The Objective
Hastío y estío

Uclés y sus dos años sabáticos

«Los lectores le comprarán su libro y le dirán lo mucho que les gusta su escritura. En definitiva, un horror de vida»

Uclés y sus dos años sabáticos

David Uclés. | Lorena Sopêna (Europa Press)

David Uclés se enrosca la boina y sale al mundo a ejercer de escritor comercial que se ha vendido gustosamente al capitalismo, porque no creo que nadie le haya obligado a firmar los contratos editoriales con sus premios asociados, sino que ha sido cosa de su libertad individual. Muy de izquierdas, pero a la vez tan débil ante las propuestas tentadoras de la empresa más capitalista del sector editorial en España. Vender su alma a lo que más critica, y seguir haciéndolo una vez vendida, un bucle del que salen beneficiadas ambas partes. La coherencia y la dignidad no importan cuando puedes enriquecerte a costa de ellas.  

La casualidad, el maravilloso azar, quiso que Uclés ganara la última edición del premio Nadal de Literatura. Justo el año después de que fuera el autor que más libros vendiese, con varios centenares de miles a sus espaldas. Antes se había presentado a varios premios de ese grupo editorial llamado Planeta, pero a veces la suerte viene para no marcharse, y comienza vendiendo como churros una novela en un sello independiente como Siruela, que desemboca en ganar el Nadal con el consecuente paso a convertirse en autor del sello que publica al ganador y que casualmente es Planeta. A veces los astros se alinean sin chocarse ni una vez, mientras la mayoría de los humanos vamos dando tumbos y chocando contra paredes que aparecen a cada paso que damos.

Pero Uclés se muestra cansado. Un servidor cree que no es bueno llevar boina tantas horas al día, pero no le queda otra, pues es la parte fundamental del personaje, junto a sus ropajes que parecen hechos a medida de los primeros años de la posguerra. Uno puede perder el sentido si se le aprietan tanto las sienes. Tiene que hacer mucha promoción de su libro, viajar de aquí para allá, victimizarse, criticar a la ultraderecha que somos todos los que no estamos de acuerdo con él, criticar a Ayuso por lo caro que es la vivienda y todo en Madrid, pero eso sí, Barcelona es maravillosa, barata, cosmopolita, culta, acogedora, pacífica y muchas otras cosas más que sólo están en su cabeza y en su cartera. Y es que Uclés no puede parar de mirar por la clase obrera y trabajadora. Si Baroja y Josep Plá levantaran la cabeza, dandis de la boina y de la literatura española, volverían a querer morirse sepultados por las boinas de Uclés, pero dejando a la intemperie la burda mentira y la contradicción entre lo que dice y lo que hace.

David Uclés es noticia semana porque fue a un programa de la Ser. Esta frase es una redundancia en este tipo de gente, pero la novedad está en que fue al programa de James Rhodes, el pianista inglés que se cayó en la marmita woke de pequeño, y que habla español como Michael Robinson cuando llevaba veinte años aquí. Los ingleses no evolucionan en el idioma de Cervantes, se quedan en una zona de confort que avergonzaría a su paisano Shakespeare, un escritor que fue tan prolífico y constante. 

Dicho teatrillo se realizó en un auditorio en Zaragoza. No había otro lugar donde representar semejante pantomima que donde nació un servidor. Maltratar a unos paisanos que parecían encantados. Dos almas en pena, lánguidos, susurrando el panfleto ideológico, como si fueran dos amantes de la libertad de expresión cansados de ser incomprendidos. Pero más extenuado parecía Uclés que dijo que a partir de este verano se cogía dos años sabáticos para no hacer nada.

Y es que Uclés está extenuado. Dijo que ahora no estaba viviendo, que estaba trabajando. El resto de los mortales hacemos las dos cosas a la vez, y no podemos plantearnos otra manera de hacerlo. El de las boinas dijo que tenía que estar de promoción de su libro hasta junio, y que después se irá a un país del centro de Europa. Consideró no vivir a estar de promoción. A viajar con gastos pagados por muchos lugares para hablar de un libro que ha escrito él y a explicarlo una y otra vez. Un examen donde diga lo que diga sacará un diez. Donde los lectores le comprarán su libro y le dirán lo mucho que les gusta su escritura. En definitiva, un horror de vida. Y usted quejándose porque sale de casa a las siete de la mañana y entre trayectos y jornada laboral no llega a casa hasta 12 horas más tarde, y eso en un día bueno. Usted es un acomodado capitalista que además seguro que vota a Ayuso, Abascal, o gente de esa ralea.

Nuestro héroe Uclés le dijo a Ayuso en la cara, tras recoger un premio que él, con todos los libros que había vendido, no se podía comprar una casa en el centro de Madrid, el «pobre» se olvidó del precio en Barcelona, Bilbao o San Sebastián, por poner unos pocos ejemplos donde también es prohibitivo, pero son nacionalistas antiespañoles, y eso siempre «mola» mucho más. Está muy cansado de sentar sus posaderas en librerías, centros culturales, emisoras de radio o programas de televisión para hablar de su libro, si Umbral levantase la cabeza, le miraría como se mira a la vida regalada. 

Son muchas las personas a las que les gustaría hacer un parón en sus vidas. Descansar ante la vorágine que es vivir y tener que llegar a tiempo a todas las cosas. Pero no pueden hacerlo, es un sueño que sólo se pueden permitir los más privilegiados. Esos a los que Uclés critica. Mirar la cuenta bancaria y decidir que te vas a un país de Centroeuropa a desconectar durante dos años. Huir del país que te ha permitido poder hacerlo. Darle la espalda como esos youtubers a los que critica la progresía por irse a Andorra para no pagar tantos impuestos. Algunos me dirán que esa no es la razón de su marcha, pero lo que está claro es que durante ese tiempo España no se beneficiará del dinero gastado por el escritor. Pero como es de los suyos, no dirán nada.

Dos años de descanso y relajación son mejor que uno, como se cuenta en la maravillosa novela de Ottessa Moshfegh. Una desconexión del ruido que ha provocado él mismo y que es el único beneficiado. No sé si estarán tan contentos en su nueva editorial; los números del premio Nadal son muy buenos comparados con los de la gran mayoría de autores, pero están muy lejos de conseguir los números de La península de las casas vacías. Un servidor no cree que sea casualidad que, desde que politizó su discurso, haya ocurrido esto. Como broche a la entrevista con el pianista inglés, tocó el acordeón, y tuve ganas de que llegara cuanto antes este verano.

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