Pedro Sánchez vive «de gorra»
«Ni un plano cercano, ni una toma que confirme que es él quien maneja la bicicleta por esos senderos agrestes»

Pedro Sánchez en 2022. | Alberto Ortega (EP)
Pedro Sánchez ha vuelto a regalarnos una de sus actuaciones estelares. El pasado fin de semana, el presidente del Gobierno decidió combatir los persistentes rumores sobre su estado de salud con un arma infalible: un vídeo en las redes sociales. ¿Qué mejor manera de demostrar que estás en plena forma que subiéndote a una bicicleta y pedaleando por parajes naturales como si fueras un deportista de élite? Y no cualquier día, el de su 54 cumpleaños, que casualmente cae en un 29 de febrero. La ironía del destino. Un hombre tan peculiar como Sánchez, nacido en una fecha que solo se da cada cuatro años, parece confirmar que personajes como él son aún más exclusivos. Se da uno por milenio, y ni siquiera se puede garantizar que cuando llegue el siguiente pueda igualar las «cualidades» de este.
Pero vayamos al grano, o mejor dicho, al pedaleo. En el vídeo, Sánchez aparece ataviado con un conjunto deportivo amarillo chillón, color que, por cierto, evoca más a un plátano maduro que a un líder mundial, y una gorra negra que le da un aire de turista perdido en el monte. Con su habitual tono pedagógico, como si estuviera explicando la teoría de la relatividad a un grupo de escolares, nos ilustra sobre las bondades del deporte al aire libre. «El deporte es salud, es vida», dice. Un servidor se imagina a su equipo de asesores aplaudiendo detrás de la cámara, convencidos de que este golpe de efecto silenciará las voces que hablan de los achaques presidenciales. Después de todo, ¿quién podría dudar de un hombre que celebra su cumpleaños practicando enduro en la naturaleza? Solo un humilde y malpensado articulista como es un servidor.
El problema es que el espectáculo no resiste ni el análisis más superficial. Una vez que Sánchez se pone en marcha, o eso nos quiere hacer creer, la cámara deja de enfocarle, y solo oímos su voz narrando las peripecias. Ni un plano cercano, ni una toma que confirme que es él quien maneja la bicicleta por esos senderos agrestes. Podría ser cualquiera: un doble para las escenas de acción, un miembro del gobierno, alguien que esté «fino» como Bolaños o Marlaska, o incluso un ciclista profesional contratado para la ocasión. Pero el detalle que eleva este teatrillo a la categoría de comedia involuntaria es la gorra. Esa gorra negra que, de repente, en medio del vídeo, transforma su visera en blanca. ¡Magia! ¿O acaso Sánchez lleva una segunda gorra en el bolsillo, como si fuera la rueda de repuesto de un coche?
Este vídeo es un paso más en lo cutre que es todo en el sanchismo. Es un montaje tan burdo que no estaría nominado ni para los Goya. ¿Realmente cree que los españoles somos tan crédulos como para tragarnos esto? Probablemente sí, dado su historial. Sánchez nunca ha sido un hombre al que le importe lo que puedan decir de él. Las apariencias le importan solo en la medida en que sirven a su beneficio personal, o al de su círculo más cercano. El fondo de los asuntos, ya sea la economía, la justicia o la vivienda, por poner unos ejemplos, le trae sin cuidado, salvo que pueda manipularlo para perpetuarse en el poder. Y si miente en algo tan banal como una salida en bicicleta, ¿qué no hará para encubrir los escándalos que rodean a su Gobierno?
Pero volvamos al cumpleaños. Nacer un 29 de febrero es, sin duda, un rasgo distintivo. Solo ocurre cada cuatro años, lo que hace que Sánchez cumpla menos años «oficiales» que el resto de los mortales. Quizás por eso se siente eterno, inmune al paso del tiempo y a las críticas. La ironía alcanza cotas sublimes cuando pensamos en su supuesta afición al deporte. Sánchez, el mismo que ha promovido políticas que asfixian a las familias con impuestos verdes mientras viaja en Falcon a diestro y siniestro, ahora nos predica las virtudes del ejercicio al aire libre. Un hombre que ha convertido el Palacio de la Moncloa en un búnker blindado, fingiendo ser un ciclista aventurero. Si al menos se hubiera molestado en montar bien el vídeo, pero ni siquiera eso le importa. Subestiman tanto nuestra inteligencia que ni se molestan en editar bien.
Este episodio no es aislado, forma parte de su esencia. Sánchez miente con la naturalidad con que respira. Recuerden cuando prometió no pactar con Bildu, o que no podría dormir si lo hiciera con Podemos. Ahora su insomnio es nuestra pesadilla. Si falsea una simple salida en bicicleta para tapar los rumores sobre su salud, imaginemos lo que debe ocultar en temas de calado. Sánchez, el ciclista fantasma, nos invita a creer en milagros. Gorras que cambian de color, una salud de hierro pese a su aspecto demacrado, y un Gobierno limpio como una patena cuando la corrupción lo abarca por completo. Fernando Fernán Gómez escribió que las bicicletas son para el verano, y qué bien habría hecho Sánchez si le hubiera hecho caso.
