Feliz 8-M para las mujeres iraníes
«Estas son las verdaderas heroínas del feminismo global, no las que en España claman por cuotas y no por méritos»

Mujeres iraníes en una manifestación tras la muerte de Alí Jameneí. | Reuters
Ayer, 8 de marzo, las calles de Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas se llenaron una vez más de pancartas moradas, consignas repetidas y un fervor que, a estas alturas, parece más un negocio que un acto revolucionario. Miles de mujeres y algunos hombres aliados, los más peligrosos con ellas y los que tienen más cadáveres en el armario, se manifestaron por derechos que ya han sido conquistados en Occidente. Igualdad salarial, fin de la brecha de género, y otras como la violencia machista imposible de erradicar por completo, al igual que la ejercida por mujeres. La violencia siempre existirá, pues siempre habrá personas agresivas, violentas, indistintamente de su sexo. Una sociedad democrática como la nuestra lo que puede hacer es tener un código penal que se cumpla y que sea justo. Todo ello, por supuesto, bajo el grito unánime de «no a la guerra». Pero, ¿qué guerra? ¿La que se libra en Ucrania?, ¿quizás a la matanza de cristianos en Nigeria? Ninguna de ellas, su condena solo lo es a cualquier conflicto que huela a intervencionismo occidental. En medio de ese estruendo de tambores y batucadas, un silencio ensordecedor: el de la barbarie que sufren las mujeres iraníes bajo la teocracia islamista de los ayatolás.
Ayer, en las plazas españolas, se coreaba contra el patriarcado local, pero ni una mención a las mujeres que en Irán son lapidadas por no llevar el hiyab correctamente, o ejecutadas por desafiar al régimen. Esas mismas manifestantes que gritan «hermana, yo sí te creo» parecen mirar para otro lado ante los testimonios de miles de mujeres iraníes que claman por su libertad. Antes está la lucha ideológica, el alineamiento con narrativas antioccidentales que priorizan el antisionismo o el antiimperialismo, que la defensa auténtica de la mujer oprimida.
El silencio no es casual. Es hipócrita. En España, el 8-M se ha convertido en un evento politizado, donde el feminismo de Estado, ese que subvenciona asociaciones y un ministerio inútil, elige sus causas por razones ideológicas. Con el conflicto bélico que Israel y Estados Unidos han impulsado en Irán, una operación que, guste o no, apunta directamente al corazón de la tiranía ayatolá, ese silencio se vuelve ensordecedor. No es una guerra cualquiera: es una intervención que busca desmantelar un régimen que ha oprimido a su pueblo durante décadas. Pero para muchas feministas españolas, cualquier acción de Occidente es imperialismo, aunque signifique liberar a millones de mujeres de cadenas propias del medievo.
Pero las mujeres iraníes no se rinden. Han liderado revueltas, quemado velos en público, desafiando a los mulás con bailes en redes sociales. Figuras como Narges Mohammadi, premio nobel de la paz en 2023, languidecen en prisiones por su activismo. O Masih Alinejad, exiliada, que desde Occidente denuncia la opresión, y que estuvo la semana pasada en España. Estas mujeres son las verdaderas heroínas del feminismo global, no las que en España claman por cuotas y no por méritos. Su lucha es por la vida misma, por no ser lapidadas por adulterio, por poder estudiar y trabajar en lo que quieran, por amar libremente.
Sí, es una guerra. Sangrienta como todas. Pero, ¿es injusta? Para las mujeres iraníes, podría ser la luz al final del túnel. Imaginen un Irán posayatolás, donde la sharia no dicte leyes, donde las mujeres voten en elecciones libres y accedan a cargos públicos. Una vuelta a la modernidad que el país conoció antes de 1979, cuando Teherán era una ciudad cosmopolita, con mujeres en minifalda y universidades mixtas. Casi medio siglo de oscuridad podría terminar si, como parece, la coalición occidental vence.
A vosotras, mujeres iraníes, os digo: aguantad un poco más. El mundo os debe una disculpa por el silencio, pero también una promesa de apoyo. Este conflicto, por duro que sea, podría ser el catalizador de vuestra liberación. No es un caso de idealismo. Israel y Estados Unidos no actúan por altruismo feminista, sino por seguridad contra el programa nuclear iraní y un ataque que era inminente. Pero el efecto colateral será vuestra libertad. Imaginad un Irán democrático, donde podáis estudiar una carrera sin segregación, casaros por amor, protestar sin miedo a la horca. Una vida occidental, libre, democrática, donde la religión sea una opción personal y no cosa de un régimen.
Mientras tanto, en España, el 8-M sigue siendo un desfile de hipocresía. Las manifestantes callan ante Irán porque denunciarlo implicaría alinearse con Occidente, con Israel y Estados Unidos, esos «opresores» según la narrativa progre. Prefieren la pureza y la alienación ideológica a la solidaridad real. ¿Dónde estaban las pancartas por las iraníes ayer? Ausentes, como siempre. En cambio, abundaban los carteles contra la «guerra sionista» o el «genocidio en Gaza». Selectivo, ¿no? La opresión de un régimen islamista que ejecuta a mujeres y homosexuales no encaja en su agenda antiimperialista. Muy LGBT friendly, pero solo donde sus derechos están garantizados.
Pero este 8-M, si ha tenido algún sentido, ha sido por vosotras, mujeres iraníes. La tiranía sufrida pronto será parte del pasado. Podréis ver la vida de manera libre, sin guardianes. Democrática, con elecciones y derechos humanos. En definitiva, la forma occidental de ver la vida. No es colonialismo cultural, es humanidad. Occidente no es perfecto, pero comparado con regímenes autoritarios justificados en una ideología o religión, es el paraíso. Feliz 8-M, mujeres iraníes, que el del año que viene sea una fiesta para vosotras, como lo es aquí.
