La izquierda española ante la revolución iraní
«Irene Montero, la exministra de Igualdad que tanto vocifera sobre el «patriarcado» en España, no ha dicho ni una palabra»

Protestas en Irán. | WANA (Reuters)
En las calles de Teherán y otras ciudades iraníes, el aire huele a libertad y a pólvora. Desde finales de diciembre de 2025, una oleada de protestas ha estallado en Irán, transformándose en lo que muchos ya llaman una revolución contra la teocracia dictatorial de los ayatolás. Mujeres valientes se quitan el velo obligatorio, desafiando a un régimen que las oprime bajo el yugo del machismo islámico más retrogrado. Jóvenes salen a las plazas con guitarras y baterías, tocando rock en público, un acto que en ese país es considerado un delito grave, punible con latigazos o prisión. Homosexuales perseguidos y condenados a muerte por su orientación sexual, se unen a las multitudes clamando por sus derechos. Y mientras tanto, en España, la izquierda, esa que se autoproclama defensora de los oprimidos, guarda un silencio patético, cómplice e interesado. ¿Por qué callan Podemos, Sumar y el PSOE ante la realidad de ese país, y reivindican los derechos de estos grupos sociales en España, donde saben que están reconocidos?
Irán vive bajo el régimen de los mulás desde la Revolución Islámica de 1979. Una dictadura teocrática que combina el fanatismo religioso con la represión brutal. La economía del país ha colapsado. La moneda, el rial, se ha desplomado, la inflación galopa por encima del 50%, y el desempleo juvenil roza el 30%. Las protestas, que comenzaron por la carestía de vida, han mutado en un rechazo frontal al sistema. Según informes de ONG como Amnistía Internacional, al menos hay 500 muertos en las últimas semanas, con más de 10.000 detenidos.
Pero lo más inspirador de lo que allí está pasando, y lo que debería avergonzar a nuestras feministas de salón, es el rol de las mujeres. Desde la muerte de Mahsa Amini en 2022, detenida por llevar mal el hiyab y golpeada hasta la muerte por la policía «moral», muchas mujeres están defendiendo su dignidad de manera heroica. En los últimos días, cientos de mujeres se quitan el velo en público, un acto de rebeldía que puede costarles la vida. Visten con pantalones vaqueros, camisetas y llevan el cabello al viento, al estilo occidental, ese que el régimen tacha de «decadente». Mujeres que prenden fuego a fotos del líder supremo, Ali Jamenei. Que fuman cigarrillos en las plazas, cosa que está prohibida para ellas, y lideran los cánticos contra la opresión. Este es el machismo real: un sistema que lapida a las adúlteras. Que les obliga a llevar el velo desde los nueve años, y trata a las mujeres como esclavas. ¿Dónde está el feminismo español de izquierdas? ¿Por qué no claman por ellas, como lo hacen por las mujeres españolas con los mismos derechos que los hombres?
Irene Montero, exministra de Igualdad y líder de Podemos, que tanto vocifera sobre el «patriarcado» en España, no ha dicho ni una palabra. Yolanda Díaz, de Sumar, ignora el clamor. Y Pedro Sánchez, del PSOE, acepta consejos de derechos humanos de Irán en foros internacionales mientras el régimen mata manifestantes. En 2020, se reveló que Irán inyectó al menos 9,3 millones de euros entre 2012 y 2015 a la productora 360 Global Media, vinculada a Pablo Iglesias, fundador de Podemos. Esta empresa produjo programas como La Tuerka y Fort Apache, emitidos en HispanTV, un canal financiado por el régimen iraní. Iglesias cobró personalmente unos 93.000 euros. El dinero llegó a través de 67 transferencias desde sociedades pantalla en paraísos fiscales, todo documentado por el Sepblac (Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales). Una inversión en propaganda. Iglesias defendía en sus programas al régimen de Teherán, ocultando sus abusos y atacando a Occidente. Hoy, con las calles iraníes en llamas, Iglesias guarda silencio.
Este silencio no es neutral, sino una traición a los valores universales. La izquierda española, cómoda en su burbuja, prefiere atacar a Israel o Estados Unidos, aliados en la lucha contra el yihadismo, antes que condenar ese régimen. La revolución iraní de principios de este año podría significar un cambio de paradigma. El fin de un régimen que amenaza los derechos humanos, y libera a 92 millones de personas. Mujeres sin velo y sin ser tratadas como esclavas, rock en plazas y una diversidad cultural e ideológica, homosexuales sin miedo. El Gobierno de España y sus socios deberían apoyarles, no ignorarlos. Pero mientras se ocultan, su hipocresía queda expuesta de manera cristalina.
