Las crisis petroleras de 1973 y 1979 truncaron el desarrollo español y nos costaron una década perdida. Medio siglo después, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte de que el actual estrangulamiento triplica aquel impacto: hoy faltan en el mercado 15 millones de barriles diarios frente a los 5 millones de entonces, y el bloqueo de Ormuz arrastra también al gas y a los fertilizantes.
El contexto agrava la amenaza. A la «policrisis» global —con tensiones desde Ucrania hasta China— se suma una deuda pública récord que maniata a los Gobiernos frente a cualquier rescate.
Aunque hoy la economía es menos dependiente del crudo y contamos con bancos centrales independientes, la historia demuestra que el verdadero daño en los años setenta lo causaron los graves errores de gestión política. Y, francamente, al ver a los líderes que hoy están al timón del mundo, la única conclusión posible es: «Virgen santa, como esto se prolongue».


