El ejército ruso usa sistemas estadounidenses como eje de sus comunicaciones
Radios, repetidores de señales y routers wifi de largo alcance están siendo usados y no deberían estar allí

Soldados rusos instaurando una antena.
Se han hecho las comprobaciones pertinentes y la empresa aparenta no tener relación directa con el asunto, aunque deja en el aire cierto tufillo a cuerno quemado. A pesar de las restricciones, sus productos están acabando de manera ineludible en el frente ucraniano, y no deberían. La compañía Ubiquiti es uno de los ejes de las comunicaciones de las fuerzas de Moscú, y muchos se preguntan cómo han ido a parar allí de una forma tan masiva.
El uso de tecnología civil y de fácil acceso a través de redes comerciales en conflictos armados plantea preguntas incómodas sobre responsabilidad y control. Ubiquiti, una empresa estadounidense valorada en decenas de miles de millones de dólares, está en el centro de una polémica global por la presencia de sus productos en el frente de batalla de Ucrania.
Sus dispositivos no están considerados armamento. Sin embargo, las evidencias halladas sin ninguna dificultad sugieren un papel crítico en las comunicaciones del ejército ruso, en especial en lo relacionado con la operativa de drones. Este fenómeno obliga a replantear no solo los mecanismos de control de exportaciones, sino también la ética empresarial en tiempos de guerra.
Ubiquiti Networks, con sede en Nueva York y fundada en 2005, diseña y comercializa equipos de conectividad inalámbrica de alta gama y capacidades que van más allá de lo estrictamente doméstico. Su gama de productos incluye antenas, puntos de acceso wifi, routers y repetidores de radio con capacidades de largo alcance.
Estos dispositivos no están orientados al consumidor doméstico, sino al despliegue profesional en zonas rurales, instalaciones industriales o entornos donde la infraestructura de red es limitada. Su facilidad de uso, robustez y bajo coste han convertido a la marca en una referencia entre proveedores y usuarios de este tipo de funcionalidad.
De todo su catálogo, el producto más habitual en el frente ruso-ucraniano es el Ubiquiti NanoStation, un transceptor inalámbrico que permite conectar dos puntos separados por varios kilómetros mediante señales de radio en la banda de 2,4 o 5 GHz. Con un precio medio de entre 100 y 180 euros, según modelo y configuración, estos dispositivos están disponibles en lugares tan accesibles como Amazon. En manos de las tropas rusas, estas antenas permiten coordinar enjambres de drones, transmitir vídeo en tiempo real y enlazar puestos de mando improvisados.

Una investigación de Hunterbrook Media reveló que equipos de Ubiquiti están siendo utilizados sin cortapisas por las fuerzas armadas rusas en Ucrania. Un oficial ucraniano de comunicaciones llegó a estimar que cerca del ochenta por ciento de los repetidores de radio observados en el frente eran de esta marca.
Estos dispositivos no deberían estar allí debido a las restricciones legales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea tras la invasión de Rusia en 2022. Las sanciones y controles de exportación estaban diseñados para impedir que equipos de uso dual —como los de Ubiquiti— llegaran a manos rusas. Sin embargo, los datos comerciales muestran que, lejos de disminuir, el valor de los envíos de estos productos a Rusia aumentó en más de un 60% después de la invasión, lo que plantea dudas sobre la eficacia de los mecanismos de supervisión establecidos.
La cadena de suministro de Ubiquiti es extensa y compleja, y confía en cientos de distribuidores externos alrededor del mundo. Esta estructura descentralizada expone la incapacidad del fabricante para rastrear con exactitud el destino final de sus productos. La firma ha expresado que carece de control sobre las compras realizadas a través de distribuidores; sin embargo, expertos legales subrayan que esto no les exime de cierto grado de responsabilidad bajo el actual régimen de sanciones.
