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Mercedes renueva el GLE con seis cilindros de serie y tecnología de Clase S

El SUV más vendido de la marca mejora para seguir liderando una manada concurrida

Mercedes renueva el GLE con seis cilindros de serie y tecnología de Clase S

El nuevo Mercedes GLE.

El Mercedes-Benz GLE vuelve a escena. Una de las principales vértebras del negocio de Stuttgart cambia poco de forma aparente, pero mucho en realidad, para marcar territorio. Los alemanes no se conforman con vivir del prestigio, y este lavado de cara es más de lo que parece, con casi 3.000 componentes revisados. El GLE no cambia para gustar más, cambia para seguir mandando.

El Mercedes-Benz GLE no necesita presentación. Desde que la Clase M abrió este segmento en 1997, la familia ha vendido millones de unidades en todo el mundo y sigue siendo uno de los líderes a seguir. Con la llegada de algunos modelos orientales ambiciosos, BMW prepara ya un X5 de nueva generación y Audi mejora su producto; los de la estrella cromada necesitan avanzar.

El primer contacto visual deja claro por dónde van los tiros. El frontal gana presencia con una parrilla más grande, más marcada y con un patrón de estrellas que roza lo obsesivo. El logotipo central crece y ahora puede iluminarse. No es discreto, algo muy del gusto de mercados como el americano o el chino.

Los faros estrenan firma lumínica con motivos horizontales, diferenciándose del más grande GLS. Incorporan la tecnología Digital Light, que mejora tanto la visibilidad como la eficiencia energética, cada día más y más relevante. El paragolpes adopta formas más tensas, con detalles metálicos que le dan cierto toque deportivo sin caer en el exceso.

Hay un detalle curioso en el capó que genera cierta confusión. Esa pequeña hendidura que parece indicar que no está bien cerrado forma parte del diseño y cumple funciones aerodinámicas y de refrigeración. Es un guiño técnico que no todos entenderán, pero que demuestra que ningún detalle está puesto al azar. La longitud se mantiene en unos contundentes 4,92 metros, una cifra que lo sitúa en un punto límite que conjuga manejabilidad y presencia.

En la zaga, Mercedes ha optado por una solución algo más arriesgada. Los pilotos se rediseñan con los consabidos motivos en forma de estrella y quedan unidos por un panel negro. Es moderno, sí, pero también susceptible de acumular huellas y arañazos. No es la decisión más práctica, aunque sí aporta una identidad clara. El paragolpes trasero mantiene salidas de escape que, en muchos casos, son meros embellecedores.

En el interior, el salto cualitativo es evidente. El nuevo sistema MBUX Superscreen domina el salpicadero con tres pantallas unidas bajo una superficie de cristal. A diferencia de otras propuestas, hay botones físicos y mandos reales, de los que giran, se pulsan o se retuercen, y eso se agradece. El climatizador, por ejemplo, mantiene controles independientes, algo que evita que el conductor tenga que navegar por menús para ajustar la temperatura. Es un equilibrio entre lo digital y lo tangible que pocas marcas están logrando.

La calidad percibida mejora con la introducción de maderas y acabados mate que sustituyen al criticado negro brillante. Todo parece más natural, más cálido. Los asientos ofrecen múltiples configuraciones, con opciones de calefacción, ventilación y masaje, y pueden ir tapizados tanto en cuero como en materiales sintéticos, siempre de alta calidad, que esto es un Mercedes. La ergonomía está bien resuelta, con una posición de conducción elevada, pero sin perder cierta conexión con la carretera.

Las plazas traseras son uno de los grandes argumentos a favor del GLE. El espacio es generoso, tanto para piernas como para cabeza. La posibilidad de ajustar los asientos con un mecanismo eléctrico añade un plus de confort. Mercedes asegura que el volumen es comparable al de una berlina de lujo. El techo panorámico de serie aporta una luminosidad que amplifica la sensación de amplitud.

En cuanto al maletero, el GLE ofrece una capacidad que parte de los 630 litros y puede ampliarse hasta más de 800, dependiendo de la configuración de los asientos. Es práctico, bien aprovechado y con soluciones muy pulidas, como el abatimiento eléctrico de los respaldos. En las versiones híbridas enchufables se pierde algo de espacio, pero sigue siendo suficiente para un uso familiar.

En términos tecnológicos, el nuevo sistema MB.OS marca un antes y un después. Este superordenador integra inteligencia artificial capaz de aprender del conductor y anticipar sus necesidades. Las actualizaciones se realizan de forma remota, lo que permite que el coche evolucione con el tiempo. La navegación, basada en Google Maps, se integra de forma fluida y ofrece una experiencia más intuitiva que con la iteración previa. Mejora.

Pero si hay un apartado donde este GLE sorprende, es en las suspensiones. El sistema Airmatic ahora puede recopilar datos desde la nube para anticipar irregularidades del terreno. Si otro Mercedes ha pasado por un bache, el tuyo ya lo sabe. Es una idea que roza lo futurista, pero que tiene una aplicación práctica autoevidente: mejorar el confort de marcha. Y lo consigue. El coche parece flotar sobre el asfalto, incluso en las condiciones más complicadas.

La gama de motores se ha simplificado, pero sigue siendo amplia. El acceso queda reservado a un bloque de cuatro cilindros en algunos mercados, mientras que el grueso de la oferta se centra en los seis cilindros en línea de tres litros. Los híbridos enchufables abandonan los motores pequeños y adoptan esta arquitectura, con baterías de 25 kilovatios hora (kWh) que permiten recorrer unos 80 kilómetros en modo eléctrico. La tracción total es de serie, con un reparto de par que prioriza la potencia hacia el eje trasero.

Versiones muy deportivas

Las versiones AMG siguen presentes para quienes buscan algo más que confort. El AMG 53, disponible tanto en versión híbrida ligera como enchufable, ofrece prestaciones que ya entran en terrenos serios, con aceleraciones por debajo de los cinco segundos en el cero a cien; cifras de deportivos biplaza. El sonido, aunque más contenido, sigue teniendo carácter.

Frente a sus rivales, el GLE mantiene una posición sólida. El BMW X5 apuesta por una conducción más dinámica, con una dirección más comunicativa y un enfoque más deportivo. Sin embargo, el Mercedes responde con un confort superior, un aislamiento acústico más logrado y una tecnología más integrada. No busca ser el más rápido, sino el más completo.

Otra alternativa dentro de la propia marca es el Mercedes-Benz GLC, más compacto y accesible, pero también menos ambicioso en términos de espacio y presencia. El GLE juega en otra liga, donde el lujo y el refinamiento marcan la diferencia.

Precios acordes

El precio arranca en torno a los 85.000 euros, pero, como es habitual en Mercedes, la cifra final puede dispararse con facilidad… esos extras. El configurador ofrece múltiples opciones de personalización, desde paquetes estéticos hasta sistemas avanzados de asistencia. Es un coche que se adapta al cliente, aunque eso tenga un coste.

En definitiva, el nuevo GLE no es una revolución, pero tampoco lo necesita. Es una evolución bien ejecutada de un producto que ya era bueno. Mejora donde debía, mantiene lo que funcionaba y añade tecnología que aporta valor. No busca sorprender con fuegos artificiales, sino convencer con argumentos sólidos en una maraña de ofertas que cada día están más cerca. Por eso, el GLE necesita alejarse. Tiene motor para eso.

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