The Objective
Análisis

Sánchez destierra a Zapatero, el nuevo «anecdótico»

Moncloa toma distancias y aplica el mismo cortafuegos que administró a Ábalos, Koldo, Cerdán y Salazar

Sánchez destierra a Zapatero, el nuevo «anecdótico»

Santos Cerdán junto a José Luis Rodríguez Zapatero en una imagen de archivo.

No. El PSOE no ha decidido recuperar a José Luis Rodríguez Zapatero para la campaña de Castilla y León. La decisión de contar con el expresidente, coach electoral de Sánchez el 23-J de 2023, tras ignorarle en Extremadura y Aragón, no ha sido de Ferraz, ni tampoco de la federación castellano y leonesa. Me cuentan que no es una decisión política, sino personal del secretario general del PSOE de León, Alfonso Javier Cendón, amigo y leal pupilo de Zapatero, quien realizó al «presidente» el mismo ofrecimiento que en todas las campañas; invitación a la que respondió con un «por supuesto». Es la única oferta que ha recibido en su territorio Zapatero, al que han dejado de rifárselo las agrupaciones socialistas que llamaban a Ferraz para reclamar al Comité Electoral del PSOE la sesión de autoayuda en la que se convirtieron sus mítines hace tres años.

También me cuentan que cuando en Moncloa se enteraron de la disposición de Zapatero de participar en la campaña electoral de su tierra, se apresuraron a trasmitir que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tenía ninguna intención de compartir cartel con él. Aviso a navegantes, a sabiendas del carácter solícito del exlíder del PSOE. En junio del 2023, tras la hecatombe electoral del 28-M que motivó el adelanto de las elecciones generales, fue Zapatero el que llamó a Sánchez y a sus colaboradores de Moncloa para «comunicar que quería hacer campaña».

Había sido una entrevista suya con Carlos Herrera en la Cadena COPE la que había hecho saltar la espita, tras viralizarse sus palabras de reivindicación: «Fue mi Gobierno el que acabó con ETA. Sí, lo afirmo». Zapatero se convirtió en símbolo del «orgullo PSOE», sembrando de optimismo el ánimo depresivo de un PSOE que caminaba hacia una derrota electoral. Tras más de una década en el ostracismo por su salida del Ejecutivo en 2011, tras congelar las pensiones y aplicar un recorte histórico de 10.000 millones de euros en Sanidad y Educación, Moncloa le dio luz verde: «Adelante, presidente».

ZP ya no es profeta, ni en su tierra

Tres años después, ZP ya no es profeta ni en su tierra. En su peor momento de credibilidad, tras conocerse los pagos de Plus Ultra a su presunto testaferro, Julito Martínez, y los pagos de este a Zapatero por el mismo importe —nada menos que medio millón de euros—, Moncloa toma distancia y aplica al exmandatario español el mismo cortafuegos que administró a José Luis Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán y Paco Salazar. Quedan dos telediarios para que María Jesús Montero hable de Zapatero como esa persona que «ya no forma parte del PSOE». Es el nuevo personaje «anecdótico» del presidente Sánchez.

Pero, en el ocaso del sanchismo, el papel de Zapatero es tan prominente que cabe preguntarse si aquel al que se refería esta banda mafiosa como «el 1» era Sánchez o Zapatero. El expresidente se ofreció personalmente a levantar la campaña del 23-J de 2023, cuando a Pedro Sánchez se le vino abajo el ánimo tras el pinchazo de su debate electoral con Alberto Núñez Feijóo (los ataques chabacanos y bajunos del presidente al líder de la oposición evidencian que respira por la herida y aún no se lo ha perdonado). Mientras muchos se preguntaban qué le había pasado a ‘Pedro’, emergió ZP como efectiva estrella invitada en agrupaciones y casas del pueblo, insuflando moral a la tropa cuando el sanchismo andaba escaso de ella por la descontada victoria electoral del PP.

Tras las elecciones, ZP pasó la factura. Pasó de gurú a negociador en Ginebra. Propuso a la Fundación Henri Dunant como mecanismo de mediación para la negociación con Carles Puigdemont, la misma fundación que él mismo utilizó para la negociación del final de la banda terrorista ETA durante su mandato. Desde entonces, Zapatero acumuló un «poder total» en el puesto de mando, pese a no formar parte del organigrama del partido ni de la estructura del Gobierno. Era quien desbloqueaba las negociaciones con Junts, tanto para alumbrar la investidura como para desatascar la ley de amnistía. En una ocasión llegó a suspenderse varias horas la comisión de Justicia para que Zapatero pudiera entrar por videoconferencia y desbloquear la aprobación en comisión. Y fue quien gozó de una cuota mayor en la aprobación de las listas electorales que las de los propios territorios.

No es anecdótico el hecho de que el ayudante de Zapatero en Ginebra fuera Santos Cerdán, aquel sobre quien el expresidente solo se pronunció para hacer una aportación elocuente: «Súper Santos Cerdán». Su última declaración sobre él fue apenas unos días antes de que se hiciera público el famoso informe de la UCO que no existía. «Total confianza, le conozco», dijo quien hoy sorprende a propios y extraños por los pagos que ha recibido del presunto testaferro que colaboró con Plus Ultra y que fue detenido en el marco de la investigación que ha acabado en la Audiencia Nacional, como adelantamos en este periódico esta semana.

El pecado original de esta legislatura es que los dos hombres que vendieron la gobernabilidad por siete votos, forzando las costuras de la constitución con la amnistía, se vean hoy salpicados en uno o varios casos de presunta corrupción. Cerdán como imputado; y Zapatero, ya veremos.

Al menos se ha sofisticado el argumentario y nadie sale ya para manifestarse «estupefacto». Me cuentan que el lunes Zapatero «va a hablar», que no va a rehuir las acusaciones que se ciernen sobre él y que va a volver a sacar su faceta de influencer de la militancia, aunque ya no sea para beneficiar al presidente, sino a sí mismo. Y más sabiendo que Pedro Sánchez también ha cortado lastre respecto a él. Su amigo Cerdán advirtió en diciembre en la misma comisión: «Mejor solo que mal acompañado». Bien podría estar diciéndolo ahora ZP, a las puertas de que conozcamos el sumario que guarda algunos de sus más oscuros secretos, los relacionados con el rescate de la aerolínea Plus Ultra que, a buen seguro, fue también un rescate «anecdótico» que Pedro Sánchez no conocía.

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