Un carril oculto
El camino habitual por el que los productos llegan a Rusia es a través de terceros países. Empresas en Turquía, Kazajistán, Emiratos Árabes Unidos, China y Uzbekistán han sido identificadas exportando productos Ubiquiti a Rusia en volúmenes significativos. En algunos casos, estas entidades han sido sancionadas por las autoridades norteamericanas por su participación en esta evasión de controles.
Casos como los de Discomp, en la República Checa, y Simple Solutions, en Kazajistán, ilustran cómo los distribuidores redirigen envíos para sortear restricciones. Discomp continuó enviando productos Ubiquiti a clientes vinculados al mercado ruso incluso después de recibir advertencias. Más tarde, sus envíos fueron canalizados a través de intermediarios turcos también sancionados.
Simple Solutions, fundada pocos días después de la invasión rusa, no muestra operaciones comerciales fuera de su función de intermediario. Toda su actividad consiste en exportaciones de productos Ubiquiti a empresas rusas, en un caso típico de empresa creada para una finalidad única. Las respuestas de algunos proveedores europeos, que aseguran cumplir con las regulaciones, contrastan con registros comerciales que indican operaciones que se saltan el cumplimiento formal.
Implicaciones legales
Las implicaciones legales para Ubiquiti son significativas. La Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio de Estados Unidos puede iniciar investigaciones incluso cuando una empresa no exportó directamente a un país sancionado. Si se demuestra que los productos terminaron en Rusia en violación de las regulaciones, la empresa podría enfrentarse a sanciones similares a las impuestas cuando equipos suyos llegaron a Irán por canales indirectos.
Algunos distribuidores reaccionaron con celeridad ante la invasión. La firma letona Getic cortó de inmediato las ventas a Rusia y se negó a suministrar productos de Ubiquiti y marcas similares. Otros, sin embargo, continuaron facilitando envíos que terminaron en manos de clientes rusos. Pero hay datos más sangrantes que aderezan esta historia.
Soldados rusos han publicado mensajes en redes sociales en señal de agradecimiento por la recepción de antenas Ubiquiti. De paso, las describen como fundamentales para mantener las comunicaciones bajo fuego enemigo. Una carta atribuida a un coronel ruso solicitaba expresamente este tipo de equipo para operaciones activas en Ucrania.
Las imágenes difundidas refuerzan esta evidencia. Se han identificado antenas de Ubiquiti instaladas en vehículos blindados, puestos de observación o estaciones de drones. La presencia del logotipo de la empresa en estos entornos no deja lugar a dudas. Su uso permite la operación de drones, la transmisión de vídeo en tiempo real y la coordinación entre unidades desplegadas en zonas sin cobertura.
Herramienta clave
Varios informes de organismos internacionales apuntan a que los ataques con drones han generado una parte significativa de las bajas en Ucrania. La precisión y autonomía de estos ataques dependen en gran medida de la calidad de las comunicaciones y, aunque Ubiquiti no diseña sus equipos con fines militares, la realidad es que están sirviendo como pieza clave en el avance ruso.
La respuesta oficial de Ubiquiti hasta el momento ha sido algo escueta. La compañía asegura que cumple con las leyes establecidas y que no mantiene relaciones comerciales con Rusia desde el inicio del conflicto. No obstante, evita responder a cuestiones clave, como el momento exacto en que interrumpió sus ventas o si ha denunciado el uso no autorizado de su marca en tiendas online rusas.
Aunque la empresa registró su logotipo en Rusia, no ha emprendido acciones visibles para cerrar plataformas que ofrecen sus productos en violación de sanciones. Esta permisividad contrasta con la celeridad y el interés que han aplicado otras tecnológicas para defender sus activos y cumplir con las regulaciones impuestas.
La guerra en Ucrania ha puesto en evidencia cómo tecnologías civiles de fácil acceso pueden ser utilizadas con fines bélicos. En un mundo donde la frontera entre lo civil y lo militar es cada vez más borrosa, la neutralidad comercial deja de ser una actitud aceptable y requiere de unos controles que están fallando.
