado al lado de grandes estrellas de la radio: Luis del Olmo, Iñaki Gabilondo, Jesús Quintero, Eduardo Sotillos… ¿Con cuál de ellos te entendías mejor?

R.- Con Iñaki tuve algún problemilla. Con el que mejor me llevaba era con Luis del Olmo. Estuve muchas veces en su casa, con su mujer y con los niños. Alguno ni había nacido. Luis era como un padrazo, no te ofendía nunca, ni te levantaba la voz. En el día a día, las refriegas esas del nerviosismo, de por qué vas a tener de invitado a no sé quién, creaban problemas. En la etapa de la Transición, con Mercedes Milá, estábamos en días alternos con Luis del Olmo. Entonces, entrábamos con personajes como el fiscal Chamorro y gente de ese tipo, o poetas como Gabriel Celaya y Carmen Conde. Carmen Conde salió un día con una mala leche de un estudio… Con Iñaki me he llevado muy bien, pero a veces, en el fragor de la batalla del directo, se dicen muchas cosas de las que después te arrepientes de haberlas dicho.

P.- ¿Fue difícil dar el salto de RNE a una cadena comercial, como la SER?

R.- Aprendí mucho, pero fue un error. Y fue un error por rebote de Eduardo Sotillos. Nos quitó de la mañana, nos decía lo que teníamos que hacer por la tarde, en La Ventana, que ahora existe en la Cadena SER. Se la llevó de RNE Julio César Iglesias. Creo que fue así, porque a veces se me cruzan los canales. Se llevó La Ventana, que estuvo haciendo en la SER, y ahí se ha quedado. Yo con Augusto Delkáder me he llevado muy bien. Hice reportajes muy potentes y muy buenos para lo que se llamó La Descubierta de Hoy por hoy, con Iñaki Gabilondo. Delkáder me mandó como enviado especial al entierro de Salvador Dalí, igual que me mandó a Brasil a buscar a los perseguidos por la justicia que tanto salían en Interviú, como El Dioni. Todo eso era cosa de Delkáder. De repente decía: Manolito, vete para allá. A mí nunca me ha importado cortar. Veo a gente que lleva 30 o 40 años haciendo lo mismo. Yo me hubiera aburrido. Cada año o año y medio iba cambiando. A veces, estaba en cuatro o cinco programas.

Manolo Ferreras. | Kevin Borja

P.- ¿Cuántos reportajes calculas que habrás hecho durante tus años en activo?

R.- Unos 6.000 reportajes. He estado en muchos sitios. En todo lo que ha sido la ampliación de Europa, después en Turquía, Marruecos, en el retorno de los inmigrantes a Ecuador, el 11-S en Nueva York, en el aniversario de Mayo del 68 en París. Todo esto me ha tocado. Ha sido mucho trotar de aquí para allá. A lo mejor, he sido demasiado inquieto, y conviene relajarse porque, si no, al oyente lo vuelves loco. Tomás Martín Blanco, director de Programas de la SER, me decía: «No se puede estar cambiando de caballo continuamente porque no te sellan. Si tienes que estar aquí dentro del estudio, no te vayas al Retiro, a la estatua del Demonio. No, no, quédate en el estudio». Yo le decía: «Pero el programa lo empezamos desde allí». 

P.- Una curiosidad. ¿Por qué al programa La Barraca se le cambió el título y se le puso Tiempos Modernos?

R.- Llegó Eduardo García Matilla a la dirección de Radio 3 y me dijo que había que renovar aquello. Entre los oyentes de La Barraca, teníamos seguramente demasiados abertzales del País Vasco. Contábamos con mucha audiencia en las universidades. Y de las universidades te salen después los Pablo Iglesias. Estaba empezando La Movida y era oportunísimo hacer aquel cambio. Pero, claro, había que venderlo. Hicimos un viaje a Mojácar (Almería), al paraíso de Begoña Gómez y del señorito que la acompaña —bueno, también Alfonso Guerra, iba mucho— y nos pasamos allí tres días pensando qué hacer. De ahí salió el nombre de Tiempos Modernos. Empezamos a renovarlo todo, incluidos los invitados. Uno de los primeros invitados que tuvimos en Tiempos Modernos fue Alejandro Amenábar. Por supuesto, Pedro Almodóvar y Alaska, que ahora la tengo de vecina, nos oían. Todos los de la Movida.

