The Objective
Fuera de micrófono

Gorka Zumeta: «A la radio le va bien la polarización; genera tensión y mala leche»

La vida de este donostiarra es la radio, y su página web sobre este medio una referencia para el sector

Su trayectoria profesional se inició en Radio San Sebastián en 1988. En 1990, Ramón Gabilondo —hermano de Iñaki y director de la emisora de Donostia—, le facilitó el traslado a la sede central de la Cadena SER, en Madrid. Aquello, recuerda Gorka Zumeta en Fuera de micrófono, fue como un balón de oxígeno, después de haber vivido años muy duros, entre atentados, funerales y amenazas terroristas.

Primero como redactor en la sección de Sociedad y Cultura, y posteriormente en puestos de responsabilidad, casi siempre al lado de su buen amigo Ramón, Zumeta aprendió a amar la radio. Incluso cuando ya estaba fuera de ella, víctima de un ajuste de plantilla en la SER que afectó a otros veteranos radiofonistas. «Cuando me echaron, en 2010, decidí quedarme en la radio. Dije: ‘Tengo que inventar algo para seguir conectado a ella’. Primero fue un blog y ese blog fue creciendo poco a poco», explica Zumeta. Hoy es una de las páginas webs de referencia para los profesionales del micrófono y para los oyentes más fieles de la radio.

Como profesional y estudioso del medio, Gorka Zumeta analiza en esta entrevista las preocupaciones y los retos que tiene planteados la radio española en estos momentos, entre ellos: las nuevas tecnologías, la brecha generacional y el envejecimiento de la audiencia, que afecta principalmente a las cadenas generalistas. A este donostiarra, de carácter sosegado y afable, se le nota de lejos su pasión por la radio. Podría estar hablando de sus experiencias y de cómo está evolucionando el mundo de la radio horas y horas. De ahí su extrañeza cuando le digo que tenemos que ir terminando.

Afirma que «muchos jóvenes descubrieron con el apagón de abril del año pasado la existencia de unos aparatitos a pilas llamados ‘transistores’», desde los que se cuenta lo que está pasando. También explica los beneficios que tiene para la radio la polarización. La tensión y la mala leche, en su opinión, aumentan el consumo de radio.

En cuanto a los magacines de la mañana, subraya la existencia de presiones, a la vez que confiesa que el «creador y protagonista de todo lo que vino después fue Luis del Olmo». Iñaki Gabilondo y Carlos Herrera han sido sus alumnos aventajados.

PREGUNTA.- Bienvenido a Fuera de micrófono.

RESPUESTA.- Muchísimas gracias, Javier, por la invitación. Muy honrado. Tengo el síndrome del impostor, porque siempre he sido un secundario de la radio. Por lo tanto, no sé qué hago aquí contigo.

P.- Pues, tenía muchas ganas de que vinieras, entre otras cosas, porque haces una página web [www/gorkazumeta.com] muy interesante para los amantes de la radio. Tiene información, entrevistas, opinión…

R.- Hay de todo.  Cuando en 2010 me echaron de la SER, yo decidí quedarme en la radio.  La radio había sido, y sigue siendo, mi vida. Así que dije: «Tengo que inventar algo para mantenerme conectado a la radio». Al principio, era un blog que fue creciendo poco a poco.

P.- Comenzaste en Radio San Sebastián, emisora de la Cadena SER, en los años ochenta.

R.- En 1988 se convocó una plaza para redactor en Radio San Sebastián. Me entero de aquella circunstancia, me presento y la saco. Y, a partir de ahí, empieza mi historia en la SER. Fueron años muy duros.

Gorka Zumeta.

P.- Porque trabajabas en la redacción de Informativos, claro, y los atentados de ETA eran frecuentes.

R.- Teníamos la dinámica dinámica de atentados, reivindicaciones, funerales, homenajes y amenazas completamente asumida. Entonces, dos años después, mi propio director, Ramón Gabilondo, me ofreció venirme a Madrid para ocuparme de la sección de Cultura. En aquellas circunstancias, era un balón de oxígeno. Me vine, teóricamente, para seis meses y llevo aquí toda la vida.

