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Medio Ambiente

Ribera celebra el «buen acuerdo» climático de la COP26 que las organizaciones ecologistas rechazan

Ribera celebra el «buen acuerdo» climático de la COP26 que las organizaciones ecologistas rechazan

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, considera que al pacto climático alcanzado en la XXVI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático que termina este sábado en Glasgow (Reino Unido) es un «buen acuerdo que sienta las bases para la nueva etapa hasta 2030», una valoración optimista que difiere de las que han hecho las distintas organizaciones ecologistas, como Amnistía Internacional, Oxfam o Greenpeace. Incluso el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha sido más crítico en su análisis.

Ribera ha celebrado que la aprobación del Paquete de Glasgow es un «paso adelante significativo que confirma el compromiso valiente de lograr una reducción de emisiones compatible con los escenarios del IPCC». Además, se alegra de que se haya mantenido «vivo» el objetivo de limitar el incremento de temperatura global a final de siglo en 1,5ºC y destaca que el acuerdo da los pasos para «empezar a desterrar definitivamente el carbón» al tiempo que «pone fin» a los subsidios a los combustibles fósiles.

«Un acuerdo en el que por fin se asume la importancia de un trabajo cada vez más complejo e imprescindible, como es invertir en adaptación en todos los países y disponer de mecanismos ágiles y rápidos para responder a las grandes catástrofes climáticas en las que la adaptación no es posible», ha valorado la ministra.

La COP26 terminará al filo de la media noche de este sábado, un día después respecto al calendario previsto y, con ello, no superará el récord de cumbre climática más larga de la historia que ostenta Madrid, que llegó a prorrogarse hasta la mañana del domingo debido a que la negociación estaba atascada. En el caso de Glasgow las sesiones también han tenido que alargarse dado que había numerosos aspectos que carecían del consenso necesario, ya que los acuerdos deben ser adoptados por unanimidad.

El Ministerio ve también positivo que el texto que han adoptado los 196 países que forman parte de la Convención incluya el objetivo de reducir globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero (GHG) un 45 por ciento en 2030 respecto a 2010 y que insiste en la urgencia e acelerar la ambición climática en esta década, siguiendo lo expresado por la ciencia del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Debate sobre ambición climática en 2022

No obstante, el acuerdo reconoce que existe una brecha entre los compromisos nacionales de reducción de emisiones, se pone en marcha un programa de trabajo para hacer viable el objetivo del 1,5ºC para lo que establece revisiones anuales de ambición frente al ciclo quinquenal de ambición que recogía el Acuerdo de París.

En todo caso para mantener la presión en la ambición al más alto nivel, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha anunciado que organizará un evento de líderes en 2022 para debatir sobre ambición climática.

Otros de los aspectos positivos que según el Ministerio para la Transición Ecológica deja esta COP26 es que por primera vez establece acciones sectoriales concretas para esta década a fin de reducir de forma notoria el uso del carbón y terminar con los subsidios a los combustibles fósiles, y asimismo refuerza el vínculo con la biodiversidad y los océanos, agendas con claras sinergias y beneficios compartidos en las que se seguirá trabajando.

En cuanto a la adaptación, cuestión en la que Ribera ha estado especialmente implicada durante la COP26, Glasgow da, según el Miteco, el espaldarazo que necesitaba en un contexto en el que los desastres naturales debidos al cambio climático van en aumento.

La vicepresidenta Ribera ha sido elegida facilitadora de la negociación en este ámbito que a partir de ahora deja su papel secundario respecto a la mitigación y busca indicadores y metodologías que permitan medir su progreso, estableciendo un programa de trabajo técnico para ayudar, evaluar y medir más acción en adaptación. Se da respuesta así a la demanda de los países en desarrollo con una mayor concreción del objetivo de adaptación que se estableció en París.

La polémica de la financiación

El acuerdo reconoce la importancia de que haya más fondos para adaptación para lograr un equilibrio con la financiación de la mitigación y pide a los países desarrollados que dupliquen en 2025 la financiación para adaptación respecto a 2019.

Por otro lado, sobre el mecanismo de pérdidas y daños, también relacionado con la adaptación entra en la lista de prioridades de la Cumbre de Glasgow y, en ese sentido, las partes han acordado proveer de fondos la llamada Red de Santiago, que se estableció en la COP25 de Madrid como un espacio para trabajar en esta agenda e incentivar una verdadera movilización de recursos que responda a las emergencias en los países más vulnerables.

Respecto a financiación, para el MITECO es sin duda uno de los temas que ha centrado la discusión de la COP26. En Glasgow se ha reconocido la brecha que existe en financiación climática y ha presentado un plan para cumplir a más tardar en 2023 con la promesa realizada en la Cumbre de París de 2015 de aportar aportación acordada en París de 100.000 millones de dólares anuales. Si bien, indica que el gran cambio es la apertura de la discusión financiera más allá de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Más allá de los presupuestos públicos, empieza a hablarse de una nueva arquitectura financiera y del papel de distintos instrumentos e instituciones para responder a la necesidad de movilizar más financiación.

Otro de los aspectos más importantes en esta materia para el Gobierno es que se reconocen las crecientes necesidades de los países más vulnerables y se llama de manera especial a incluir la vulnerabilidad climática como indicador claro para la movilización de recursos concesionales, haciendo mención especial a los Derechos Especiales de Giro.

En esta nueva economía de la adaptación se hace un llamamiento específico a bancos multilaterales, instituciones financieras y sector privado a aumentar su financiación para el cumplimiento de los planes climáticos con atención especial a la adaptación. En particular, se reconoce el papel de los Bancos Multilaterales de Desarrollo y del sector financiero, que deben alinear sus estrategias y productos con los objetivos del Acuerdo de París. Y a partir de 2025 se empezará a discutir el nuevo objetivo financiero.

La Cumbre de Glasgow supone cerrar de una vez las reglas para la puesta en marcha de los mercados de carbono que ya se recogían en el Acuerdo de París de 2015. En este aspecto, el MITECO subraya que a pesar de los esfuerzos de la UE para evitarlo se ha abierto la puerta a introducir unidades de mercado del Protocolo de Kioto en el sistema de París, lo cual tiene un potencial efecto negativo en la ambición. Por eso, la Unión Europea ha acordado no usar este tipo de unidades y espera que otros países, aliados en la ambición climática, hagan lo mismo.

No obstante, hay avances a la hora de garantizar la integridad ambiental de los mercados, ya que se consigue ajustar todas las emisiones para el cumplimiento, tanto para los países como para otros sistemas como CORSIA (Plan de compensación y reducción de carbono para la aviación internacional).

Otra novedad es la introducción de una nueva regla que obliga a que un 2 por ciento de las reducciones generadas en los proyectos no puedan usarse para cumplir con los compromisos de reducción de emisiones lo que refuerza la integridad ambiental de estos proyectos.

En cuanto a las demandas de los países en desarrollo, Glasgow ha acordado que una tasa del 5 por ciento de las emisiones que se generen en los proyectos irá destinada al Fondo de Adaptación. De esta manera, se garantiza la previsibilidad de los flujos financieros para la adaptación.

Al mismo tiempo, la COP26 ha incidido en el importante papel que juegan interlocutores no gubernamentales, entre ellos, la sociedad civil, los pueblos indígenas y comunidades locales, los jóvenes y los niños y otros actores para defender la justicia climática.

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