The Objective
Hastío y estío

La entrevista a Zapatero

«El periodista prefirió no pelear esa batalla y no defender a la prensa cuando molesta al poderoso de turno»

La entrevista a Zapatero

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero durante su entrevista con Carlos Alsina en el programa 'Más de Uno' de Onda Cero.

El pasado lunes en los estudios de Onda Cero, el entrañable Bambi se quitó el peluche y enseñó los dientes. José Luis Rodríguez Zapatero, ese hombre que lleva 15 años paseándose por el mundo con la sonrisa beatífica de quien se cree el salvador del mundo, compareció en Más de uno para hablar de Venezuela, de Plus Ultra, de Análisis Relevante y, sobre todo, para hacer lo que mejor sabe: victimizarse mientras señala con el dedo. Y el dedo, esta vez, apuntaba directamente a THE OBJECTIVE.

«Esto no es serio», soltó, refiriéndose a las informaciones que este periódico ha publicado sobre sus vuelos en Falcon, sus consultorías opacas y sus encuentros con Delcy Rodríguez y su hermano. Y luego, sin anestesia, va y le echa en cara a Carlos Alsina que Onda Cero tenga en nómina a Ketty Garat. Un expresidente del Gobierno de España reprochando a un medio privado que contrate a una periodista porque investiga lo que a él no le conviene. El mismo que cuando era presidente del Gobierno nos vendió el diálogo como religión laica, ahora exige que se censure a quien no le baile el agua.

Lo más decepcionante, sin embargo, no fue el expresidente. Fue la respuesta de Carlos Alsina, de quien esperaba algo más. Esperaba que el director de Más de uno se irguiera en su silla y le recordara, con esa ironía quirúrgica que a veces gasta, que contratar a Ketty Garat es tan legítimo como que Zapatero cobre por asesorar a quien le dé la gana. Esperaba, en fin, que defendiera no solo a Onda Cero, sino a este diario y a sus trabajadores.

Pero no. Alsina optó por la salida más tibia: «A este programa no viene nadie del medio que ha mencionado». Decepción absoluta. Un servidor que soñaba, en la intimidad de sus insomnios, con que algún día Alsina le llamara para colaborar en alguna sección, quién sabe, un comentario telefónico de pocos minutos como hacía mi añorado Raúl del Pozo, o sustituir a Sergio del Molino como el maño del programa, vio cómo esa esperanza se disolvía como un azucarillo en el café de la mañana. Adiós, ilusión. Alsina prefirió no pelear esa batalla y no defender a la prensa cuando molesta al poderoso de turno. Un servidor se quedó con un regusto amargo: hasta un comunicador que había demostrado una independencia radical en sus entrevistas a políticos de todos los partidos, calló cuando el expresidente del «diálogo» se puso agresivo verbalmente. 

Porque eso es lo que más duele. Zapatero no es un ciudadano cualquiera. Es el hombre que nos vendió el «talante» como manera de actuar en la política, pero cuando le han tocado sus negocios, se ha comportado como un cacique caribeño. Quiere elegir a los tertulianos. Quiere que los medios le obedezcan. Quiere que Ketty Garat desaparezca del mapa periodístico porque ha publicado, entre otras cosas, que él voló en Falcon a República Dominicana. Y todo ello con la cara de niño bueno que se le pone cuando habla de la paz en el mundo.

Ketty Garat, por supuesto, no se calló. Dijo que era insólito que un expresidente pidiera la cabeza de una tertuliana. Y tiene razón. Porque si algo define a esta izquierda de salón es su intolerancia al escrutinio. Pueden pactar con quien sea, con Bildu, con Puigdemont, con quien haga falta, pueden cobrar lo que quieran por «mediar» en regímenes dictatoriales, pero no les gusta ni toleran que se cuente. Entonces se activa el modo víctima y el dedo acusador. Entonces THE OBJECTIVE se convierte en el enemigo público número uno, y Onda Cero tiene que rendir cuentas por atreverse a contratar a quien les saca sus trapos sucios.

Llevamos años viendo cómo la izquierda institucionaliza la censura blanda: no prohíben, señalan; no cierran medios, los demonizan; no despiden, piden que los despidan. Mientras tanto, Bambi sigue con su sonrisa de anuncio de dentífrico, lamentándose de que los medios le persigan. Tan incomprendido. Tan víctima. Tan dispuesto a dialogar siempre que esto no incluya preguntas ni periodistas molestas como Ketty Garat.

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