«Llegué a Madrid como Paco Martínez Soria; sólo me faltaba la gallina»

P.- ¿Cómo fue tu aterrizaje en la sede central de la SER, donde estaba Iñaki Gabilondo?  

R.- Después vino su hermano, Ramón, para hacerse cargo de la dirección de Programas y me reclamó. Estaba en Informativos y pasé con Ramón a Programas. A mí me recibió, nada más entrar por el pasillo, el entonces director general de la SER, Eugenio Galdón. Llegué a Madrid como Paco Martínez Soria, con la maleta de cuerdas. Sólo me faltaba la gallina. El cateto que llega con la chapela calada, desde San Sebastián. También estaba allí Augusto Delkáder, responsable de Informativos. Había una mesa al fondo y oí que alguien me decía: «Gorki, Gorki, vente para aquí». Ese señor era Carlos Herrera que estaba haciendo entonces el programa Las coplas de mi SER. Con los años, como uno no deja deudas, va dejando amigos por el camino. No me puedo quejar, en absoluto, de los colegas ni de la buena gente que hay en el mundo de la radio.

P.- Buena parte de tu trayectoria transcurre en la SER, al lado de Ramón Gabilondo. ¿La figura de su hermano Iñaki le impidió ser más reconocido?

R.- Bueno. Fue director de Radio San Sebastián, director de Radio Bilbao y de todo el circuito de la SER en Vizcaya. También ha sido director de Programas y Operaciones de la Cadena SER y concluyó su carrera profesional como adjunto a la Dirección General. Es una trayectoria muy importante. Yo, con Ramón, tenía una conexión absoluta desde el principio y la sigo teniendo. Hasta hace poco, hemos estado haciendo una sección con Pepa Fernández en No es un día cualquiera, de Radio Nacional. Una sección dedicada a los gazapos de la radio. Los Gabilondo, además de ser donostiarras y compartir con ellos la nacencia, son muy buena gente. Nunca han olvidado quiénes son ni de dónde vienen. Pertenecen a una familia muy modesta, en la que los padres tuvieron que sacar adelante a nueve hijos. Eso no se les ha olvidado nunca. Es muy fácil trabajar con ellos. Muy fácil. Evidentemente, Iñaki es el gran referente. Un referente fundamental, y el más conocido de los hermanos, pero luego están Ramón y Pedro, que fue subdirector de El Diario Vasco

«Los gazapos son una escuela. Te enseñan lo que no hay que hacer en el mundo de la radio»

P.- Publicaste con Ramón un libro que se tituló El estupidiario, en el que se recogían gazapos de la radio.

R.- Fueron dos libros. Después del exitazo del primero, la editorial nos publicó una segunda entrega. El libro se acompañaba de una casete. Creo que el interés del libro estaba más en la casete. Para qué vamos a engañarnos. Luego, había una transcripción, un comentario jocoso, etc. La idea fue de Iñaki Gabilondo. A raíz de uno de los libros que se habían publicado sobre Iñaki, creo que Ciudadano en la Gran Vía (Editorial Aguilar), empezó a contar anécdotas de gazapos de radio y a la editora se le encendió la bombilla. Iñaki le dijo: «Yo no te lo voy a escribir, porque no tengo tiempo, pero sé quién te lo puede hacer». Se lo dijo a su hermano Ramón y este nos llamó a Luis del Val y a mí para hacer el primer libro. 

P.- Hay gazapos que parecen increíbles.

R.- Sí, sí, son verdaderas coladas. Muchos de los gazapos son didácticos. Te enseñan lo que no hay que hacer en el mundo de la radio. Son una escuela. Al final, vas sacándole punta a todo ello.

P.- ¿Qué diagnóstico haces de la radio en estos momentos? 

