En qué consiste la gripe porcina y qué síntomas produce en humanos
Estos virus no han desarrollado aún la capacidad de transmitirse de forma sostenida de persona a persona

Cerdos en Indonesia. | Moh Niaz Sharief (Zuma Press / ContactoPhoto)
La gripe porcina, conocida también como gripe A (H1N1) o influenza porcina, es un virus que afecta principalmente a los cerdos, aunque en ocasiones excepcionales puede pasar a los humanos, produciendo síntomas muy parecidos a los de la gripe común de temporada.
Este viernes, el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña ha comunicado la detección de un caso humano de este virus en la provincia de Lérida. La persona afectada se encuentra en buen estado de salud y, según las autoridades, no tiene ninguna vinculación laboral con explotaciones porcinas.
Se trata del cuarto caso registrado en España desde 2009, tal como ha detallado el secretario de Salud Pública, Esteve Fernández. En Cataluña, este es el segundo desde esa fecha (el anterior se notificó en 2024 y correspondía a un trabajador de una granja de cerdos).
Origen y salto a humanos en 2009
Según datos de la Organización Mundial de Sanidad Animal, el virus de la influenza porcina se identificó por primera vez en cerdos en 1918, probablemente tras un salto desde aves. En los rebaños porcinos se propaga con rapidez y existen varias subvariantes, siendo la H1N1 la más habitual, aunque también circulan otras como H1N2, H3N1 o H3N2.
Aunque algunos subtipos han infectado a otras especies animales, el paso a humanos es infrecuente y, en cualquier caso, no se produce a través del consumo de carne o productos derivados, como han aclarado las autoridades sanitarias internacionales.
Sin embargo, en 2009 una variante mutada logró transmitirse de manera eficiente a personas, lo que llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar una alerta pandémica. El 30 de abril de ese año, el virus fue clasificado oficialmente como gripe A (H1N1).
Curso leve en los cerdos, pero con potencial de recombinación
En los animales porcinos, la enfermedad suele manifestarse de forma benigna, con una mortalidad inferior al 1 %. Los síntomas —tos, dificultad respiratoria, fiebre y secreciones nasales— aparecen entre uno y tres días tras el contagio, y la gran mayoría de los cerdos se recupera en menos de una semana.
Los porcinos actúan como reservorio importante y, sobre todo, como «crisol» genético para los virus gripales: cuando coinciden infecciones por distintos tipos, pueden recombinarse y dar lugar a nuevas cepas con mayor capacidad de infectar a otras especies, incluido el ser humano.
Riesgo bajo de transmisión a personas
A pesar de su amplia circulación entre cerdos, la infección en humanos sigue siendo rara. Las autoridades sanitarias consideran muy bajo el riesgo para la población general y también bajo —aunque algo mayor— para quienes trabajan directamente con estos animales.
El principal factor de riesgo es el contacto estrecho y sin protección con cerdos enfermos o con entornos contaminados. La mayoría de los casos humanos documentados han tenido ese antecedente, si bien se han reportado algunos aislados sin fuente clara.
Lo más relevante es que estos virus no han desarrollado aún la capacidad de transmitirse de forma sostenida de persona a persona. Los contagios entre humanos han sido puntuales y limitados, sin derivar en brotes comunitarios. La OMS mantiene el nivel de riesgo bajo tras los casos esporádicos registrados en Europa en los últimos años.
Cuadro clínico en humanos similar a la gripe estacional
Cuando afecta a personas, la gripe porcina provoca síntomas prácticamente idénticos a los de la influenza estacional: fiebre alta de inicio súbito (por encima de 39 °C), tos persistente, cefalea intensa, dolores musculares y articulares, irritación ocular y congestión nasal. En algunos casos se suman malestar general, mialgias acusadas o infecciones respiratorias de leve intensidad.
La evolución suele ser favorable, con recuperación completa en la mayoría de los pacientes. No obstante, en grupos vulnerables —embarazadas, niños pequeños, mayores de 65 años o personas con patologías crónicas o inmunodepresión— puede complicarse gravemente e, incluso, causar fallecimientos, tal como se observó en brotes previos en distintos países.
