The Objective
Hastío y estío

El 'zasca' de Rosa Belmonte a Sarah Santaolalla

«En tiempos de una corrección moral y ética tan sesgada como interesada, la ironía certera es un acto de resistencia»

El ‘zasca’ de Rosa Belmonte a Sarah Santaolalla

Rosa Belmonte y Sarah Santaolalla.

El pasado martes en El hormiguero en su mesa habitual sobre actualidad política, estaban tratando la charla-entrevista que llevó a cabo el expresidente del Gobierno, Felipe González, en el Ateneo de Madrid. Allí soltó que si Pedro Sánchez era el candidato socialista, él votaría en blanco, pero jamás a ningún partido que no fuera el PSOE. Fue el momento en el que Pablo Motos dijo que había visto ese día por la mañana un programa de Cuatro donde una periodista tachaba a González de traidor. Fue cuando Rosa Belmonte le interrumpió para soltarle: «¿No te estarás refiriendo a la que es mitad tonta, mitad tetas?». Rubén Amón le advirtió de que esa frase se iba a viralizar, y así ha sido. La izquierda en las redes sociales le ha dicho de todo, y nada bueno, y un servidor se pregunta el porqué, si nunca un diagnóstico fue tan certero.

Rosa Belmonte dijo que estaba haciendo un homenaje al personaje de una serie, La maravillosa señora Maisel, que utilizaba esa frase para referirse a una mujer de esa ficción. La ironía suele acompañar a la murciana, y sabemos que es marca de la casa. No pueden aferrarse al machismo para criticarla, pues Rosa ha dado pruebas manifiestas en muchos de sus artículos de unos postulados donde la mujer debe ser tratada de manera justa, ni por encima ni por debajo. No es una feminista recalcitrante de esta última ola enloquecida, pero tampoco quiere pasar por alto cuando vea alguna discriminación por el género. Y es que su definición fue ajustadísima, y es lo que piensa la gran mayoría de la audiencia.

El éxito televisivo de Sarah Santaolalla es innegable. Ha estado prácticamente en todas las cadenas, y les puedo asegurar que las televisiones no son ONG. Se buscan personas que enganchen, que imanten a la pantalla al mayor número de espectadores posible, ya sea al pajillero o al que le gusta reírse de las barbaridades y tonterías que dice una tertuliana. Santaolalla es perfecta para estos dos tipos, a los que hay que añadir a los abducidos de su secta ideológica, que además la escuchan con una devoción casi religiosa.

La televisión es imagen sin profundidad, y ella ofrece ambas cosas. La gente que ve ese aparato sabe que no va a encontrarse con un análisis concienzudo sobre el tema que se esté tratando, sino un esbozo o pincelada donde el soporte principal es «lo que se ve» más que lo que se dice. La televisión es un medio de comunicación visual, y por tanto debe entrar por los ojos. Para el análisis sosegado ya está la prensa escrita o la radio, donde la vista «solo» mira el significado de las palabras para que después el cerebro las exprima hasta sacarles todo el jugo, o por el oído, escuchando de manera activa lo que se dice hasta hacerlo parte de la conversación interna con uno mismo.

Sarah Santaolalla seguro que sabe que esas son las razones por las que está en televisión. Puede que no sea el lápiz más afilado del estuche para hablar de política, pero sabe perfectamente lo que tiene que hacer para ser un producto televisivo ganador. No habíamos visto nunca una tertuliana política que defendiera oral y estéticamente lo choni y lo vulgar como lo ha hecho ella. Ha sido una pionera y eso hay que reconocérselo. Aire fresco en lo formal, aunque su fondo toque lo subterráneo.

Rosa Belmonte, además de ser una magnífica articulista, es también muy buena prescriptora cultural, tanto en la recomendación de libros, películas o series. Y eso fue lo que hizo: dar un apunte, una referencia a un producto cultural como es una serie, y asociarlo a una de las mujeres más mediáticas del momento en España. Culturizarnos y entretenernos a la vez, y eso no está pagado. Como sí lo están por todos nosotros las apariciones televisivas en el ente público de Sarah Santaolalla. Por eso un servidor está a favor de Rosa Belmonte. Porque en tiempos de una corrección moral y ética tan sesgada como interesada, la ironía certera es un acto de resistencia que practicar, y al que debemos agarrarnos todos.

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