R.- No hay más que asomarse al Estudio General de Medios (EGM) para darse cuenta que hay casi 23 millones y medio de personas mayores de 14 años que escuchan la radio de lunes a viernes. Son cifras oficiales. Si ponemos en duda la fiabilidad del EGM, otro de nuestros deportes nacionales, no tenemos a qué asirnos. El EGM representa la planificación publicitaria de toda la radio. Afortunadamente, la medición de la audiencia se hace cada tres meses, porque la radio sería muy diferente, si tuviera un tipo de medición similar al de la televisión. La tiranía de la audiencia se impondría y haríamos otra radio diferente. Al hacer la encuesta cada tres meses, da tiempo a que una programación se asiente; a que un programa crezca y se comunique con sus oyentes. Desde este punto de vista, ahora mismo la radio está muy bien. ¿Por qué tiene grandes audiencias? Habría que hablar de una enorme tensión política y de la necesidad de consumir radio hablada. En la radio musical hay que tener en cuenta la amenaza de las plataformas y la competencia bestial que sufre por la nueva forma de consumo de radio. Me refiero a la radio bajo demanda: el podcast y las plataformas de la música. La radio tiene amenazas. Una de las más graves es que la radio en los coches aparecerá en una pantalla, junto a 15 o 20 iconos más. Es decir, ya no va a ser tan intuitiva. 

«Carlos Herrera se llevó casi un millón de oyentes a la Cope cuando se marchó de Onda Cero»

P.- La edad media de los oyentes de la radio generalista ronda los 50 años. ¿Por qué los jóvenes pasan de ella?

R.- Hay una brecha generacional. Hay nativos digitales y otros que no somos nativos digitales. Somos, como mucho, aprendices de lo digital. De hecho, la radio sigue siendo analógica. La radio por internet, medida por el EGM, tiene tres millones y pico de oyentes. Estamos en un 13% de audiencia que escucha la radio a través internet. ¿Por qué ocurre esto? Pues, porque hay una generación que no se ha acercado a la radio. La radio es un hábito. Te levantas por la mañana, vas al baño o a la cocina, enciendes la luz y pones la radio. El lugar donde más se escucha la radio hablada es en la casa. 

P.- La radio se resiste a los cambios. ¿Prefiere no correr riesgos?

R.- Virgencita, virgencita, que me dejen como estoy. Carlos Herrera se marchó de Onda Cero a la COPE y se llevó con él a casi un millón de oyentes en el primer EGM. Fue algo espectacular. La radio se juega muchísimo dinero en las mañanas. Es el prime time. Experimentos con gaseosa, no con el principal sustento de una emisora que es la programación matinal. El deporte del fin de semana, la noche un poco, pero está clarísimo que donde está el cogollo de los ingresos es en la mañana. Ahí poca broma, poca broma.

«La radio del futuro será menos relevante e influyente»

P.- ¿Hay relevo para las grandes estrellas de la radio, Luis del Olmo, Iñaki Gabilondo o José María García? Quedan Carlos Herrera, Carlos Alsina y Federico Jiménez Losantos. 

R.- Y los que vengan después. Estamos viendo ya movimientos, con Aimar Bretos, en la SER, que hace una extraordinaria Hora 25. Con Rafa Latorre, en La Brújula de Onda CeroJorge Bustos ha entrado en COPE, para sustituir y complementar a Carlos Herrera. Hay movimientos de gente que, lógicamente, tiene que ir entrando porque empiezan a faltar profesionales que asuman esos tramos horarios. Y me parece muy bien. Además, el resultado es muy bueno. A Aimar le va bien, como a Rafa, que ha subido un montón; como ha subido también el tramo de Jorge Bustos en la COPE. Se están integrando muy bien en esa forma de hacer radio, en esa cultura radiofónica, donde los boomers somos la audiencia mayoritaria. En algún momento —y no está muy lejos—, Carles FrancinoÀngels Barceló, y el propio Carlos Herrera, desaparecerán y se producirá el relevo. Por mucho que diga Herrera, llegará un momento en que decida irse a la playa. El problema no es el relevo en los comunicadores, que tampoco es sencillo, sino el relevo de los oyentes. ¿Qué va a ocurrir con la audiencia de radio cuando desaparezcamos por el ciclo vital? ¿Habrá un relevo generacional de oyentes? Creo que no. Tal y como van las cosas, no pueden mantenerse los números que tiene ahora la radio. Será una radio menos millonaria en audiencia y, probablemente, menos relevante e influyente. Yo lo veo así, humildemente.

«El Grupo Prisa sólo tiene criterios de supervivencia económica»

P.- Las empresas, como te ocurrió a ti en la SER, prescinden de profesionales con experiencia. ¿Es por una cuestión económica o porque sus gestores desconocen el medio y sólo miran la cuenta de resultados?

