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Documentales en Netflix que te harán parecer más inteligente

Cecilia de la Serna

Foto: Frank Okay
Unsplash

Ser inteligente es fácil, lo difícil es parecerlo. O igual era al revés. Lo que es innegable es que parecer inteligente, además de serlo, es primordial para causar sensación en cualquier reunión social. Para avanzar en nuestro cometido de parecer más inteligentes podemos leer, por ejemplo. Leer está bien. Pero seamos honestos: la tasa de lectura entre los más jóvenes en España es realmente baja, y a pesar de que el fomento de esta práctica milenaria es algo a promover, leer no es la única forma de obtener conocimiento.

Un género cinematográfico antes olvidado, y hoy en día recuperado en parte por la proliferación de plataformas de visionado en streaming, es el documental. Hay documentales que son auténticas obras maestras del Séptimo Arte. Muchas de ellas las podemos encontrar en Netflix, y las historias que cuentan llenarán nuestro repertorio de conversaciones interesantes.

Los siguientes son perfectos para enriquecer el conocimiento del más erudito:

1. Ai Weiwei: Never Sorry (2012)

En los últimos años, Ai Weiwei ha captado la atención internacional tanto por su ambiciosa obra como por sus provocaciones políticas. Este documental dirigido por Alison Klayman analiza la confluencia entre arte y activismo social a través de la vida y la creación de los artistas contemporáneos más importantes de China. Una ocasión perfecta para poner en contexto esta confluencia entre arte contemporáneo y la situación política en el gigante asiático.

Puedes verlo en Netflix aquí.

2. What The Health (2017)

Después del boom de Super Size Me, los documentales sobre alimentación han ido proliferando exponencialmente. Uno de los que merece la pena es What The Health, la última película de los creadores de Cowspiracy, que exploran la gran cantidad de amenazas a la salud pública que se derivan de la alimentación con un alto contenido de carne. Es un must para veganos y vegetarianos, y para todo aquel que quiera acercarse a una realidad cada vez más común. Los estudios que salen en el documental se pueden consultar en su totalidad en este enlace.

Puedes verlo en Netflix aquí.

3. The Keepers (2017)

Esta serie documental original de Netflix consta de siete capítulos y es una de las sensaciones de la temporada. Trata sobre un asesinato sin resolver que tuvo lugar hace casi 50 años en Baltimore. La Hermana Cathy era una monja compasiva que fue asesinada en la ciudad norteamericana y la sospecha de que las pruebas del asesinato fueron encubiertas empiezan a crecer. A través de numerosas entrevistas con amigos, parientes, periodistas, funcionarios del gobierno y ciudadanos de Baltimore, el director del documental Ryan White compone una historia que va más allá de la muerte. Involucra a instituciones como el Clero, el Gobierno y a la Iglesia, que en el mejor de los casos no investigó el tema y en el peor, lo encubrió.

Puedes verlo en Netflix aquí.

4. Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom (2015)

Este fue uno de los títulos nominados al Oscar a mejor documental en la edición de 2015, y que retrata a la perfección uno de los conflictos contemporáneos más retratados en la prensa. Esta es una crónica de los sucesos que se produjeron durante 93 días en 2013 y 2014. Lo que empezó como una serie de manifestaciones pacíficas en apoyo a la integración europea de Ucrania terminó convirtiéndose en una revolución violenta pidiendo la renuncia del presidente de la nación. Winter of Fire presencia la formación de un nuevo movimiento de derechos civiles en el país y coloca en contexto el conflicto ucraniano.

Puedes verlo en Netflix aquí.

5. Cuba Libre (2015)

Esta serie de ocho episodios retrata ampliamente la historia de Cuba, desde la etapa colonial hasta los últimos años del gobierno de Fidel Castro y el acercamiento diplomático a Estados Unidos. Una ocasión perfecta para dar contexto a la peculiar situación en el mundo del país caribeño.

Puedes verlo en Netflix aquí.

6. What Our Fathers Did: A Nazi Legacy (2015)

Este documental nos presenta a tres hombres que viajan juntos por Europa. Para dos de ellos este viaje supone una confrontación con los actos de sus padres, antiguos oficiales nazis. Para el tercero, el escritor y defensor de los Derechos Humanos Philippe Sands, significa visitar los lugares en donde miembros de su propia familia judía fueron destruidos por los padres de sus compañeros de viaje. Es la exploración emocional y psicológica de tres hombres en lucha con su pasado, el presente de Europa y las distintas versiones de la verdad. Imprescindible documento que nos confronta con nuestro pasado.

Puedes verlo en Netflix aquí.

