Fátima Ofkir dice tras ser liberada que será «un ejemplo para los jóvenes que están perdidos»
«Prometo que no desperdiciaré esta segunda oportunidad», ha asegurado la joven tras haber estado siete años encarcelada

La joven catalana Fátima Ofkir.
La joven catalana Fátima Ofkir, liberada tras cumplir siete años de prisión en Omán, donde fue condenada a cadena perpetua, ha prometido que no desperdiciará esta segunda oportunidad y ha dicho que quiere dedicar su vida «a ser un ejemplo para todos los jóvenes que están perdidos» en una rueda de prensa celebrada este martes en el Il.lustre Col·legi de l’Advocacia de Barcelona (ICAB).
«Prometo que no desperdiciaré esta segunda oportunidad, quiero dedicar mi vida a ser un ejemplo a todos los jóvenes que están perdidos», ha asegurado en una rueda de prensa en la que ha estado acompañada por su letrada, Mònica Santiago, del despacho Vosseler Abogados; el magistrado Baltasar Garzón y el empresario Antonio Sagnier, que han colaborado en su liberación.
La joven de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) llegó a Barcelona el domingo después de que el sultán de Omán la liberara tras siete años en prisión tras ser condenada a cadena perpetua en 2018, cuando tenía 18 años, por tráfico de drogas.
Desde entonces, Ofkir estuvo en el penal de mujeres de Mascate (Omán) hasta ser incluida en la lista de beneficiados por la tradicional amnistía que el sultán otorga después del Ramadán.
«Promesas vacías» de falsas amistades
Okfir, entre lágrimas, ha dado las gracias a todos los que han puesto «un granito de arena» para que pudiese regresar a Cataluña, especialmente a la abogada, de la que ha dicho que es una persona «cien» por haberla acompañado durante todo este proceso.
Se ha presentado como una joven «liberada y transformada» y ha dicho estar arrepentida de lo que ha calificado de un error de juventud que cometió en un momento muy complicado de su vida en el que se dejó arrastrar por malas influencias y dinero fácil.
A partir de entonces, vivió un infierno, en sus palabras textuales, en un país lejano, en el que «la soledad y el miedo» se convirtieron en sus compañeros de celda.
Aunque ha reconocido que llegó a pensar en dejarlo todo, surgió una luz, textualmente, gracias a todas las personas que creyeron en ella, que vieron más allá de su error y que lucharon «incansablemente» por su libertad.
A ellos, ha dicho, les debe la vida y ha añadido que quiere ser merecedora con toda su alma de esta segunda oportunidad: «He aprendido la lección. Más que aprendida». A los jóvenes les ha dicho que no se crean las «promesas vacías» de quienes se hacen llamar amigos y que no arriesguen su futuro por un espejismo.
El ICAB aprobó su indulto
La letrada Mònica Santiago ha reseñado que han sido «muchísimas» las personas que han participado en la liberación de Okfir, inclusive el ICAB, que en febrero de 2022 aprobó en junta el indulto que posteriormente se presentó en Omán.
El magistrado Baltasar Garzón ha recordado que conocieron a Fátima tras viajar al Sultanato de Omán y que, aunque se la encontraron en una situación bastante diferente a la de hoy, se superaba a sí misma: «Estáis ante una persona que domina siete idiomas. Parece inverosímil que en una situación de extrema necesidad se produzca esa fuerza vital que tiene y que seguro que la va a guiar en toda su vida».
Sagnier ha añadido que el proceso ha durado cuatro años y que cuando visitó a Baltasar Garzón en Madrid, el magistrado le dijo que «la condena a Fátima en España hubiese sido de cuatro años, cinco como máximo» y que por eso se ofreció a ayudarlos.
También ha puesto en valor la labor de Mònica Santiago, no solo en lo referente a los aspectos jurídicos, sino ocupándose de los «aspectos humanos» de Okfir en prisión, como conseguir un plus de 53 reales mensuales para completar su manutención, ocuparse de sus estudios o enviar toda la documentación a la Embajada española en Omán.
Okfir ha añadido, visiblemente emocionada, que el reencuentro con su familia fue «épico» y ha explicado que se refugió en los estudios, especialmente en libros de psicología, que estudió Bachillerato en prisión y que el resultado es que habla siete lenguas y que espera comenzar a cursar próximamente la carrera de Derecho.
El decano del ICAB, Jesús María Sánchez, le ha dicho que la biblioteca de la entidad estará abierta para ella y que la labor de Mònica Santiago y Baltasar Garzón «no solo representa a la abogacía de Barcelona, sino a un ideal de justicia que trasciende fronteras», y que, por ello, serán galardonados con una medalla institucional.