R.- No vas desencaminado. Durante un tiempo era al revés. Tú en Onda Cero tuviste de directores a Fernando Ónega y a Javier González Ferrari. Son palabras mayúsculas. Se anteponía el criterio periodístico al criterio económico. Eso ha cambiado, porque las circunstancias han cambiado. Ahora, el mundo empresarial está dirigiendo sus pasos hacia los beneficios y las oportunidades. Con la llegada de Eugenio Galdón a la SER, cambia el ciclo de la SER de Eugenio Fontán a la SER del Grupo Prisa. Rápidamente, es relevado por el periodista Augusto Delkader. Y eso se nota. Como pasó con Daniel Gavela. Son distintos criterios de funcionamiento. También es cierto que esos directores periodistas tienen luego a un director financiero que les dice: «Hasta aquí y hasta aquí». En el caso de Atresmedia, Ramón Osorio no es periodista. Es un gestor. Y, en el caso de Prisa, hay un fondo de inversiones mayoritario en el accionariado que está buscando beneficios. No nos olvidemos. Un grupo, como Prisa, con una deuda cercana a los 800 millones de euros, heredada de la opa a Sogecable, ¡cómo va a tener criterios periodísticos! Tienen criterios de supervivencia económica.

Gorka Zumeta y Javier del Castillo.

P.- Manolo Ferreras, al que conoces bien, decía aquí, en Fuera de micrófono, que algunos jefes le impedían hacer los programas fuera del estudio. ¿Hay miedo a abrir los micrófonos a los oyentes?

R.- Hay diferentes experiencias. Javier del Pino, director de A vivir que son dos días, compañero del alma y gran amigo, me decía: «Yo no quiero salir fuera del estudio porque aquí lo controlo todo, y fuera voy a tener elementos que no controlo». Sin embargo, ahora está feliz cuando hace un programa fuera. Ha cambiado el chip. Pepa Fernández, por ejemplo, está mucho mejor fuera que dentro. No veas con qué cariño la reciben. Como si fuera una hermana, una madre o una amiga. Iñaki Gabilondo, cuando salió la primera vez, creo que fue a Málaga, le dijo a su hermano, Ramón, director de Programas: «Voy a salir, pero mi única condición es tener allí los mismos medios que tengo en el estudio». Muchas veces, los comunicadores tenemos miedo a perder el control. Cuando vemos que, tecnológicamente, eso está superado, uno se siente bien.

«Con el apagón de hace un año, muchos jóvenes descubrieron los transistores»

P.- Cuando se produce un gran acontecimiento, una tragedia, la radio se convierte en un medio casi imprescindible.

R.- Pero, ¿quién conecta la radio inmediatamente? Nuestra generación. Los jóvenes no lo hacen. Volvemos a los hábitos. La radio ha perdido el trono de la inmediatez. Ya no es la que te da las noticias. 

P.- Recuerdo la noche de los transistores, cuando el 23-F. 

R.- Claro, pero eso fue en el año 1981.

P.- … y el día del apagón, en el que la radio era lo único que no se apagaba.

R.- Con el apagón, muchos jóvenes descubrieron los transistores. Ese aparatito que va a pilas. ¡Anda!, si es una radio la que te cuenta lo que está pasando. Subieron el volumen de la radio en los coches para que la gente que se arremolinaba alrededor pudiera escuchar lo que estaba pasando. Eso es la radio. Ese es el protagonismo de la radio. Pero, quien enciende la radio para escuchar una noticia es nuestra generación. La generación de los mayores, pero no los más jóvenes, porque no tienen ese hábito. A través de las redes sociales o a través de san Google, recibimos el titular de la noticia, pero la radio es el siguiente medio al que se recurre para confirmarla. La radio, además, sigue siendo el medio más creíble.  Ese es su principal patrimonio. Como pierda ese patrimonio, la radio está perdida.

«Ir a por ti porque no piensas como yo es propio de una sociedad primitiva»

P.- ¿Cómo influye en la radio la polarización política que estamos viviendo? ¿Hasta qué punto obliga a las emisoras a estar en uno de los dos bandos?