P.- ¿Qué programas de radio escuchas ahora?

R.- Por la mañana escucho mucho a Carlos Alsina en Más de Uno (Onda Cero) y por la tarde a Rafa Latorre, en La Brújula. A partir de ahí, mucho podcast, programas de historia y series, todas las que quieras. Ahora estoy viendo Teherán, una serie fuertísima.

P.- Después de tantos años en La Casa de la Radio (Prado del Rey), ¿no te da pena la caída imparable de audiencia de RNE? ¿Cuál crees que está siendo la causa?

R.- Sin ninguna duda, la política. A mí me dieron la jubilación anticipada, en aquella operación escabrosa e indigna de José Luis Rodríguez Zapatero para poner en marcha y beneficiar a La Sexta. Nos largaron a cuatro mil y pico profesionales. Pero, ¡cómo no me iba yo a ir, si tenía diabetes y problemas de circulación! Me ponía muy nervioso y fumaba muchísimo. Entonces, dije: «Un día me voy a quedar con el micrófono en la calle».

«Rodríguez Zapatero se cargó RTVE para hacer La Sexta»

P.- ¿Qué estabas haciendo en 2009, cuando te incluyeron en el ERE?

R.- Venía de Cuba —donde hice un reportaje que fue Premio Italia—, de Cuba, del País Vasco, de Nueva York, de Senegal, de Marruecos, siendo director de RNE Pedro Piqueras. Entonces, no te quedabas arrinconado en un sitio, por más que hubieras hecho o fueras lo que fueras. Puedes estar arriba o acabar en el archivo sonoro haciendo fichas. 

P.- ¿Cómo puede prescindirse de profesionales de cincuenta y tantos años, con talento, que pueden enseñar a otros?

R.- Aquello fue una operación muy guarrilla. No fue por edadismo. Quisieron cargarse RTVE y tengo mis dudas de que, efectivamente, no se la hayan cargado. Zapatero, con José Miguel Contreras, Miguel Barroso y toda la panda del entorno de Moncloa, se cargaron RTVE para hacer La Sexta. Zapatero es un insensato y le acabará saliendo la mierda que hay en Venezuela y en República Dominicana. Llegó un momento en que los sindicatos estaban presionando ya tanto —sobre todo Comisiones Obreras—, que nos lo ponían en bandeja para irte a casita y decirles hasta luego. He trabajado 35 años en la casa y se acabó. Los sindicatos seguían presionando más y más, y llegó un momento en que Zapatero dijo: «Darles lo que pidan». Nos dieron el 100%. Nos llamaban los jubilados de oro porque cobrábamos lo mismo que antes de que nos echaran. Entonces, claro, a vivir la vida. Allá vosotros lo que hacéis con esto. Porque, ¡qué vas a hacer! Llegó Luis Fernández a la Dirección General y en varias reuniones, según me contaron algunos excompañeros, preguntó: «¿Por qué cojones se ha ido Manolo Ferreras?» Pues, me fui porque había que irse. Porque, para estar yendo allí unas horas al ordenador y no hacer nada, me quedo en casa. 

P.- El paso siguiente fue reinventarte. Creo que te has dedicado a pintar.

R.- Era una forma de ocupar el tiempo. Y las redes sociales… Ahora, ni se me ocurre asomarme a una red, porque es la hostia. Como empecé a pintar enseguida, hicimos una página de arte. Estuve pintando durante tres años. Creo que pinté unos ciento y pico cuadros. Sobre todo, hacía impresionismo y arte posfigurativo. Copiaba mucho y salían cosas que yo decía: «¿De dónde ha salido esto?».

«Venían de los despachos al estudio a decirnos: ‘Ya está bien, ¿qué estáis haciendo?’»

P.- ¿Fuiste más libre con La Barraca y Tiempos Modernos que en la etapa final del Gobierno de Felipe González?

