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Alfa Romeo lleva al Giulia Quadrifoglio a su versión más extrema: el Luna Rossa

Los italianos llevan al límite su berlina más celebrada inspirado en el célebre barco de competición

Alfa Romeo lleva al Giulia Quadrifoglio a su versión más extrema: el Luna Rossa

Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio.

Solo los italianos son capaces de hacer algo así. Otros hacen cosas realmente buenas, pero el grado de fascinación que son capaces de generar con sus diseños solo lo consiguen ellos. Nadie como los transalpinos da ese toque tan único a sus coches, esa alma. Un ejemplo es el de Alfa Romeo, que se ha pasado el juego con este Giulia Quadrifoglio Luna Rossa.

Hasta los fans más acérrimos de la marca se han estremecido al ver la figura de una de las mejores berlinas del mercado. Con líneas únicas y personales, habla de tú a tú a los siempre referentes diseños germanos, cuando no los deja atrás sobre el asfalto. El Giulia no ha tenido el éxito comercial que merece, pero da igual. Los de la Anonima Lombarda Fabbrica di Automobili han vestido de gala al modelo más celebrado de su actual catálogo… y lo han vuelto salvaje.

Con alma de bólido de carreras y cuerpo de escultura renacentista, ha nacido en colaboración de la marca y el equipo italiano de vela más prestigioso del planeta. De esta manera, para celebrar el éxito sobre las aguas, esta derivación del conocido Giulia se presenta como la berlina más extrema jamás creada por Alfa. Solo habrá diez unidades en todo el mundo, diez piezas únicas para coleccionistas con una brújula afinada hacia lo más loco que ha salido en años de sus mesas de diseño, ahora digitales.

El estreno ha sido en el Salón del Automóvil de Bruselas, donde Alfa Romeo mostró lo que sucede cuando se deja a los ingenieros jugar con materiales nobles, referencias náuticas y una obsesión milimétrica por la aerodinámica. El Giulia Quadrifoglio Luna Rossa es el primer proyecto del programa Bottegafuoriserie, la división artesanal que une a Alfa y Maserati bajo la bandera del exceso, la tradición y el futuro.

Para empezar, su pintura bitono iridiscente cambia de tono como el casco de un barco de competición bajo el sol. Los detalles rojos ondean sobre el gris metálico. El capó, el techo y la zaga, acabados en negro mate, se funden con las piezas de fibra de carbono visible, como hecha con el mismo material del barco de carreras AC75. Hasta el logo de Alfa se baña en rojo.

El impacto visual se multiplica en la parte trasera, donde un alerón de doble perfil emerge sin reservas. Inspirado en los foils —las derivas hidrodinámicas del Luna Rossa que levantan la embarcación sobre el agua—, este apéndice no sirve para volar, sino para aplastar el coche contra el asfalto. Solo este ala trasera aporta 140 kilos de carga aerodinámica a 300 km/h, cinco veces más que el Giulia Quadrifoglio convencional.

La delantera tampoco escapa a la cirugía. Derivas tipo canard en las esquinas del parachoques, un splitter más agresivo, perfiladores bajo la carrocería y faldones laterales completan el paquete aerodinámico. Todo ha sido estudiado para guiar el aire como quien maneja una vela: sin turbulencias ni tampoco desperdicios. Solo vórtices útiles. El reparto de carga del 40 % en el eje delantero y 60 % trasero respeta la armonía del Giulia original, pero lo lleva al límite.

Las llantas de 19 pulgadas, rematadas en rojo en su parte central, hacen juego con la inscripción «Luna Rossa» que recorre los flancos. Nada aquí es gratuito, ni siquiera el techo, trazado a semejanza de la cubierta de un velero.

Una vez dentro, el salpicadero está acabado con una lámina original del tejido usado en las velas del Luna Rossa AC75. Una pieza real, mecanizada, pulida y encastrada en el corazón del coche. Los asientos Sparco, grises y negros con una franja roja central, evocan los chalecos salvavidas del equipo náutico. Todo huele a carbono, cuero, aluminio y viento salado. El túnel central, también en fibra, aloja el logo del equipo de vela, como recordatorio de que esta colaboración no es solo estética.

Bajo el capó, nada nuevo, pero nada menor. El incombustible motor V6 biturbo de 2,9 litros, nacido con ADN Ferrari, sigue latiendo con la energía que se espera de un Alfa. Entrega 520 caballos al eje trasero, asistido por un diferencial autoblocante mecánico que da sentido a cada curva y coherencia a cada exceso; muy pocos coches de este tipo empujan como este. La caja automática de ocho marchas cambia con precisión, y el escape Akrapovič, revestido también en carbono, no suena ni ruge, sino que abruma hasta a un artillero del Ejército de Tierra.

Un motor prodigioso

Este V6 no es solo potencia, sino carácter. Su empuje lineal, su elasticidad y esa capacidad para impulsar con energía desde bajas vueltas convierten cada aceleración en una prueba de fuerza. El diferencial autoblocante, heredado de la actualización de 2024, permite una transmisión de par más precisa, lo que mejora la tracción en curva. Es un coche que no solo quiere ir rápido en línea recta, sino que busca el vértice de cada curva con ganas de marear a sus ocupantes.

El chasis no se ha modificado respecto al Giulia Quadrifoglio original, pero eso no implica debilidad. Más bien lo contrario. El equilibrio sigue siendo una de sus principales virtudes, con una suspensión adaptativa que permite alternar entre lo civilizado y lo brutal según el modo de conducción. La dirección es directa y muy comunicativa. Y el sistema de frenos, dimensionado para soportar los excesos propios de la conducción en circuito, se mantiene como un ancla eficaz ante los 300 km/h que esta berlina es capaz de alcanzar. Poca broma.

Un rediseño y algo más

Podría parecer un simple rediseño sobre una base conocida, pero eso sería como decir que una vela es solo una tela al viento. El Luna Rossa es otra cosa: es el compendio de la deportividad italiana llevada al límite y, aunque no mejora en cifras puras respecto al Quadrifoglio GTAm, sí lo supera en alma, algo muy difícil de insuflar en una máquina.

El precio no se ha comunicado, pero no es necesario. Las diez unidades están vendidas desde antes de nacer. Probablemente, ninguna de ellas ruede más de mil kilómetros en su vida, pero no importa. Los alfistas, que son muchos y fieles, ya tienen otro referente con el que soñar cada noche. Todos menos esa decena de afortunados, que sí lo podrán sacar a la calle. Qué suerte tienen algunos.

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