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Sociedad

Las monjas HAM fomentan por escrito la autoflagelación: «Si se oye, no pasa nada»

Varias víctimas relatan la mezcla de «dependencia, sumisión y castigos físicos» dentro de esta asociación religiosa

Las monjas HAM fomentan por escrito la autoflagelación: «Si se oye, no pasa nada»

La exsuperiora general de las HAM, María Milagrosa Pérez, conocida como Marimí. | Foto: Arzobispado Sevilla

Las Hijas del Amor Misericordioso (HAM), intervenidas por la Iglesia católica desde julio del año pasado, han fomentado en los últimos años el uso del cilicio y del instrumento de la disciplina para la autoflagelación entre sus miembros. «Si se oye, no pasa nada. Hay que hacerlo», se subraya en el texto que recoge las pautas de comportamiento dentro de esta asociación religiosa y al que ha tenido acceso THE OBJECTIVE junto a otros documentos internos de esta entidad.

Bajo el epígrafe de Vida religiosa, las HAM señalan cómo debe ser el día a día dentro de su vida de clausura y recogimiento. «Hacer caso a las pequeñas correcciones: cuidado al pasar las páginas de los libros y del breviario, no arrastrar las sillas, dejar las cosas en su sitio, bajar el tono de voz, escuchar siempre con amor a los hermanos, etc.», se indica en primer término. Luego vienen las «penitencias», que pueden ser impuestas —cuando un superior impone un rezo o un acto de caridad— o voluntarias. Sobre estas últimas, en la mayoría de las órdenes religiosas se fomentan las llamadas prácticas interiores para reparar los pecados y estar más cerca de Dios: es el caso de los ayunos, la abstinencia de ciertos alimentos, la imposición del silencio o la privación de algunas comodidades, que lleva a algunos religiosos a dormir en camas duras o dar servicio a los pobres, por ejemplo. Aunque en la comunidad HAM, no hay voluntariedad sin que a uno le hayan dado el debido permiso.

La Iglesia enfatiza que las penitencias deben estar equilibradas y no ser extremas, buscando la purificación del corazón por encima del castigo físico dañino. Solo algunas órdenes tradicionales mantienen el uso de cilicios -cinturones de alambre trenzados y afilados- o disciplinas como instrumentos de azote. Es el caso de las Hijas del Amor Misericordioso. «La disciplina, si se oye, no pasa nada. Hay que hacerlo», se hace hincapié sobre la utilización del flagelo penitencial monástico junto a otros mandamientos un poco más livianos. «Se puede rezar con los brazos en cruz en la capilla, aunque nos vean. Si rompes algo sin culpa puedes pedir penitencia por humildad», se subraya en este apartado, en el que se normaliza la culpabilidad de romper un vaso de agua o el castigo físico de rezar con los brazos en cruz públicamente.

Varias víctimas de las monjas HAM hacen hincapié a este diario en la mezcla de «dependencia, sumisión y castigos físicos» que se han impuesto dentro de esta asociación religiosa en los últimos años bajo el liderazgo de la ex superiora general, María Milagrosa Pérez, conocida como Marimí o mami entre sus fieles. «Muchas de las prácticas y reglas de la comunidad fomentan una espiritualidad de culpa, aumentando el grado de dependencia del superior. Se impone el maltrato físico como forma de penitencia y control coercitivo, que no importa que sea conocido por los demás», subraya un exmiembro de esta comunidad refiriéndose a los golpes con la disciplina.

Reglas internas de la comunidad HAM. En amarillo, cómo azotarse en la flagelación.

El documento sobre las normas de convivencia dentro de la comunidad HAM también incidía en la importancia de los horarios. «Silencio, horario, oración… todo eso es importante en un convento. Hay que repasar las reglas. Importantísimos los horarios [énfasis del original]. La cena es a las 21h, y el viernes a las 21.30H. Puntualidad con la campana, seriedad. La casa en principio tiene que seguir funcionando, aunque estén pocos. Si hay duda, llamar». Sobre esto último, todo se paraliza si no hay una orden de un superior.

La reunión comunitaria estaba fijada para los sábados por la noche o los domingos por la tarde. «No descuidar el estudio y la vida formativa en la casa: libros, revistas, folletos… No descuidar la vida del cuaderno espiritual —examen—. El ruido no hace bien, el bien no hace ruido», se hace hincapié. Sin embargo, el control era mucho más draconiano y las humillaciones estaban a la orden del día.

Por ejemplo, existe la regla «de no acceso a la información», con una censura de la prensa que se lee intramuros hasta el punto de que la dirección de las HAM recorta con tijeras aquellas noticias que son «pecaminosas». También está prohibido el acceso a internet o la lectura de libros sin permiso, «que no se pueden ni ojear sin autorización del superior», según una de las víctimas.

Existe, igualmente, una cuenta electrónica común «que filtra y reenvía a un correo interno» de cada monja o novicia solo aquello que interesa que sepa la destinataria. Y en cuanto al móvil, también es comunitario y de acceso restringido. «Solo puedes hablar con quien te den permiso para ello. La familia es peligrosa porque te puede destruir la vocación. Solo hay dos horas de llamada, o una visita, al mes o cada dos meses», resume una de las fuentes consultadas por este diario.

