«No podemos privar a nadie de educación»: la UNED lleva la universidad a las cárceles
Desde 1983, la UNED ha convertido las prisiones en espacios de formación superior

Un preso en el aula de una cárcel.
Cuando uno piensa en una cárcel, un aula universitaria no es lo primero que le viene a la cabeza. Sin embargo, esta escena forma parte de la realidad de las prisiones de España, donde la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) imparte el Programa de Estudios Universitarios en Centros Penitenciarios (Peucp), ofreciendo educación superior a más de 1.200 internos este año.
La presencia de formación universitaria en las cárceles nacionales se fundamenta en la Constitución de 1978, que redefinió el propósito de las prisiones de espacios exclusivamente punitivos a estructuras orientadas a la rehabilitación y la reinserción. Tras este hito, en 1983, los trabajadores de la UNED decidieron integrar la enseñanza superior en la nueva función de las cárceles españolas, lo que ha permitido consolidar a la institución como la única universidad que opera en los centros penitenciarios de España.
«La UNED nace para acercar la educación a todo el mundo, independientemente del entorno en el que estés y de las circunstancias que tengas», explica Diego Galán Casado, vicerrector adjunto de Estudiantes y Centros Penitenciarios. Para él, garantizar el acceso universal a la formación, desde las aldeas más remotas del país hasta las cárceles de alta seguridad, forma parte del ADN de la universidad.
Este principio se sustenta en el derecho constitucional a la educación, «un derecho que toda persona tiene y del que nosotros no podemos privarle», subraya el vicerrector. Entre las carreras de grado más populares en las cárceles se encuentran Derecho, Psicología y ADE.
Democratizar el acceso a la educación
El programa ofrece varias vías de acceso para quienes quieran estudiar en los centros penitenciarios. Para ello, se requiere haber superado la EBAU o un equivalente; quienes no cumplan este requisito pueden realizar el curso de acceso para mayores de 25 y 45 años.
A partir de ahí, los estudiantes pueden matricularse en casi todas las titulaciones que ofrece la UNED, excepto Ciencias Ambientales, Química, Física, Ingeniería y Educación Infantil, por motivos de seguridad. Además, tampoco pueden cursar las asignaturas optativas con prácticas externas en grados como ADE, Economía y Turismo, ya que no se conceden permisos para realizarlas.
Los internos tienen acceso a la matrícula gratuita bajo ciertas condiciones, como la insolvencia económica y la ausencia de un título universitario previo. Sin embargo, para mantener estos beneficios, deben cumplir con los requisitos de rendimiento académico según el curso en el que se encuentren.
La ayuda económica se concibe como una herramienta para combatir la exclusión estructural que, en muchos casos, está relacionada con la delincuencia. Según el educador social Lorenzo Salamanca García, en un artículo publicado en la Revista de Educación Social (2016), casi la mitad de los presos en España tiene únicamente estudios primarios, a lo que se suman trayectorias marcadas por la marginación social, la drogadicción y la pobreza.
«Lo que se intenta es dotar a los estudiantes de aquello que no han tenido la oportunidad, o no han querido, hacer en su momento», explica Patricia, jefa de la Sección Centros Penitenciarios del Vicerrectorado de Estudiantes e Inclusión de la UNED. «Hay muchas personas que entran en prisión con una vida totalmente destruida y desestructurada, porque la situación de exclusión social viene desde que son chiquititos. Entonces, al final, la educación te da la opción de reconstruir ese proyecto de vida».
De este modo, cuando los reclusos se reintegran a la sociedad, cuentan con herramientas para acceder al empleo y reducir el riesgo de reincidencia. Según datos del Ministerio de Justicia del Reino Unido, solo el 5% de los presos que cursaron estudios universitarios durante su estancia en prisión reinciden un año después de su puesta en libertad, frente al 46% del resto. «Si tú quieres que una persona no vuelva a reincidir, tienes que darle armas y la educación es la más potente con la que contamos», afirma Patricia.
Además, el vicerrector enfatiza que, cuando se habla de reinserción, no solo hay que centrarse en la reincidencia, sino que esta cuestión también implica que «la persona se sienta incluida y forme parte de la esfera global». Para ello, subraya, las personas deben poder «participar activamente en la sociedad, tener un trabajo, tener una casa, tener lo que todos [ansían]».
De esta manera, la educación en los centros penitenciarios ofrece a los exinternos la oportunidad de no volver «al mismo entorno en el que estaban, con las mismas circunstancias» y de rehacer sus vidas.
De recluso a estudiante
Dentro del programa, no se discrimina el acceso a la educación en función del delito por el que han sido condenados, ya que, como subraya Galán, el propósito de la UNED es educar, no penalizar: «Hablamos del derecho a la educación y eso trasciende el delito cometido. Nosotros no sabemos qué hizo cada uno para estar en prisión, ni queremos saberlo». Además, enfatiza que, para los docentes y trabajadores de la UNED, quienes participan en el Peucp «son estudiantes; no son ni presos ni internos, sino estudiantes en unas circunstancias diferentes».
De hecho, uno de los beneficios más notables de este programa es que estudiar les permite a los encarcelados cambiar de rol, pasando de la condición de recluso a la de estudiante, lo cual tiene efectos positivos en su autoestima, motivación y relaciones sociales. «Es muy necesario para ellos poder sentir que su familia se siente orgullosa de que estén estudiando, pensar: ‘Mi hijo ve que me estoy sacando Derecho’», añade Patricia.
La educación también mejora el ambiente y la convivencia en los centros penitenciarios, favoreciendo la creación de una comunidad entre quienes cursan estudios: «Hay un apoyo muy grande entre los estudiantes porque todos están en la misma situación y saben que se necesitan entre sí, y los gestores de formación también tiran de quienes llevan más tiempo estudiando para que ayuden a otros», explica Galán.
Este año la UNED ha puesto en marcha un programa piloto de alumnos mentores en los centros penitenciarios Madrid I y Madrid II, con el objetivo de reconocer el trabajo de estos participantes.
Una inversión, no un coste
Más allá de los beneficios que la educación genera en las prisiones y en la vida de los internos, también aporta ventajas para los contribuyentes en España.
Según datos de la organización inglesa Novus, la inversión en educación penitenciaria reduce los costes asociados a la reincidencia, que en el Reino Unido ascienden a 18.000 millones de libras esterlinas. «Tiene un beneficio para la sociedad clarísimo. Si sale una persona con un nuevo perfil laboral y social, te va a evitar gastos en todo», explica Patricia, quien señala que el empleo estable tiene efectos positivos en la cotización a la Seguridad Social, en el pago de impuestos e incluso en la reducción de costes asociados a la drogadicción previa.
Para contribuir a la desestigmatización de la prisión y de quienes la habitan, la UNED también ofrece cursos de verano en las prisiones, en los que pueden participar tanto personas privadas de libertad como asistentes externos.
La oferta varía cada año y según el centro e incluye temáticas como el autoconocimiento, la inteligencia artificial —una de las más demandadas, dado que no puede utilizarse en las cárceles— y la geopolítica, especialmente popular en el Establecimiento Penitenciario Militar de Alcalá de Henares.
Este año, además, se organizará el curso solidario Claves para la Inclusión Social en el Centro Penitenciario Madrid V, con contenidos como educación, psicología y matemáticas.