R.- Creo que a la radio le viene bien la polarización, porque genera tensión; genera demanda de información y también mala leche. El consumo de radio hablada aumenta. En cuanto a la ideologización de la radio —yo estoy aquí y tú estás allí—, es fruto de esta situación. Me parece algo peligroso. Hay una encuesta del CIS [Centro de Investigaciones Sociológicas] que asocia a la SER con el centroizquierda, a la COPE con el centroderecha o derecha, y a Onda Cero con el centroizquierda o centroderecha, depende del comunicador que haga el programa. Eso provoca también una división en la audiencia. Si tú eres del PSOE, tienes que escuchar la SER. Si eres del PP, tienes que escuchar la COPE. Pues, no. En este momento, es muy recomendable escuchar todo y leer todo lo que puedas para formarte tu propia opinión. Porque estamos llegando al punto en el que nos están poniendo las orejeras y eso no puede ser. Es enormemente peligroso. En una sociedad democrática, yo no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defiendo tu libertad para decirlo. No ir a por ti, porque no piensas como yo es propio de una sociedad primitiva. Estamos volviendo hacia atrás, en ese sentido.

P.- ¿Quién es, para ti, el profesional más importante de la historia de radio en España?

R.- Es muy difícil decirlo. En la radio contemporánea —la que se está haciendo ahora mismo— todos hacen lo que se inventó un señor llamado Luis del Olmo. Lo reconoce Iñaki Gabilondo. Fue el inventor de todo. El inventor del camino que luego otros transitamos. Lo dice así Iñaki y es verdad. Luis crea el magacín radiofónico. Procede del mundo del entretenimiento y tiene que asumir la parte informativa. Iñaki era fuerte en la parte informativa y débil en la parte del magacín. Cuando los dos empiezan —esa batalla de ahora comenzamos a las ocho y luego a las siete y después a las seis—, se crean los grandes programas ómnibus de la mañana que todavía se mantienen. Los magacines matinales son herencia del señor Iñaki Gabilondo y del señor Luis del Olmo. El protagonista y creador de todo lo que vino después fue Luis del Olmo. Hay que citar también a Jorge Arandes, pues supone la base de toda la radio que se sigue haciendo hoy en España.

«El primero de la mañana, con Antonio Herrero, rompió los esquemas. Fue una auténtica ruptura»

P.- Respecto al adelanto horario en los magacines de Luis del Olmo y de Iñaki Gabilondo, creo que algo de culpa tuvo Antonio Herrero, con El primero de la mañana, que hacía en Antena 3 Radio.

R.- Me haces recordar un dicho muy bueno. Se decía que Antena 3 Radio era la cadena más erótica, porque empezabas con El primero de la mañana y terminabas con Polvo de estrellas. Sin duda, El primero de la mañana, con Antonio Herrero, rompió los esquemas. Fue una auténtica ruptura en la forma de hablar, en la forma de dirigirse a los oyentes. Supuso una gran apertura, hasta el punto de que Antena 3 superó en audiencia a la omnipotente Cadena SER, y se produjo su compra, por parte de Prisa. La operación Conde de Godó, que todos conocemos.

P.- ¿Por qué no se ha consolidado en España la radio digital, el DAB [transmisión digital de audio, por sus siglas en inglés], y sí lo ha hecho en Inglaterra?

R.- En Inglaterra, ahora mismo, es el canal que tiene más demanda. Suma un 42% en el último estudio de Rajar. La radio digital ha hecho que la oferta de radios aumente. Y no solamente eso, sino que la oferta radiofónica dirigida a un público específico, sobre todo juvenil, está consiguiendo que una nueva generación se acerque a la radio. Hay emisiones de radio en directo que se difunden simultáneamente por YouTube. Como muy bien dices, el Reino Unido es el país más avanzado en el desarrollo de la DAB. En España se corrió demasiado. Fue más una operación política del gobierno de José María Aznar. Se concedieron rápidamente frecuencias de DAB a determinados grupos. Grupos que no tenían una vida tan larga en radio, como la tenían Atresmedia, la COPE, la SER o Radio Nacional. Se introdujeron en el sector nuevos grupos de comunicación, como Unidad EditorialRecoletos, y algún otro que no recuerdo ahora mismo. Intereconomía, por ejemplo, tenía frecuencia de DAB. Pero la SER no la tenía para todos sus productos: Cadena Dial, 40 Principales, etc. ¿Cómo van a apostar la SER, COPE y Antena 3 por un nuevo canal en el que no iban a estar presentes todos sus productos? Además, nuevos operadores iban a competir con ellos en igualdad de condiciones, dentro de ese nuevo escenario. 