R.- Los ochenta fueron años muy tensos, porque se estaba rompiendo con muchos moldes. Estaba todavía la generación anterior y estaba lo nuevo. Entonces, se producían choques por cualquier cosa. No les gustaba lo que hacíamos y se organizaban broncas. En algún programa, he tenido a gente que venía de los despachos al estudio diciendo: «¡Qué hacéis, ya está bien!». En la etapa de Luis del Olmo —lo ha contado él alguna vez— nos llamaban a capítulo casi todos los días. Estabas acabando de hacer una entrevista y te decían: «Sube al despacho». Y bronca que te crío. Te preguntaban si estabas metido en algún partido político. Pero, ¿por qué tenías que estar en un partido político? Y, si estabas, te echaban. Javier Rioyo os contaba aquí la etapa en que militaba en la Liga Comunista Revolucionaria. Beatriz Pécker era también de la LCR. Eran años de juventud y cada uno pertenecía a distintos partidos.

«El chulo de Pucela, Óscar Puente, va por ahí diciendo barbaridades»

P.- Entonces, era más fácil llevarse bien con gente que pensaba distinto.

R.- Ahora, hay una polarización terrible. La gente está aquí o allá. No hay manera de que ninguno se baje del caballo.  Creo que hay mucho interés de que así sea: gente a la que le va bien con estos o con los otros. Pero es una pena lo que está pasando. Yo, ahora mismo, no tendría que estar aquí, perdóname. Tendría que estar en La Carihuela (Torremolinos) comiendo pescadito frito o paseando con mi perrillo por la playa, al lado de Benalmádena. ¿Por qué no he ido? Te lo voy a contar. Con 46 muertos, las vías férreas cómo están, el chulo este de Pucela, Óscar Puente, donde pasé tantos años, diciendo las barbaridades que dice… La gestión que han hecho de los ferrocarriles. Y no sólo de eso: mira las carreteras o las presas. Pero, ¡qué coño es esto! ¿Dónde está el dinero, con la gran deuda que tenemos? ¿Qué ha pasado? Me temo que de aquí a un tiempo irá saliendo mierda, pero de narices. No entiendo lo que ha pasado y lo mal que han gestionado. Mucho hablar de igualdad —la ley famosa del ‘solo sí es sí’—, mucho matrimonio igualitario, pero eso viene de por sí. Lo habéis hecho vosotros y lo han hecho otros muchos países en Europa y en el mundo. La socialdemocracia va de culo. Sin embargo, no se ocupan de otras cosas de las que se tenían que ocupar. Por eso, la gente mira a Santiago Abascal. Yo a Santiago Abascal lo conozco mucho.  

P.- ¿Has cambiado de ideología?

R.- No. Yo conocí a Santiago Abascal, a su padre, que ya falleció, a su madre y hasta a su abueliña, como la llamaba él, cuando estaban señalados ellos y sus caballos por ETA. He tenido que ir acompañado por guardias civiles algunas veces. La Mertxe Aizpurua esta, nos señalaba. A mí me señalaron hasta tres veces en el diario Gara. Tenías que ir con cuidado porque esta gente no se andaba con chiquitas. El Abascal que yo conocí entonces no tiene nada que ver con el Abascal de ahora. ¿De dónde ha salido? Se le ha subido la locura radical a la cabeza. Encima, le llegan los aires de Donald Trump y de otros líderes de extrema derecha… No se comen a nadie, aunque, si pueden, apalean a algunos. 

«Así no se puede tener al país; el tema de la vivienda es sangrante»

P.- ¿Qué se ha hecho mal para que florezcan estas formaciones radicales?

R.- Son todo paripés. ¿Cuántas viviendas públicas ha hecho Pedro Sánchez? Acaba de anunciar otras 15.000. Engañan a la gente. Hacen las 500 primeras. Miles de millones… Así no se puede tener al país. El tema de la vivienda es sangrante.

P.- Si pudieras retroceder en el tiempo, ¿con qué etapa de tu vida profesional te quedarías?

