Un tercio de los jóvenes se define «espiritual» pero el 60% no practica ninguna religión
El peso del catolicismo desciende en cada generación, con mínimos históricos entre la juventud española

Jóvenes meditan en el campo. | Freepik
Casi uno de cada tres jóvenes en España cree en algún tipo de «realidad espiritual» o «fuerza vital», aunque el 61% afirma no identificarse con ninguna religión oficial. Así lo recoge el Barómetro sobre religiones y creencias en España, elaborado por la Fundación Pluralismo y Convivencia (FpyC), adscrita al Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. El estudio concluye que la juventud española es hoy «más espiritual, pero más distante de la religión institucional».
El informe señala que las denominadas «nuevas espiritualidades» son cada vez más frecuentes entre los jóvenes y se caracterizan por ser prácticas «más personales y desinstitucionalizadas». La meditación, el yoga, el encendido de velas o el contacto simbólico con la naturaleza son algunas de las expresiones más extendidas. No suponen un retorno a la religión tradicional, sino una «búsqueda de sentido y conexión» en un contexto social y generacional en transformación.

La secularización también avanza con fuerza en este grupo de edad. Entre los 18 y los 24 años, el 61% no se identifica con ninguna religión; el 27% se declara agnóstico; el 21%, indiferente, y el 13%, ateo. Aun así, un 31% asegura creer en alguna forma de realidad espiritual o energía vital. El barómetro destaca además que un 29% confía mucho o bastante en la astrología y un 23% en la videncia, porcentajes «notablemente superiores» a los del resto de la población.
En el conjunto del país, el estudio califica el nivel de práctica religiosa como «bajo». Aunque el 54% de los españoles se adscribe a alguna religión, solo el 17% mantiene una práctica regular. Los datos confirman una tendencia sostenida en las encuestas estatales: continúa disminuyendo el número de personas que se identifican como católicas (46%), mientras crece el porcentaje de quienes se declaran indiferentes, agnósticos o ateos (42%). También aumenta, hasta el 8%, la proporción de población que se identifica con religiones distintas a la católica, el valor más alto registrado hasta ahora.
Los jóvenes no confían en la Iglesia
El porcentaje de personas que se declaran sin religión se ha triplicado en dos décadas: del 13,2% en el año 2000 al 40% en 2024, alcanzando el 61% entre los jóvenes. Según un informe de la Cátedra José María Martín Patino de la Cultura del Encuentro, de la Universidad Pontificia Comillas, España atraviesa la tercera gran oleada de secularización desde comienzos del siglo XXI, marcada por el distanciamiento del catolicismo y el avance del pluralismo religioso. En este periodo, la confianza en la Iglesia católica ha caído casi diez puntos, del 41,76% en 1999 al 32,89% en 2017.
Pese a esa tendencia, la proporción de católicos que se declaran practicantes se mantiene estable, en torno al 15%-20%, pero otros indicadores siguen el camino opuesto. Los matrimonios religiosos en España se desploman y pasan del 76% en 2000 a apenas el 19% en 2022. Paralelamente, el pluralismo religioso crece y las minorías representan ya alrededor del 10% de la población, con 2,2 millones de musulmanes y 1,5 millones de protestantes y ortodoxos.
El retroceso de la identificación católica se observa en todas las generaciones. En 2002, el 60% de la población entre 18 y 29 años se definía como católica; hoy la cifra se reduce al 32%. Pero no solo ocurre entre los más jóvenes: incluso entre los mayores de 70 años, la identificación católica ha pasado del 89% hace dos décadas al 77% actual. La última edición de las Notas de Coyuntura Social, de Funcas, advierte de que esta pérdida de religiosidad no es solo fruto del reemplazo generacional, sino que también se produce a lo largo del ciclo vital. El estudio ofrece ejemplos claros: quienes nacieron entre 1943 y 1952, y tenían entre 50 y 59 años en 2002, se declaraban católicos en un 83%; en 2024, ya con 70 a 79 años, el porcentaje baja al 73%. La tendencia es aún más acusada entre generaciones más recientes: los nacidos entre 1973 y 1984 han pasado del 60% de identificación católica tras el cambio de milenio al 42% en la actualidad.
La secularización también es visible en el ámbito educativo. A la fuerte caída de los matrimonios religiosos se suma el descenso continuado de matrícula en la asignatura de religión católica. En el curso 2022-2023, el 56% del alumnado de Primaria estaba inscrito en esta materia, muy lejos del 85% registrado en 1998-1999, primer año con datos disponibles. En los centros públicos, la bajada es especialmente intensa —del 81% al 44%—, aunque también se aprecia en los privados, donde la asignatura, pese a seguir siendo mayoritaria, pasa del 91% al 82%.
Baja el respaldo católico a la casilla de la Iglesia
El barómetro de Fad Juventud también sondea la percepción sobre la conocida casilla de la Iglesia del IRPF, a través de la cual la institución recibe una asignación pública ligada al número de contribuyentes que la seleccionan. En el último ejercicio, esta vía de financiación supuso 382,4 millones de euros. La encuesta revela que más de la mitad de los jóvenes —un 54%— rechaza este sistema al considerar que las confesiones religiosas deberían sostenerse con sus propios recursos, sin apoyo económico del Estado.
Incluso entre quienes se declaran católicos, el respaldo a este modelo es limitado. Solo el 47% lo defiende tal y como funciona actualmente. Un 5% estaría dispuesto a apoyarlo únicamente si el porcentaje pudiera dirigirse también a otras religiones, mientras que un 6% rechaza la casilla, pero no descarta otras fórmulas de apoyo económico estatal. Un 34% directamente apuesta por la autofinanciación de las confesiones.
La crítica se amplía cuando se pregunta por los beneficios fiscales. Un 62% de los encuestados considera que las entidades religiosas no deberían contar con ningún tipo de privilegio tributario. Entre los propios católicos, casi la mitad —un 48%— comparte esta postura, lo que, llevado al extremo, implicaría que la Iglesia tendría que abonar impuestos como el IBI por su patrimonio histórico y sus bienes inmuebles.
