The Objective
Tecnología

La conquista del espacio encierra una silenciosa carrera: la de los trajes espaciales

Los astronautas se enfrentan a la cadena de condicionantes que existen en ausencia de atmósfera

La conquista del espacio encierra una silenciosa carrera: la de los trajes espaciales

Traje espacial intravehicular de SpaceX

Los ojos del visionario Emilio Herrera se hubieran salido de sus órbitas de haber visto lo de hoy. Diseñó en los años treinta del siglo pasado una escafandra estratosférica con casco presurizado, sistema de oxígeno y control térmico. Los aviones apenas acababan de echar a volar, y el ingeniero granadino ya maquinaba algo que casi permitiría pasear por la Luna.

Aquella solución, concebida para vuelos a gran altitud, incluía ya los principios que hoy definen cualquier traje espacial: aislamiento, presión interna y soporte vital autónomo. Desde entonces, el tiempo ha pasado, y la principal diferencia es que lo que entonces era un experimento, hoy es una industria multimillonaria.

En el regreso a la Luna que impulsa el programa Artemis, el sistema crítico ya no es solo el cohete o el módulo de descenso. Uno de los ejes sobre los que pivota gran parte del plan es el equipo que permitirá a los astronautas trabajar durante horas en un entorno hostil. La presión es nula, la radiación es constante y las temperaturas oscilan entre extremos incompatibles con la vida. No irán encerrados en un traje, sino en una atmósfera personalizada que cabe en el maletero de un coche.

El punto de partida técnico de cualquier traje espacial es su función asignada. Los trajes intravehiculares, conocidos como IVA por sus siglas en inglés, están diseñados para proteger al astronauta dentro de la nave. Su función principal es actuar como sistema de respaldo en caso de despresurización. Trabajan a presiones más bajas, con menor rigidez estructural y sin necesidad de soportar impactos o radiación directa. Son una mezcla de chándal y armadura, con un peso de entre 10 y 20 kilogramos, y su construcción se basa en tejidos presurizados, cascos ligeros y sistemas de conexión al vehículo.

Los trajes extravehiculares, EVA, constituyen otra categoría. Son sistemas completos de supervivencia autónoma, similares en concepto a los trajes de buzo de altas profundidades. Deben mantener una presión interna estable, proporcionar oxígeno, eliminar dióxido de carbono, regular la temperatura corporal, proteger frente a la radiación y resistir impactos de micrometeoritos. Su masa supera con facilidad los 100 kilos en condiciones terrestres, y su diseño implica la aplicación de una serie de capas bastante complejas.

Traje extravehicular AxEMU de Axion Space

El AxEMU («Axiom Extravehicular Mobility Unit», lit.: «unidad de movilidad extravehicular Axiom»), de la compañía Axiom Space, representa la evolución más avanzada de este concepto. Su estructura se organiza en capas funcionales. La primera —si empezamos a contar de dentro afuera, empezando desde la piel del astronauta— es la prenda de refrigeración líquida, formada por una red de tubos por los que circula agua en contacto con el cuerpo. Este sistema extrae el calor metabólico y lo transfiere a un intercambiador térmico. Sobre ella se sitúa la capa de presión, compuesta por tejidos resistentes que mantienen la forma del traje cuando está presurizado.

Encima de estas se encuentran las capas de protección. Estas incluyen múltiples láminas de materiales como Mylar aluminizado, Kapton, Kevlar y Nomex. El Mylar actúa como reflector térmico, el Kevlar proporciona resistencia mecánica frente a impactos y el Nomex ofrece protección frente a temperaturas elevadas, como el traje de un bombero. El conjunto forma una barrera contra micrometeoritos, radiación ultravioleta y polvo lunar, que presenta propiedades abrasivas parecidas al vidrio triturado.

El sistema de soporte vital del AxEMU se integra en una mochila de algo más de 40 kilos de peso. Este módulo contiene depósitos de oxígeno comprimido, sistemas de eliminación de CO2 mediante cartuchos químicos o regenerativos, ventiladores, bombas de circulación y baterías. También incorpora sistemas electrónicos de control, sensores biométricos y comunicaciones. La autonomía estimada se sitúa en unas ocho horas de actividad continua, con márgenes de seguridad adicionales.

El peso total del traje supera los 120 kilogramos en la Tierra. En la Luna, donde la gravedad es una sexta parte, ese peso efectivo se reduce a unos 20 kilogramos, lo que permite una cierta movilidad; no se podría disputar un maratón, pero sí realizar caminatas con relativa facilidad. A pesar de su relativa ligereza, al igual que en una aeronave, la distribución de masas y el centro de gravedad son factores críticos en el diseño.