7. Under the Sun (2015)

Esta inusual película documental, rodada bajo el control férreo del Gobierno norcoreano, nos descubre la vida de una niña que ha sido elegida para formar parte de la Unión de Niños de Corea del Norte. Constituye un fidedigno y fascinante estudio sobre la propaganda del Estado y un retrato de una sociedad hermética y despojada de una vida privada.

Puedes verlo en Netflix aquí.

8. Minimalism: A Documentary About the Important Things (2015)

Este documental es una mirada más allá de los planos y ordenadores en el arte y la ciencia del diseño, mostrando a grandes diseñadores de todas las disciplinas cuyo trabajo da forma a nuestro mundo.

Puedes verlo en Netflix aquí.

9. Paris is Burning (1990)

Es la más antigua de nuestra lista, pero no podía faltar ya que parece que por ella no pasan los años. Paris is burning es un documental dirigido por Jennie Livingston y filmada en la segunda mitad de la década de los 80. Retrata con gran fidelidad el movimiento conocido como cultura del baile en el Nueva York de aquella época, centrándose los sectores sociales más implicados en él: gays latinos y afro-americanos, además de la comunidad transgénero, todos ellos muchas veces envueltos en el riesgo de exclusión social y la pobreza. Esta es una extraordinaria mirada del fin de la llamada “Edad Dorada” de los bailes drag en Nueva York, además de una delicada exploración de los conflictos derivados de la raza, la clase social, la identidad sexual y el género en Estados Unidos.

Puedes verlo en Netflix aquí.

10. El fin de ETA (2017)

La producción española de nuestra lista es El fin de ETA, una película escrita por José María Izquierdo y Luis Aizpeolea, y dirigida por el británico Justin Webster. El documental arranca con las conversaciones entre el entonces presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren, y el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, en el caserío Txillarre, de Elgoibar (Guipúzcoa), que tienen lugar desde 2000 a 2004, y continúa narrando los diez años de negociaciones que concluyeron con el cese de la actividad armada. Es un acercamiento a veces espeluznante al mundo etarra, y un retrato del final de la banda terrorista.

Puedes verlo en Netflix aquí.

11. Abstract: el arte del diseño (2017)

Esta serie documental original de Netflix está compuesta por ocho episodios. Cada uno de ellos se adentra en el mundo y el trabajo de un diseñador de diferentes disciplinas. Muestra cómo son sus procesos creativos, la forma en que realizan sus trabajos o la forma en que sus diseños han afectado tanto a su propia vida como a la de todos los que les rodean. Es una mirada detallada del mundo del diseño, que influye como pocos en nuestra cultura.

Puedes verlo en Netflix aquí.

12. Inside Job (2010)

Last but not least, el último de nuestra lista es uno de los documentales más influyentes de la Historia más reciente del cine. Salió a la luz en 2010, en medio de la dura recesión que siguió a la crisis de 2008, y ésta es precisamente la que retrata. Inside Job, que recibió un Oscar a mejor película documental el año de su estreno, habla no sólo sobre las causas, sino también sobre los responsables de la crisis económica mundial de 2008, que significó la ruina de millones de personas que perdieron sus hogares y empleos, y que, además, puso en peligro la estabilidad económica de los países desarrollados. A través de una extensa investigación y de entrevistas a financieros, políticos y periodistas, muestra el auge de empresarios sin escrúpulos y la degradación de la política y la educación. Un crudo retrato de las entrañas de Wall Street que afectaron a la economía del planeta entero.

Puedes verlo en Netflix aquí.

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Las 8 mejores películas de Akira Kurosawa

Redacción TO

Foto: ERIC GAILLARD
Reuters

No es sencillo hacer una selección así. Akira Kurosawa es uno de los grandes cineastas de todos los tiempos y sus cinco décadas de cine han dado lugar a infinidad de películas enormes. Son tantas y tan buenas que, de pronto, quizá se cometa una injusticia dejando fuera algunas de ellas. Con todo, se ha tratado de ser equitativo con las fechas de estreno y en ningún caso se ha establecido un orden de preferencia: las películas están ordenadas en función de su fecha de estreno. Kurosawa fue único. El cineasta tuvo la capacidad de compartir Japón con el mundo y vino a demostrar que las preocupaciones y miedos de los hombres van más allá de las fronteras. Kurosawa murió el 6 de septiembre de 1998, pero nos dejó un legado genuino.

Así, damos paso a la lista de ocho mejores películas de su carrera.

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Ser o no ser incómodo: el dilema al que da respuesta Al Gore en la era Trump

Tal Levy

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

Ver al exvicepresidente estadounidense Al Gore sortear las calles inundadas de Miami Beach, con botas de lluvia y el agua no digamos que hasta el cuello, pero sí literalmente hasta las rodillas, en una escena de su nuevo documental estrenado en Estados Unidos, no es un mero efecto y, para atestiguarlo, allí están los asistentes a la proyección privada para la prensa de la película en el Cine Regal, quienes al salir de la sala constataron ese lluvioso primero de agosto cómo la realidad casualmente refrendaba lo recién visto en pantalla.

