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El oro de la Prehistoria: las joyas fueron antes que las armas

Las piezas halladas reflejan la excepcionalidad y la pericia de los artesanos orfebres en las sociedades prerromanas

El oro de la Prehistoria: las joyas fueron antes que las armas

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En la mañana del pasado 29 de agosto, Sergio Narciandi realizaba su trabajo como operario de la empresa que gestiona el abastecimiento de aguas en el Ayuntamiento asturiano de Peñamellera Baja. Al buscar una antigua captación de la traída de Cavandi, se encontró en medio de un camino un espectacular torques de oro.

Pasado el primer momento de estupor, puso el hallazgo en conocimiento de las autoridades. Esa misma tarde, un equipo de arqueólogos inspeccionó el lugar del hallazgo, localizó un segundo torques fragmentado y pudo determinar las causas de la aparición de estas piezas. Se trataba con toda probabilidad de un depósito de objetos valiosos, adornos de oro, algo frecuente en la Prehistoria reciente atlántica, que posiblemente fue desmantelado por un pequeño corrimiento de tierras propiciado por un incendio.

Esta valiosa información se habría perdido irremisiblemente si el objeto no hubiera llegado a los arqueólogos como producto de una rebusca incontrolada. En este caso, la ejemplar actuación del ciudadano y la rápida reacción del Museo Arqueológico de Asturias han permitido documentar correctamente el hallazgo y, así, conocer un poco más sobre el oro de la Prehistoria.

Los torques, collares rígidos de materiales valiosos

El depósito estaba formado por dos torques. Se denomina así a un tipo de collares rígidos, frecuentemente realizados en materiales valiosos, como el oro, que se documentan especialmente durante la Edad del Hierro, entre los siglos V y I antes de Cristo.

Collar rígido de superficie dorada que puede asimilarse al conjunto de torques. | Museo arqueológico de AsturiasCC BY-SA

Los torques están abiertos, y los extremos están generalmente rematados con cabezales de distinta morfología. La parte rígida que se ajusta al cuello puede tener distintas secciones (redondeada, rectangular) y, en ocasiones, aparece decorada con filigranas de motivos geométricos.

Estas piezas reflejan la excepcionalidad y la pericia de los artesanos orfebres en las sociedades prerromanas. Su presencia en el noroeste de la península es relativamente frecuente en zonas como Burela, en Galicia, o Cangas de Onís, en Asturias. Pese a que actualmente no se puede saber si eran utilizadas por hombres, mujeres, niños o adultos, indudablemente indicaban la alta posición social de la persona que los poseía. Tradicionalmente se han relacionado con guerreros, aunque es difícil asegurarlo con una base científica fidedigna.

Las joyas fueron antes que las armas

Los metales aparecieron en un momento avanzado de la Prehistoria. Los primeros en utilizarse fueron el cobre y el oro, de cuyo uso existen indicios desde hace unos 8.000 años, aunque su generalización no se produjo hasta el V y IV milenios a.C.

Posteriormente se utilizaron aleaciones como el bronce u otros metales como la plata o el hierro. El desarrollo de la metalurgia se produjo de forma independiente en diversas partes y es el motor de una compleja serie de cambios ideológicos, sociales, económicos y tecnológicos. Uno de esos lugares es el sur de la península ibérica, donde se inició hace algo más de 5.000 años.

Las primeras piezas realizadas en oro fueron adornos, pequeñas placas que se utilizaron como ornamentos corporales y que se han documentado mayoritariamente en los yacimientos funerarios. Estos objetos parecen reflejar el papel social de los individuos, destacando su relevancia dentro de la comunidad. La necrópolis de Varna (Bulgaría) es un buen ejemplo del papel de estos adornos de oro y su relación con los enterramientos hace 6.000 años.

Es hace aproximadamente 5.000 años cuando comienzan a realizarse sistemáticamente armas en cobre, y más tarde en bronce. Se trata de puntas de flecha, hachas, puñales, espadas…,toda una serie de elementos que refleja un progresivo aumento de la violencia interpersonal, intergrupal y posiblemente el momento en el que se produjeron las primeras guerras. Los artesanos metalúrgicos utilizaron los distintos metales para la elaboración de objetos concretos, aunque el oro continuó siendo un metal vinculado a los adornos personales y a los objetos suntuosos.

La importancia de informar del hallazgo

Los objetos metálicos, y en particular las joyas, son probablemente la parte del registro arqueológico que más llama la atención del público. No obstante, en la mayor parte de los casos su utilidad científica es limitada porque raramente contamos con información fidedigna de lo que para los arqueólogos es realmente valioso: el contexto, las circunstancias en las que aparecieron y los objetos y estructuras a los que se asociaban. Es esto lo que realmente permite interpretar su significado y utilizarlos para reconstruir el pasado.

La aparición de tesoros en los yacimientos arqueológicos genera una gran curiosidad para la sociedad. Hasta tal punto es así que muchos yacimientos arqueológicos han desaparecido por el intento de los expoliadores de encontrar objetos de metal, especialmente piezas de oro.

Las búsquedas incontroladas, con detector de metales o sin él, son actividades ilícitas que actualmente están penalizadas por ley en la mayor parte de los países y que provocan una pérdida de información histórica insustituible. El reciente descubrimiento de los dos torques en Cavandi (Asturias) es un buen ejemplo de la importancia del control arqueológico de los hallazgos casuales.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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