Los tentáculos de ZP
Algo tiene el hombre de molusco cefalópodo, con su barbilla retranqueada y esos ojos oblicuos que se salen de órbita como cuerpos celestes a los que solo sujetan dos cejas como dos escarpias.
Zapatero llegó a nuestras vidas por una desgraciada carambola, de pura chiripa. Uno diría que fue casi por accidente, como el covid. Y la cosa es que este hombrecillo esmirriado y enclenque, aparentemente —y solo aparentemente— inofensivo, ha hecho más mal que el letal virus. Seguimos sufriendo sus ocurrencias inenarrables, aunque él se marchase hace ya tiempo a hacer las Américas. Se fue el indiano a hacer el indio, y aunque a algunos les parezca tonto, no saben cómo enhebra las agujas el simpletón. Qué pena que no se hubiese dedicado a la noche, como relaciones públicas de cualquier pub o púbica discoteca pública… ¡Lo que nos hubiese ahorrado en pasta y bilis!
ZP, alias El Cejas, es como una enfermedad venérea político-empresarial. Todo lo que toca pringa, supura, gotea. Cada uno de sus lúbricos contactos con venezolanos o venezolanas —le da a pelo y pluma: tanto monta, monta tanto Nicolás como Delcy— fructifica. Se ha encamado con los chinos, que no son presa fácil, y ha liado a su aprendiz Chánchez. José Luis es el perejil de todas las salsas y, por desgracia, aunque su lista de brownies es larga y colea, en esta España torrencial nunca pasa nada más allá de una parodia. Los españoles nos partimos comunalmente el culo en el cine con Torrente Presidente y en los bares con torrentes de gin tonic. Nos reímos de los que nos tangan, pero ellos nos dejan en tanga y son los que ríen los últimos y, por tanto, mejor: a mandíbula batiente. Nos siguen los aforados esquilmando, chorizando y llevándose el crudo crudito —caso Hidrocarburos—, deslizando las decenas de maletas de Delcy por Barajas, pegando hachazos en el bosque verde de Forestalia o enchufando putes en los ministerios, en esos mismos ministerios en los que se celebra con tanto furor empoderado el Día de la Mujer, a pesar de Pacos Salazar y demás porcinos del partido. Y aquí…
Aquí nunca pasa na, Señoría, porque Spain is different.