«Aunque algunas de estas prácticas han existido y muchas quedaron obsoletas, este grupo no son monjas de clausura como las de las películas de los domingos. Desconocemos muchas de estas reglas cuando entramos y nos las encontramos allí dentro, bajo deber de obediencia y la visión de que si dices ‘no’, eres un traidor a la voluntad de Dios», explica esta persona.

Inicio de ‘El libro de la vida’, uno de los documentos internos de la comunidad HAM.

Ese férreo control se sustenta en una dirección espiritual que controla todos los aspectos de la vida de un miembro de la comunidad HAM. «Debes someterte en todo a tu director espiritual. Aunque se equivoque, es la voz de Dios para ti y le debes obedecer: de manera que entran en tu modo de vestir, en si te maquillas, en tus relaciones con amigos o amigas». Ha habido situaciones en las que se ha pedido que dejasen terapias de tratamiento o visitas al psicólogo.

Modelo de disciplina para la autoflagelación. | Foto: Relics.es

También se ha emplazado a las novicias a que guardasen hasta el último instante en sus respectivas familias el secreto de ingresar en la asociación religiosa «porque ellos, por la influencia del demonio, pueden atacar tu vocación». Implantan, por ejemplo, traumas «olvidados» como abusos sexuales o físicos en la infancia por parte de la familia. Además, «ellos mismos se creen en estos delirios». Al final, la dialéctica de «no nos van a entender fuera, ni en la propia Iglesia» en jóvenes de 18 o 19 años desemboca en una dicotomía recurrente en las charlas de Marimí: «O estás con Dios o estás con el demonio. O estás con nosotros o estás contra nosotros».

Dentro de la comunidad HAM existe otro libro de lectura sobre el «discernimiento» (ver abajo), en que se subraya que los miembros de esta asociación son los elegidos de Dios, «más que el resto de la Iglesia», y que las «gracias vienen por el fundador», el jesuita padre Mansilla. En realidad, se trata de una reinterpretación del discernimiento ignaciano espiritualista, que se aleja de la realidad del hombre.

«Es la jerga instalada en el grupo, que conduce a que cada miembro sospeche de un modo continuado sobre sí mismo, desplazando la responsabilidad y fomentando el control de la conciencia por parte de los directores en obediencia ciega», sintetiza un exmiembro de la rama masculina. Se originan estados disociativos, como la pérdida del contacto con la realidad misma y los propios sentimientos, «entrando en diálogo con la culpa y una conversación falsa mística con Dios y el demonio».

La ya ex superiora general de las HAM difundió hace un año y medio una charla entre sus fieles, a la que también tuvo acceso THE OBJECTIVE, en la que se presentó como una enviada de Dios —«el Señor actúa a través de mí», llegó a decir—, y en la que intentó anular la personalidad de sus más allegados con mensajes como el siguiente: «Vivir en la doctrina sobrenatural y divina significa vivir en una entrega de negación de ti mismo». Todo ello en medio de continuas advertencias sobre la presencia del demonio en cualquier aspecto de sus vidas, al que comparaba con las estalactitas por su afán de acechar a las personas «gotita a gotita». «El instrumento preferido del demonio es la racionalidad […]. No podemos dejar que el demonio nos haga una tortura de convencimiento», les enfatizó en un momento dado.

La archidiócesis de Madrid decidió a finales de julio del año pasado intervenir las HAM después de investigar una veintena de denuncias presentadas en los últimos años por presuntos casos de abusos de poder, de conciencia y de índole sexual en su seno, que fueron denunciados por miembros que salieron de esta asociación y por familiares de varias jóvenes monjas que, en su opinión, fueron captadas mediante acciones propias de una «secta». La líder de las HAM ya intuía a finales del año pasado que la Iglesia la investigaba cuando habló durante una videoconferencia de casi una hora con los «laicos» de su asociación, un grupo de fieles que en agosto negaron en un comunicado «cualquier manipulación o aislamiento de personas» en los conventos tras estallar la polémica.

«El demonio ataca la visión sobrenatural»

Ante los ataques «a la visión sobrenatural y lo que es una realidad de Dios», la líder de las monjas HAM exigió entonces cerrar filas con el cuarto voto de los estatutos de la asociación, «el voto perpetuo de fidelidad». «¿Qué significa eso?», se preguntó la propia Marimí. «Que la obediencia es obediencia. La obediencia es que yo me pongo disponible a Dios a través de un instrumento que creo que me están dando. O sea, que está escuchando a Dios y me está transmitiendo lo que el Señor quiere, no se lo está inventando. Entonces, vivir en la doctrina sobrenatural y divina significa vivir en una entrega de negación de ti mismo, en una entrega de elegir los bienes evangélicos por encima de los bienes materiales», puso de ejemplo.

Además, la líder de las HAM subrayó a los laicos de su organización que debían ser conscientes de que tener el «hijo del amor misericordioso que viva realmente el carisma» que ella pregonaba puede que no fuera bien aceptado en algunas familias. «No os van a entender los buenos, no os van a entender. Y vosotros muchas veces no vais a entender a las hermanas», planteó a modo de símil. Marimí también advirtió a sus feligreses de que Satanás merodeaba sin descanso. «El demonio ataca la visión sobrenatural porque el instrumento preferido del demonio es la racionalidad, la racionalización, la logilización incluso de lo espiritual», planteó con su habitual coletilla de «¿se entiende?», con la que finalizaba casi todas sus explicaciones.

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