The Objective

La viñeta sobre... La colleja

La colleja V.02

Lo malo de escribir sobre acontecimientos que aún no han acontecido, especialmente los que van a alumbrar algún resultado, es que a veces uno no se entera y… se queda con cara de enterao. Siempre me han parecido llamativamente osadas las declaraciones de los boxeadores antes de los combates. Normalmente es el aspirante el que siempre amenaza con partirle la cara al Tyson de turno, y casi siempre al bocazas le parten la boca y queda tendido, inerte sobre la lona y en prime time, con su fallida predicción escrita a porrazos sobre el rostro ensangrentado. La profesión de opinante, columnista o tertuliano es parecida a la de esos insensatos atolondrados, porque puede quedársele a uno el bolo colgando a la vista de la hemeroteca para siempre jamás. Menos mal que el papel —que ya no lo es— del periódico de hoy solo sirve para envolver el pescado de mañana. Pero si uno no quiere arriesgar, si lo que quiere es un trabajo sin sobresaltos, un curro seguro… pues métase a agente de seguros.

La cosa es que ayer titulé la columna La colleja, y resulta que el pescozón me lo llevo yo en todo el pescuezo, y esta mañana de resaca electoral escribo y entono aquí mi mea culpa. Es lo que me pasa por dejarme llevar por lo fácil, que son las encuestas. Uno veía venir al rupestre candidato de Vox —con ese nombre que tan mal se lo debió de hacer pasar en el patio del colegio— segando votos con su cosechadora verde de última generación. Arrasando y camino de un gobierno de coalición de tú a tú con los capidisminuidos peperos. Es lo que auguraba el amigo Tezanos, que, a fuerza de mentir, ha conseguido el hombre decir una verdad.

Mira tú por dónde, que ha sido el hombre tranquilo, Mañueco, el que los ha matado a todos callando. El mutismo se interpreta muchas veces como señal de inteligencia. En política podría verse como el arte de no mojarse. También hay quien llena el silencio de majaderías. Mañueco no: sus silencios son verdaderos; no dice nada. Y ha sido a base de callarse —que está más guapo— que el mozo se ha llevado a la más guapa.

Y ahora… todos a bailar en la plaza del pueblo.