The Objective
Hastío y estío

La pasión de María Jesús del gran poder

«Comienza con la Semana Santa y tras ella llegará una larga agonía donde el fatal desenlace es conocido por todos»

La pasión de María Jesús del gran poder

María Jesús Montero. | Europa Press

Que María Jesús Montero deje el Gobierno de España es una noticia muy triste para los articulistas de este país. Nunca podremos agradecerle lo suficiente que nos haya solucionado la papeleta más de un día. Nos ha dado días de gloria con sus hechos, gestos y palabras. Una mujer que sirve para un roto y un descosido, pero también para construir un texto con la solidez de una columna.

Pero, por suerte para todos, a la señora Montero le queda por dar un último baile en la primera línea política, del que tenemos que disfrutar como con las experiencias que sabemos que ya no volverán. The Last Dance, como el título del documental sobre Michael Jordan, cuando volvió al baloncesto tras dejarlo un tiempo para conseguir un último campeonato. No sabemos si a María Jesús Montero se le da bien el baloncesto, pero todas las encuestas dicen que se va a coger un «rebote» espectacular y que ningún conejo de la chistera que se pueda sacar se va a convertir en un tiro sobre la bocina que pueda hacer que salve el (al) partido (socialista).

Una mujer, ella, todopoderosa, como Dios. Una diosa que ha decidido bajar a la tierra, hacerlo doblemente, pues baja al sur desde el centro del poder. Una bajada a los infiernos particular, y qué mejor lugar para hacerlo que en ese paraíso que es Andalucía. Una diosa que se despoja de todos sus poderes por sus paisanos. Alguien que se humaniza y, por tanto, se hace imperfecta, defectuosa. Tan frágil y débil que parece su lugar ideal para su deceso político: ir a morir a las tablas, a su lugar de procedencia, a sus orígenes, y hacerlo por los andaluces.

Ahora que llega la Semana Santa, que se vive con tanto fervor en Andalucía, María Jesús Montero va más allá y una semana le parece poco tiempo de pasión. Como algunos andaluces, hace gala del arte de la exageración y ha decidido que ella va a sufrirla durante casi dos meses, concretamente hasta el 17 de mayo, fecha de las elecciones andaluzas. Un sacrificio personal, enviada por el dios Sánchez, y ella, como buena hija política, lo asume de la manera en que no se puede desobedecer al verdadero todopoderoso.

Se dice que en el pecado se lleva la penitencia. Ese mal que es el sanchismo está encarnado en lo más profundo de su ser, y a María Jesús Montero le ha llegado el momento de pagarlo con creces. Ser su vicepresidenta primera y ministra de Hacienda le hacía creer que estaba libre de ser expulsada del paraíso sanchista, pero es que no recordaba cuando quiso comerse la manzana de Sánchez durante los cinco días que el todopoderoso se dedicó a sus «asuntos propios» y fantaseó con sustituirle.

El dios «auténtico», como era de esperar, se enteró, y era cuestión de tiempo que la expulsara de su reino de los cielos, enviándola a su tierra, castigándola con el más que probable peor resultado electoral de la historia del partido en Andalucía. Una humillación insuperable para una mujer que se cree una superheroína, la «Wonder Woman» sevillana.

La procesión del Cristo del Gran Poder en Sevilla se realiza durante la «madrugá», el Viernes Santo a partir de la una de la mañana. Ojalá la llegada de la señora Montero a su tierra como candidata socialista se hubiera dado con la misma nocturnidad y alevosía, y no con toda la luz solar apuntando a su persona, hablando de ella en tercera, para que la primera y única que hay para ella, que es ella misma, hubiera sido oscurecida por su cegador ego.

La pasión de María Jesús del Gran Poder comienza con la Semana Santa. Tras ella llegará una larga agonía que la llevará con la cruz a cuestas por toda Andalucía en mítines donde el fatal desenlace es conocido por todos.

Al igual que Cristo, pasará por su particular Monte de los Olivos a su paso por Jaén y sus gentes del campo. No habrá aceite suficiente para lubricar una relación que chirría desde que este Gobierno decidió abandonar a ese sector.

Su descanso eterno, políticamente hablando, llegará el 17 de mayo. Dos días después de San Isidro, patrón de Madrid. Un viaje de Madrid a Sevilla, el de la señora Montero, que parece sin retorno, pero cuya resurrección se decidirá en la capital de España por el todopoderoso. Que Dios la coja confesada.

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