Distinto es el traje EVA de SpaceX, probado en la misión Polaris Dawn, cuya arquitectura y diseño responden a una visión alternativa. Se trata de un sistema dependiente del vehículo, sin mochila autónoma. El soporte vital se suministra desde la nave a través de un cordón umbilical que proporciona oxígeno, energía eléctrica y comunicaciones.

Esta decisión elimina uno de los elementos más complejos del traje: el sistema portátil de soporte vital. Como consecuencia, el peso se reduce de forma significativa, en torno a los 20-25 kilogramos. El traje pasa a ser una envoltura presurizada optimizada para la movilidad y la ergonomía.

Un supertraje de submarinista

En términos de materiales, SpaceX emplea textiles elastoméricos avanzados que combinan flexibilidad y resistencia. Estos materiales permanecen maleables en estado despresurizado, lo que facilita su colocación, pero adquieren rigidez estructural al inflarse. Este comportamiento permite mantener la forma sin recurrir a estructuras metálicas complejas. Un símil equiparable podría ser el de los neoprenos de los surfistas.

Por otro lado, las articulaciones del traje incorporan anillos semirrígidos y elementos rotativos que permiten el movimiento bajo presión. En contraste, el AxEMU utiliza rodamientos mecánicos en hombros, caderas y rodillas. Estos componentes permiten movimientos más precisos y controlados, necesarios para tareas como recoger muestras geológicas o manipular instrumentos científicos.

Y luego queda una asignatura sensible: la presión interna. Los trajes espaciales operan a presiones inferiores a la atmosférica terrestre, normalmente entre 0,3 y 0,4 atmósferas. Esto reduce la rigidez del traje y facilita el movimiento, pero exige un microentorno rico en oxígeno para evitar la hipoxia. Ambos diseños siguen este principio, aunque el control de la mezcla de gases es más complejo en sistemas autónomos como el AxEMU.

Calefactados, presurizados y tecnológicos

La gestión térmica constituye uno de los mayores desafíos. En ausencia de atmósfera, el calor no se disipa por convección. El AxEMU utiliza un sistema de radiadores para expulsar el calor al espacio. El agua calentada en el circuito interno se enfría mediante evaporación controlada o intercambio térmico con superficies radiantes. La opción elegida por SpaceX puede externalizar parte de este proceso a la nave, lo que simplifica el traje.

La protección frente a la radiación y los micrometeoritos marca otra diferencia. El AxEMU incorpora capas específicas para resistir impactos de partículas a alta velocidad y minimizar la exposición a radiación solar y cósmica. El traje de SpaceX, en su configuración actual, está diseñado para entornos orbitales donde la nave ofrece cierta protección adicional.

En cuanto a la interfaz, SpaceX introduce un visor con pantalla integrada. Este sistema proyecta información crítica directamente en el campo visual del astronauta: presión interna, temperatura, nivel de oxígeno o tiempo de actividad. El casco incluye además cámaras de alta definición y visores con tratamiento antirreflejo.

El AxEMU opta por un sistema externo montado en el traje; una suerte de iPad en el antebrazo del usuario. Este dispositivo permite acceder a información más compleja, incluidos mapas, datos científicos y diagnósticos del sistema. También integra iluminación adaptada a las condiciones de contraste extremo del polo sur lunar, donde la luz solar incide en ángulos muy bajos.

Un sastre muy caro

El coste de estos sistemas refleja su complejidad. Los trajes EVA tradicionales de la NASA han alcanzado costes superiores a los 100 millones de euros por unidad si se consideran el desarrollo, mantenimiento y logística. El AxEMU, desarrollado bajo contratos comerciales, busca reducir esa cifra, aunque se mantiene en el rango de varios millones por traje. SpaceX, fiel a su modelo industrial, apunta a costes más bajos mediante simplificación y producción en serie, aunque no existen cifras oficiales.

El tipo de uso también difiere. El AxEMU está diseñado para caminatas lunares, exploración científica, instalación de equipos y operaciones prolongadas en superficie. El traje de SpaceX está orientado a actividades cercanas a la nave, mantenimiento orbital y primeras fases de desarrollo de capacidades extravehiculares.

Estas diferencias responden a dos enfoques estratégicos. Uno prioriza la capacidad máxima en entornos extremos, el otro busca escalabilidad y reducción de costes. Ambos son necesarios. Sin sistemas como el AxEMU no sería posible operar en la Luna. Sin soluciones como la de SpaceX, la expansión de la actividad humana en el espacio sería económicamente inviable.

La evolución de los trajes espaciales no es una cuestión estética ni secundaria. Es el nexo de convergencia entre ingeniería de materiales, fisiología humana y diseño industrial. Cada costura, cada capa y cada válvula forman parte de un sistema que debe funcionar sin margen de error. Si Emilio Herrera viviera, esbozaría una sonrisa al saber que la capa final del traje de AxEMU lo ha cosido la firma de moda Prada.

Publicidad