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Motor

El Jarama verá la carrera más silenciosa de su historia con todas las entradas vendidas

Las gradas del venerable trazado madrileño van a ser testigos de la prueba con los coches eléctricos más veloces

El Jarama verá la carrera más silenciosa de su historia con todas las entradas vendidas

Un piloto de Fórmula E durante los test. | Paulo Maria / DPPI

Va a ser el año más rápido de la historia de Madrid. Si la Fórmula 1 llega en septiembre, a modo de aperitivo, este fin de semana el circuito del Jarama acogerá una prueba de la Fórmula E. Las gradas del venerable trazado madrileño van a ser testigos de la carrera más silenciosa de su historia, con los coches eléctricos más veloces del mundo. Y traen sorpresa: casi todas las entradas están vendidas.

Que se haya agotado el papel certifica una realidad palpable: hay ganas de velocidad. Para Alberto Longo, responsable de la categoría, y los gestores de su organización, ha sido un agradable regalo de bienvenida en el emblemático circuito. Con un precio de 60 euros la entrada más barata, y un descuento del 50% para menores de 25, a días de la cita cuesta trabajo encontrar un asiento libre en cualquier zona de la pista.

El beneficio colateral de esta visita es que la Fórmula E parece estar diseñada para agradar a unos vecinos incómodos. Desde hace años, los propietarios de las edificaciones y hogares aledaños a la pista mantienen un contencioso con la pista de carreras que se instaló allí cuando era un erial.

Al calor de su actividad, pared con pared se instaló la urbanización RACE, que no solo significa «carrera» en inglés, sino que es el acrónimo del Real Automóvil Club de España, propietario de las instalaciones. A alguien le pareció mal que en un circuito de carreras se hicieran carreras, que generan ruido. Denunció las molestias y, desde entonces, la pista tiene limitados los días en que los aceleradores se pueden pisar sin piedad.

Los apenas 20 días en los que se puede correr a placer en un trazado único saben a muy poco. La alternativa es rodar con limitadores de decibelios en los tubos de escape, pasar sin correr por las zonas más cercanas a donde vive gente o rodar con vehículos que no suenen, como es el caso.

Si para algunos la ausencia de jaleo parece ser una maldición, en la tercera década del XXI, donde todos se molestan por todo, parece una bendición. Gracias a esta cualidad, este veloz espectáculo igual se disputa por las calles de Miami, Londres, Zúrich o Roma sin que nadie ponga el grito en el cielo, los medioambientalistas no se quejen y los únicos que se duelan sean los vecinos ante embotellamientos y calles cortadas.

Con estos antecedentes, este sábado, el asfalto del Jarama volverá a vibrar, pero jaleado por el futurista zumbido casi propio de naves espaciales cinematográficas más que de coches de carreras. El mundo gira, cambia, y donde antes olía a combustible y goma quemada, ahora se respira una mezcla de tecnología, energía y un futuro que ya no parece tan lejano.

Desde fuera, los monoplazas eléctricos pueden parecer menos espectaculares para el purista. No hay explosiones sonoras ni cambios de marcha que sacudan el pecho. Pero basta verlos en pista para entender que la velocidad sigue ahí, intacta. Es una experiencia distinta, más limpia, pero sigue manteniendo las bases del automovilismo: velocidad, riesgo, tecnología, impredecibilidad y competencia sobre el asfalto, casi los mismos elementos desde que se corría en cuadrigas en la antigua Roma.

En cuanto al diseño de estos coches, todo responde a la lógica de su cometido. Son afilados, compactos, con líneas que apuntan a la obsesión por la eficiencia. No buscan agradar a la vista de forma clásica, sino cortar el aire con la mínima resistencia posible. Son máquinas pensadas para exprimir cada vatio cargado en sus baterías.

De pobreza energética, nada

Una de las funciones clave de su piloto es la de gestionar y administrar la energía y la regeneración en las frenadas, dentro de una estrategia eléctrica que complicaría la vida a los técnicos de Red Eléctrica Española. La tecnología juega un papel central. Sistemas de recuperación de energía, modos de potencia ajustables, gestión térmica de baterías. Pero todo esto trae un regalo bajo el brazo.

Lo que se prueba aquí, en condiciones extremas, acaba filtrándose a los coches de calle. Y ese es, en el fondo, uno de los grandes argumentos de la Fórmula E: no es mero espectáculo, sino laboratorio. Motores eléctricos que entregan su potencia de forma instantánea, sin retrasos ni titubeos. Aceleraciones limpias, directas, sin procesos mecánicos con pérdidas de energía ni empuje, acabarán en nuestros coches de calle.

En cuanto a cifras, la categoría sigue creciendo. A cada generación de monoplazas llega más potencia, más eficiencia y más autonomía en carrera. Los avances son constantes, casi imperceptibles para el gran público, pero fundamentales para entender hacia dónde va la industria. No se trata solo de correr más, sino de hacerlo mejor, con menos impacto.

Ventajas socioambientales

En comparación con eventos clásicos del motor, aquí no hay rechazo vecinal, no hay debates sobre contaminación. Al contrario, parece que hay curiosidad y cierto interés por ver hasta dónde llega una tecnología hacia la que la industria de la automoción se dirige, guste o no.

También el perfil del aficionado cambia. El apasionado de siempre puede disfrutar de unas carreras que no acaba de aceptar como lo establecido, pero abre la puerta al interesado en tecnología, en sostenibilidad, en innovación. Es un público más amplio, más diverso, que conecta mejor con las nuevas generaciones. Lo que causa un rechazo que sí se refleja en los seguidores más veteranos de este deporte.

Al aliciente deportivo, se une que haya un español en pista: Pepe Martí. Procedente de la Fórmula 2, y tras correr durante años para la formación del desaparecido Adrián Campos, este milenial conecta muy bien con los de su generación y milita en la escudería Cupra Kiro.

Las carreras de (casi) siempre

Al final, todo se resume en una idea sencilla: el motor no desaparece, evoluciona. Cambia de forma, de sonido, de energía, pero sigue ahí y se añade a lo ya conocido; no desplaza, sino que complementa la oferta deportiva. Es la razón por la que marcas como DS, Citroën, Nissan o Porsche apuestan por estar presentes. No solo por tomar cuerpo en un espectáculo deportivo, sino por proyectar una imagen de modernidad, al tiempo que absorben soluciones técnicas aplicables en sus futuros modelos.

Los entremeses se sirvieron el pasado fin de semana en la calle del Doctor Esquerdo de Madrid, con una exhibición por parte de la piloto Tatiana Calderón. El plato fuerte es este fin de semana en el venerable circuito del Jarama, al que vuelven las carreras internacionales, de clase mundial, y con los coches menos ruidosos que jamás rodaron por allí.

Cada época marca su territorio, y la nuestra está mutando al silencio. Pero la velocidad y los adelantamientos seguirán allí, en Madrid. La cita es este sábado, con entrenamientos clasificatorios el viernes, y su nombre: Cupra Raval Madrid E-Prix. Ruidos aparte, todo lo demás es como las carreras de siempre. El que pise menos el acelerador, arriesgue menos en las curvas y frene antes, llegará el último. Esto no cambiará nunca.

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