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El F-15 Strike Eagle era un aparato invencible hasta que sucumbió… ante el fuego amigo

Ha volado con un ala, ha dominado guerras y ha servido durante más de cuatro décadas

El F-15 Strike Eagle era un aparato invencible hasta que sucumbió… ante el fuego amigo

F-15 Strike Eagle

El 1 de marzo de 2026 quedará inscrito en la historia de la aviación militar por una razón amarga. Por primera vez en una historia de más de cuatro décadas, no uno, sino tres cazabombarderos McDonnell Douglas F-15E Strike Eagle fueron derribados, y todo en una misma jornada. No lo hizo un MiG, ni un sistema antiaéreo enemigo, ni una emboscada tecnológica de última generación: lo hizo un sistema de defensa aliado de Kuwait.

Los tres derribos, en sendos incidentes de fuego amigo mientras apoyaban la operación Epic Fury, reflejan el grado de complejidad de una operación de este calado. El aparato que durante décadas presumió de invulnerabilidad en combate aire-aire vio quebrado su mito en cuestión de minutos por un error. Por alguna razón, nadie avisó a los misiles Patriot de defensa antiaérea de que aquellas aeronaves eran del mismo bando.

Por fortuna, los seis tripulantes —dos por aparato— lograron eyectarse y fueron recuperados con vida y sin grandes daños, uno de ellos una piloto. Cuando los kuwaitíes que los vieron caer del cielo se acercaron, tuvieron que dejar bien claro que eran estadounidenses, porque algunos de los presentes creyeron que podían ser iraníes, y la actitud no fue en especial amistosa. Aclarado todo, fueron atendidos y llevados a la base militar más cercana.

El golpe, confirmado por el Mando Central estadounidense, no fue tanto humano como simbólico y operativo. Hasta la fecha, el F-15 acumulaba un historial de 104 victorias aire-aire sin una sola pérdida frente a otro caza. Ese registro, construido desde los años setenta, había convertido al Eagle en una leyenda.

Ciudadanos kuwaitíes creían que los pilotos derribados eran iraníes

El F-15E Strike Eagle en servicio, y víctima insospechada de las defensas kuwaitíes, es la evolución biplaza y polivalente del F-15 original. Nació pensado para ejecutar varios roles. Puede combatir a otros aparatos en el aire, penetrar territorio enemigo a baja cota y atacar objetivos terrestres de noche y en condiciones adversas. La cabina, con dos asientos, es compartida por el piloto y el oficial de armas. Esa doble tripulación permite gestionar sensores, radar, navegación y armamento de precisión con una carga de trabajo asumible en misiones complejas.

Su propulsión se apoya en dos motores Pratt & Whitney F100, que en su configuración más potente generan hasta 58.000 libras de empuje combinado. Una cosa es fuerza y otra potencia, pero podría decirse que sus motores generan unos 300.000 CV, el equivalente a 15 parrillas de Fórmula 1 sumadas. Semejante cifra explica por qué sigue siendo el caza más rápido del Pentágono.

Puede superar Mach 2,5, más de 3.000 kilómetros por hora a gran altitud. El paso de potencia mínima a postcombustión máxima se produce en menos de cuatro segundos y puede trepar en vertical cargado. Esa reserva de potencia le ha dado ventaja en maniobras cerradas y salidas rápidas tras un ataque.

Su capacidad de carga es otro rasgo definitorio. Puede transportar hasta 11.500 kilos entre combustible externo y armamento. En sus soportes cuelgan misiles de diversas tipologías, además de bombas guiadas de precisión. Otra de sus armas características es el cañón Vulcan de 20 milímetros, con capacidad para 940 proyectiles en su cargador.

Durante la Guerra del Golfo de 1991, los F-15 lograron 36 de las 41 victorias aire-aire estadounidenses. Derribaron aviones como el MiG-29, MiG-25 y Mirage F1 sin sufrir pérdida alguna. En los conflictos de las décadas posteriores mantuvieron esa hegemonía. Lo que sí es cierto es que algunos aparatos se perdieron, pero no fue en combate, sino por incendios en tierra o accidentes, pero ninguno cayó en combate… hasta ahora.

Medio avión volando

La historia del F-15 está construida sobre episodios que desafían la ingeniería y la lógica. El más inverosímil ocurrió el 1 de mayo de 1983 sobre el desierto del Néguev, durante un ejercicio de entrenamiento de la Fuerza Aérea israelí. El piloto Zivi Nedivi, en su debut en escuadrón con un F-15D, colisionó en vuelo con un A-4 Skyhawk que ascendía en dirección contraria.

