Una empresa israelí dota de ‘superoídos’ a los soldados para que detecten drones sin verlos
El dispositivo dota de superpoderes a los usuarios a través de una escucha aumentada

Un soldado con un dispositivo Clarus.
La escena se repite a diario en Ucrania. Un grupo de soldados avanza en una pick-up por una pista embarrada. De pronto, alguien levanta la mano. Se ha oído algo y el conductor frena en seco. Las puertas se abren casi al unísono y los ocupantes se dispersan en busca de cobertura. A los pocos segundos, el dron impacta contra el vehículo, que estalla y arde como una antorcha.
En la guerra contemporánea, el sonido se ha convertido en una cuestión de vida o muerte. No es el estampido del obús ni el silbido de la bala lo que más inquieta. Hoy, a un soldado en el frente, lo que más le inquieta es un zumbido agudo, casi imperceptible, que puede confundirse con el viento o con el motor lejano de una moto. Ese zumbido precede al impacto de un dron cargado con explosivos.

Detectarlo segundos antes de su llegada marca la diferencia entre salir del vehículo y correr campo a través o convertirse en una cifra más en el parte de bajas; entre la vida y la muerte. En ese margen mínimo de tiempo quiere jugar la empresa israelí Silynx Communications con su sistema Clarus II. Se trata de un auricular táctico que convierte el oído del combatiente en un sensor avanzado ante amenazas aéreas, dándole superpoderes.
Clarus no elimina la amenaza, pero compra tiempo, y en combate el tiempo se mide en vidas. El sistema es capaz de amplificar el sonido característico de los motores eléctricos y sus rotores asociados y puede otorgar una ventaja decisiva.
Silynx Communications Inc., especializada en soluciones de comunicación intraaural para fuerzas armadas y cuerpos de seguridad, ha sido sometida a ensayos de campo en conexión con una unidad antiterrorista de la OTAN. Según la empresa, los resultados confirmaron que el auricular mantiene a las tropas comunicadas y protegidas, al tiempo que incrementa su capacidad de alerta frente a amenazas como los drones.
El Clarus II no es un simple auricular con radio integrada. Se trata de un sistema modular diseñado conforme al estándar MIL-STD-810G, lo que implica resistencia a vibraciones, humedad, polvo y temperaturas extremas. Su fisonomía dispone de una caja de control compacta e impermeable que actúa como centro neurálgico del sistema. Desde ahí se gestiona el audio, se alimenta el conjunto mediante una pila AA y se dispone de controles que se pueden operar incluso con guantes gruesos.

Uno de los elementos clave del sistema reside en que el operador puede monitorizar hasta tres redes independientes gracias a pulsadores diferenciados. La radio primaria se escucha en un oído y la secundaria en el otro, lo que permite distinguir de inmediato qué canal está activo sin apartar la vista del entorno. Según los usuarios, en situaciones de alto tráfico en el espacio radioeléctrico, esa separación izquierda-derecha reduce la confusión y agiliza la toma de decisiones.
La innovación más relevante, sin embargo, es la denominada «Detección de Drones Silynx». Este modo avanzado de mejora de audio amplifica los rangos de frecuencia asociados a motores y rotores de drones. El sistema actúa como un filtro inteligente que hace destacar el zumbido específico de un dron frente al ruido ambiente de un entorno urbano o rural. No sustituye a los radares ni a los inhibidores, pero complementa esas defensas con una ultrapercepción acústica.
En el conflicto de Ucrania, el oído humano se ha convertido en una herramienta de alerta temprana. Las unidades se detienen al detectar el característico sonido de un cuadricóptero y abandonan sus vehículos antes de que el artefacto impacte. El margen de reacción suele ser de apenas unos segundos. Amplificar esa señal acústica puede extender ese margen.
Superpoderes en los auriculares
El auricular intraaural Protego Pro, que forma parte del sistema, incorpora un micrófono especializado que capta la voz desde el interior del canal auditivo. Esta tecnología permite comunicarse incluso en entornos de alto ruido sin elevar la voz. Además, integra micrófonos ambientales que proporcionan conciencia situacional en el entorno circundante. El combatiente no queda aislado de lo que le rodea, sino que recibe los sonidos externos a un nivel seguro y controlado, con protección auditiva frente a detonaciones o disparos cercanos.
El modo Susurro añade otro extra. En operaciones de infiltración o vigilancia, donde el silencio es esencial, el sistema capta el habla de bajo volumen mediante el micrófono ambiental. Si el entorno se vuelve caótico, el operador puede alternar al modo intraaural, que sella el canal auditivo con espuma y bloquea el ruido exterior mientras transmite la voz con claridad.
Adaptatividad automatizada
Otro elemento técnico relevante es la Prueba de Sellado Silynx. Cada vez que el sistema se enciende, verifica si los auriculares están correctamente ajustados en el canal auditivo. Si el sellado no es óptimo, el usuario recibe una notificación para corregirlo. Clarus no es de uso exclusivo de equipamiento militar. Ofrece conectividad con teléfonos inteligentes, tabletas tácticas y dispositivos de usuario final mediante USB-C, Lightning o Bluetooth cifrado.
El sistema mantiene un perfil ligero y reduce el cableado externo. Su tecnología one-wire (lit.: un cable) identifica de forma automática el dispositivo conectado y ajusta los niveles de audio sin necesidad de configuración.
La proliferación de drones de bajo coste ha obligado a replantear la protección de las unidades en movimiento, y la OTAN ya ha planteado preguntas acerca del sistema. Las defensas tradicionales, diseñadas frente a aeronaves tripuladas o misiles de mayor tamaño, no siempre resultan eficaces contra aparatos pequeños, silenciosos y baratos.
Oídos más grandes para oírte mejor
El Clarus II no cambia la naturaleza del conflicto. No derriba drones ni bloquea señales. Su aportación se sitúa en un plano más inmediato, más primario y animal: aumentar la conciencia situacional del soldado. Convertir cada auricular en un detector acústico portátil supone trasladar parte de la defensa al combatiente sobre el terreno.
En la guerra del siglo XXI, donde un artefacto de unos cientos de euros puede destruir un vehículo blindado, la ventaja ya no depende solo del calibre o del blindaje. Si el oído se convierte en sensor y la comunicación en escudo, el margen entre la vida y la muerte puede ampliarse unos segundos. Y en el frente, esos segundos valen más que cualquier tonelada de acero.