R.- Hubo una etapa, de la que se habla muy poco. Tuve un programa en Radio 1: Calle a calle. Duraba una hora y se emitía a las 12 del mediodía, igual que La España en blanco y negro. Fue una gozada porque era sentir la radio a todos los niveles, con mezcla de géneros. Te ibas a Estambul, por ejemplo, y grababas los sonidos del Bazar, los sonidos del Bósforo, entrevistas y actuaciones con bailaores españoles en directo. Y todo esto dentro de la habitación de un hotel. Era una maravilla, un espectáculo de sonido, y te lo pasabas bomba. Igual que digo Estambul, te digo los endemoniados de Corpiño (Pontevedra) o PortAventura (Salou). La radio así planteada la puedes hacer en cualquier sitio.

«Después de haber estado en la intensidad de la información, se pasa mal. Intentas cubrir ese vacío con todo lo que pillas»

P.- ¿Cómo influye Internet y las redes sociales en los medios de comunicación? ¿Se ha reducido el periodismo más pegado a la calle?

R.- Yo es que ahora no salgo nada a la calle.

P.- ¿Te da pereza?

R.- Estoy agotado, me cansa la gente. Ahora estoy hablando tanto porque hace muchos meses que no hablo. Me fastidia que estén todo el día recordándome historias. «¿Y tú por qué no haces esto; por qué no vuelves?». Dejadme en paz, hombre. Tengo otro problemilla que es la claudicación intermitente —no sé si has oído hablar de ella—, y cuando salgo a la calle me empieza a doler la cadera, la pantorrilla… Tienes que estar parándote en cada esquina. Así que me quedo en mi casita, donde estoy muy bien. Tengo además un ático con jardincito, casi como un huerto, en la Gran Vía.

«Me arrepiento de algunas mamarrachadas que he hecho para TVE»

P.- ¿Sigues con atención, desde la barrera, la actualidad?

R.- Cuando pasa algo, esa noche no duermo. Te imaginas que estás allí y tenías que hacer esto o lo otro. Si se hace bien, te alegras un montón y, si se hace mal, te da mucha pena. La radio la llevas siempre dentro. Es un gusanillo para toda la vida. Como decía Raymond Chandler, «todavía tenemos sueños, pero cada vez sabemos más que no existen», que se van todos a hacer gárgaras. Tampoco pasa nada porque los sueños se rompan. Y se rompen a veces demasiado. Hay gente que acaba destrozada y lo pasa muy mal. Después de haber estado en la intensidad de la información, se pasa mal. Por eso intentas cubrir ese vacío con todo lo que pillas.

P.- ¿Quién es para ti el mejor comunicador de radio en estos momentos?

R.- Carlos Alsina. Lo está haciendo muy bien. Algunas veces se pasa en algunas cosillas, pero todos tenemos historias. Es el que está más vivo. Carlos Herrera está más de salida.

P.- ¿No salen nuevas figuras?

R.- Hay mucha gente joven con grandes habilidades para comunicar, estar informados y saber de todo. ¿De dónde han salido? Ahora, la gente se comunica mucho mejor. Lo que más futuro tiene son las series y el cine. La radio también. Seguirá mucho tiempo porque es el medio imprescindible en un momento determinado. Pero, la tele se le está empezando a acercar.

P.- ¿Qué queda de aquel Manolo Ferreras que dejó Zamora para venir a Madrid y buscarse la vida con 18 años? ¿Te arrepientes de algo?

R.- Me he movido mucho por impulsos. Si te digo lo que hacía con 17 años, te llevas las manos a la cabeza. Me arrepiento de algunas cosas que he hecho para TVE, que han sido mamarrachadas. Pero qué le vamos a hacer.

«Hay que estar donde hay que estar, aunque hay quien prefiere ser estrella»

P.- Por cierto, trabajaste con Joaquín Soler Serrano en Siete Días.

R.- Fueron reportajes que sí merecían la pena. Pero también hice ¿Pero esto qué es? y Gran majísimo, con Fernando Navarrete. Con aquello de Las Lolas… El que escribía muchas preguntas era Javier Rioyo. Fue mi mano derecha y un descubrimiento. La mente que tenía Rioyo… Mira hasta dónde llegó después, y a dónde habría llegado, si las cosas no se hubieran torcido. La televisión espectáculo no me gusta nada. Me pongo nervioso y no me veo bien.

P.- Has estado muchas veces en la retaguardia, en segundo plano…

R.- Hay que estar donde hay que estar, aunque hay quien prefiere ser estrella.

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