El Skyhawk casi se desintegró y su piloto se eyectó con éxito. El F-15 de Nedivi entró en barrena de forma violenta y perdió el control de forma momentánea. El instructor dio la orden por radio de saltar en paracaídas. Nedivi, que tenía rango superior al instructor, decidió no hacerlo. Encendió la postcombustión, recuperó la aeronave y puso rumbo a la base de Ramón, a 16 kilómetros. Lo que ni él ni su instructor sabían es que no llevaban ala derecha.

La razón era que una densa niebla de queroseno que se evaporaba bloqueaba la visión de esa zona del aparato desde la cabina. Nedivi aterrizó a 260 nudos —el doble de la velocidad normal— porque, por debajo de esa cifra, el avión volvía a perder el control. El sistema de frenado hizo lo que pudo, y el F-15 se detuvo justo a seis metros de la barrera final de la pista.

Fue al bajarse y estrechar la mano de su instructor cuando Nedivi vio por primera vez el estado de su aparato. Cuando contaron la historia a los técnicos de McDonnell Douglas, respondieron que era imposible volar un F-15 sin un ala… hasta que recibieron la fotografía. Entonces revisaron su análisis: el fuselaje, las tomas de motor y los estabilizadores generan sustentación suficiente a alta velocidad. A partir de cierta velocidad, dijeron, el F-15 se convierte en un cohete y no requiere la ayuda de superficies que lo sujeten en el aire.

Y vuelta a la acción

Ese mismo avión, reparado y devuelto al servicio, derribó otro MiG-23 sirio en noviembre de 1985. El F-15 no es un caza que se rinda con facilidad, lo que hace aún más aguda la ironía de lo ocurrido en Kuwait: el único aparato que nadie había conseguido abatir en el aire cayó víctima de los sistemas de defensa de un país aliado durante una operación conjunta.

El F-15 fue concebido con márgenes amplios, estructura robusta y potencia sobrante. No es furtivo, no existía esa tecnología cuando fue diseñado, así que no pretende ser invisible. Su fuerza radica en su velocidad, capacidad de carga y sensores añadidos. El radar APG y los sistemas electrónicos le han permitido detectar antes, disparar primero y maniobrar con una energía superior. Durante décadas, ese conjunto funcionó como un seguro de vida en combate aire-aire.

Larga vida al Strike Eagle

El incidente de Kuwait no invalida esa trayectoria, pero sí rompe la narrativa de invulnerabilidad absoluta. En un espacio aéreo saturado por misiles, drones, defensas propias y ajenas, la identificación amigo-enemigo se convierte en un desafío crítico. No fue un duelo clásico entre cazas, sino una cadena de decisiones, sensores bajo presión y, quizá, la falta de comunicación entre partes.

Un misil Patriot ya derribó en 2003 un Tornado británico en un incidente similar. Por desgracia, sus dos tripulantes no pudieron contarlo. La investigación posterior concluyó que el sistema lo identificó de forma errónea como un misil antirradiación enemigo.

A pesar de todo, el derribo por fuego amigo no cuestiona las capacidades técnicas del avión, sino la arquitectura del entorno donde opera. El F-15E sigue siendo una de las plataformas más capaces para misiones de penetración y ataque profundo. Prueba de ello es que la Fuerza Aérea prepara su relevo con el F-15EX Eagle II, una versión modernizada con sistema fly-by-wire, cabina digital y capacidad de carga que puede alcanzar las 29.500 libras. El mismo avión, pero mejorado, lo que en cierto modo valida la vigencia de un diseño propio de los años 80.

Un borrón en el historial no le resta valor

El Eagle II podrá portar hasta 22 misiles aire-aire y alojar sistemas avanzados de guerra electrónica. No será furtivo, pero combinará velocidad, potencia y ataque electrónico para acompañar a plataformas de quinta generación como el F-35. La lógica es clara: complementar sigilo con músculo.

El 1 de marzo de 2026 marca un antes y un después. El F-15 ya no puede presumir de cero pérdidas en combate operativo. Sin embargo, su legado no se borrará por culpa de un error trágico. Sigue siendo uno de los cazas más rápidos, potentes y versátiles jamás construidos. Ha volado con un ala, ha dominado guerras y ha servido durante más de cuatro décadas en primera línea.

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