The Objective
Hastío y estío

Las mujeres delgadas son fachas

«Las cadenas de televisión lo que quieren es audiencia para tener el mayor número de anunciantes y recursos posibles»

Las mujeres delgadas son fachas

La actriz Sidney Sweeney. | Nina Prommer (Zuma Press)

«La cena de los idiotés» es un espacio semanal dentro del programa Hora 25 presentado por Aimar Bretos en la Cadena SER. En dicho espacio se presentan dilemas morales a los que deben dar respuesta el resto de participantes del programa. En el dilema presentado por la presentadora de televisión Tania Llasera, el tema central era la gordofobia que decía haber sufrido tras dejar de fumar al quedarse embarazada. Como consecuencia de haber engordado bastantes kilos, dijo que desde ese momento dejaron de llamarla para trabajar en televisión. Como si Lalachus no existiera y no hubiera estado hasta en las uvas, además de manera literal. Dirán que es la excepción, pero es que la televisión es principalmente imagen. Para escuchar lo que se dice ya está la radio, o para leer, los libros y los periódicos. A mí más pena que Tania Llasera me dan las mujeres obesas que se quedaron sin trabajar por culpa de esa rubia de ojos azules y cuerpo normativo procedente del País Vasco. El prototipo de rubia tonta o mujer florero en una mujer que no lo es, pero que se beneficia de ello. Un servidor no sabe si Tania pensaba mucho en las mujeres gordas en su momento de esplendor televisivo, o se dedicaba a disfrutar de su éxito laboral. Seguramente se fustigaba por ser atractiva para la mayoría de los mortales. Pero vayamos al turrón, que está muy rico, y merece que engordemos unos kilos a costa de ese placer recibido. En el programa se llegó a la conclusión de que las curvas son antifascistas. Que con la nueva ola de una derecha predominante vuelven las mujeres delgadas, y que el cuerpo de la mujer es lo primero que se politiza. Y lo decía una mujer que de su causa personal quiere hacer una universal. Ahora entiendo eso de que lo personal es político. 

Aimar Bretos, presentador del programa, fue el primero que reconoció que si en vez de trabajar en la radio lo hiciera para la televisión tendría más en cuenta su estado físico. Un servidor tampoco sabe de muchos hombres gordos que trabajen delante de la cámara. No se me ocurre ninguno, pero si los hay se contarán con los dedos de una mano y sobrando varios de ellos. Una victimización interesada, y solo cuando se sufre en las propias carnes. Es cuestión de oferta y demanda. Le puedo asegurar, señora Llasera, que las cadenas de televisión lo que quieren es audiencia para tener el mayor número de anunciantes y recursos posibles. Y si una mujer de 100 kilos les garantizase el éxito, se encargarían personalmente de buscarlas por las calles y llevarlas hasta los platos, aunque fuera a cuestas, y a riesgo de deslomarse. El ejemplo es el de Lalachus, que empezó con una pequeña colaboración en el programa de Broncano, que gustó mucho al público, tanto que acabó dando las uvas para Televisión Española. Una cuestión de oferta y demanda, cuando no directamente del talento de la persona. 

En el mundo del cine tampoco hay muchas mujeres con sobrepeso. Otro trabajo donde la imagen, como es lógico, es fundamental. Se habla del machismo de la sociedad, pero por ejemplo en este negociado cinematográfico mujeres como Blanca Portillo o Carmen Machi, por poner solo dos ejemplos, son la prueba de que, sin ser dos mujeres con una belleza normativa, no han parado de trabajar desde hace varias décadas. Y es que el público sí que saber ver el talento que no va acompañado de un físico espectacular. Pero es que si además en un trabajo como la televisión o el cine, que son puramente visuales, al talento se le acompaña de una belleza arrebatadora, pues mejor que mejor. Y es que a nadie le amarga un dulce, ni siquiera a las esqueléticas y a los esqueléticos. 

Pero decir que las mujeres gordas, lo de «con curvas» es un eufemismo que no le compro, pues hay mujeres que las poseen sin tener que sufrir un sobrepeso elevado, son antifascistas, por el simple hecho de sus muchas lorzas, es una gilipollez difícilmente superable. Para gorda, la tontería que has dicho, Tania. Decir que las mujeres que cuidan sus cuerpos, que quieren tener una delgadez sana, son fascistas o se están dejando influenciar por la ultraderecha es un razonamiento propio de una ameba. La actriz Sidney Sweeney es el prototipo de una mujer con curvas en un cuerpo delgado, pero sano. Una lozanía que poco tiene que ver con el raquitismo. La izquierda woke, que usted, señora Llasera, representa tan bien aquí, la ha criticado por hacer una defensa de la belleza femenina clásica, algo que va más allá del cuerpo. Una defensa de una feminidad elegante, una forma de estar en el mundo, una actitud ante la vida, además de los atributos físicos evidentes que hacen atractiva a una mujer, y de no querer pedir perdón por ello. Algo de ultraderecha para esa secta enloquecida. Pero esto que dice Tania Llasera explicaría las encuestas que dan hasta 200 escaños a la suma de PP y VOX en las próximas elecciones. Todas las mujeres delgadas serían «fachas», lo que no sabíamos es que las que se dicen de izquierdas y también lo están, nos estaban mintiendo. Una conspiración de boca cerrada. Mujeres delgadas, coman, háganlo hasta hartarse, de vosotras depende hacer del mundo un lugar perfecto, totalmente democrático. 

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