P.- En las concesiones, tanto de emisoras de radio como de televisión, ¿influye demasiado la política?

R.- Sin duda. Pero la DAB permite que todas las cadenas tengan sus productos en toda España. Eso ahora no ocurre en la FM.

P.- Los políticos intervienen en la selección de colaboradores y tertulianos de las propias cadenas de radio.

R.- Siempre hay una tensión y un enfrentamiento tácito entre el presentador del programa de la mañana y sus jefes. Si eso está engrasado y funciona bien, el programa funcionará y la cadena funcionará. Cuando se produce un enfrentamiento o un choque de intereses, la cosa tiene que orientarse hacia un lado o hacia otro.  Todos hemos conocido a directores generales que dijeron: a ese me lo tienes que quitar. No, yo no voy a quitarlo. Te corresponde a ti, como director general. Siempre ha habido presiones. Uno de los mejores periodos de RTVE fue durante la presidencia de Luis Fernández. Había sido mi director de Informativos. Luis dedicó todo su mandato a parar las presiones. Pero esas presiones del poder se van a producir siempre. Sobre todo en las emisoras afines ideológicamente al partido que en ese momento esté en el Gobierno.

«Radio Nacional ha dado bandazos y la radio necesita tiempo para ir creciendo»

P.- Radio Nacional de España ha ido perdiendo audiencia en los últimos años. ¿A qué se debe esa caída?

R.- En RNE ha habido bandazos. Cada director ponía a quien creía conveniente. Que tenían derecho, pero la radio necesita un tiempo para adaptarse e ir creciendo. No se puede cambiar todas las temporadas el programa de la mañana, que es donde se la juega una emisora. RNE tuvo a Alfredo Menéndez, ahora a Juan Ramón Lucas… Esos bandazos desorientan completamente al oyente. Los pobres abuelos, los pobres oyentes de Radio Nacional, terminan totalmente desorientados.

P.- Después de tantos años en la radio, ¿echas de menos ahora el micrófono?

R.- Lo que más echo de menos es el directo. Salir delante de un micrófono, como el que tenemos aquí, sin red. Es la vida misma. Estoy hablando con el que está al otro lado. Y eso no lo tiene, ni lo va a tener nunca, el podcast. La radio sería el pescado fresco y el podcast el pescado congelado. Pero hay que recordar que hay pescados congelados muy buenos.

«Herrera decía que iba a los programas de Luis del Olmo para ver cómo hacía la radio»

P.- El consumo de radio se realiza actualmente a través de distintos sistemas.

R.- Hay una dispersión de canales, incluso de oyentes. Te encuentras con gente que te dice: la radio ya no se escucha. No se escucha como antes, pero se escucha más que antes. El podcast y la conexión a la carta no tienen el control de cifras de oyentes de radio que sí se tiene con el EGM. Esto es un problema. El EGM ya ha introducido datos de streaming y, por tanto, datos reales de audiencia. Datos que no son producto de una encuesta. Por lo tanto, la precisión del EGM es ahora mayor. El siguiente paso, en el que están trabajando, es cómo cuantificar la audiencia del podcast. Son retos que tiene que seguir la radio para cuantificar su audiencia. Como decía aquel, lo que no se puede cuantificar no existe.

P.- Al final, lo importante es llegar a más gente, por distintos canales.

R.- Lo que yo creo que peligra es el directo. Antes, el directo era el leitmotiv, el atractivo de la radio; levantarte por la mañana y escuchar las noticias. Eso ahora ya no es suficientemente atractivo. Los que hemos vivido esa radio, que no tenía un hijo menor, como el podcast, no acabamos de entenderlo. Pero es ley de vida. Carlos Herrera decía que se iba a los programas de Luis del Olmo para ver cómo hacía la radio. Ahí empieza realmente la carrera de Herrera, que dejó la medicina, para dedicarse a la radio.

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