“Las inundaciones de ese martes son consecuencia del calentamiento global. Fueron seis pulgadas de agua en sólo dos horas. Increíble”, afirmaría a El Nuevo Herald un Al Gore que como una madre cuyos hijos desoyen sus advertencias, en su caso sobre los dramáticos efectos del cambio climático, no le queda más que esperar hasta poder replicar un se los dije. Nos lo dijo. Y es que Miami es la ciudad más amenazada del mundo en términos de activos en riesgo debido al aumento del nivel del mar, seguida por Guangzhou y Nueva York.

Ya no se trata de hacer proyecciones atemorizantes para alertar sobre los peligros del calentamiento global o explicar en qué consiste con gráficos y hasta jocosas animaciones, como si fuera una conferencia en directo. Pasó más de una década desde Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth) y, al parecer, es la hora de cederle la palabra a la realidad y a quien lanzó la advertencia a los cuatro vientos en primer plano: Al Gore.

Este es el espíritu que anima la secuela Una verdad muy incómoda: ahora o nunca (An Inconvenient Sequel: Truth to Power), dirigida por Bonni Cohen y Jon Shenk, que se ha presentado en los festivales de Sundance y Cannes y que se espera llegue a España en octubre.

Las que parecían exageraciones, como que el agua del mar llegaría hasta el lugar donde se levantaba la construcción en honor a las 3.000 víctimas del ataque terrorista del 11-S en Nueva York, se concretaron la noche del 29 de octubre de 2012, cuando el huracán Sandy provocó la inundación del memorial que se erigía en el que fuera el World Trade Center.

Si en el primer documental, del realizador Davis Guggenheim, se evidenciaban los destrozos por la crecida del agua debido al impacto del Katrina, en el nuevo se muestran los efectos devastadores de Sandy. El conductor de la historia, Al Gore, insiste en que ahora cada tormenta es distinta debido a la crisis climática.

Tanto en uno como en otro filme se hace referencia a que el año más caliente fue el que le precedió, es decir, el 2005 y el 2016, respectivamente, porque sencillamente el calor va en aumento. De allí que la secuela comience con tomas del preocupante deshielo como una demostración de las consecuencias del calentamiento global, que contrastan con los comentarios que se escuchan seguidamente de quienes despreciaron Una verdad incómoda, al punto que se oye cuando el magnate Donald Trump pidió que se le retirara a Gore el Premio Nobel de la Paz que le fue entregado en 2007.

“Gore-centrismo” en pantalla

Una verdad muy incómoda: ahora o nunca es precisamente una reivindicación de la lucha del político demócrata estadounidense devenido en líder activista global, una reafirmación de sí mismo y de la necesidad de un cambio.

“Me llamo Al Gore y solía ser el próximo presidente de Estados Unidos”, bromeaba al inicio del primer documental quien estuvo a un paso de habitar la Casa Blanca. Ese largometraje no escapó a la polémica debido a imprecisiones advertidas por científicos, pero lo cierto es que tuvo gran resonancia, más aún después de hacerse merecedor en 2006 del Oscar al Mejor Documental, así como a la Mejor Canción Original.

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Al Gore en Davos durante el World Economic Forum (2017) | Imagen: REUTERS/Ruben Sprich

Si se quiere, el filme recién estrenado es una suerte de desquite frente a las críticas de los escépticos y los negacionistas del cambio climático con Gore en primera persona, en primer plano.

Así, él aparece quitándose sus botas empapadas y quedándose con sus pies al descubierto tras recorrer las calles inundadas de Miami Beach; pisando un glaciar en Groenlandia y advirtiendo moulins, esos agujeros en la capa de hielo que drenan agua y que hacen que asemeje a un queso suizo; caminando apesadumbrado por un cementerio en Filipinas entre cruces que rememoran a las miles de víctimas del supertifón Haiyan, que provocó 4,1 millones de refugiados; dirigiéndose a una audiencia con su verbo entrenado; viajando en coche y en avión; hablando por teléfono y volviendo a su casa en Tennessee, esta vez para recordar cuando evaluó junto a su familia los pro y los contra para postularse a las elecciones presidenciales, así como el difícil momento en que debió aceptar la decisión de la Corte Suprema que dio al traste con su aspiración, situación que ya expuso en Una verdad incómoda.

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Un grupo de adolescentes ve las grandes olas producidas por el Tifón Haiyan | Imagen vía REUTERS/Simon Kwong

Como comentaría quien ayudó a negociar el Protocolo de Kioto sobre la reducción de gases de efecto invernadero, “la vida tenía un plan diferente para mí”. Es sobre este plan que versa la secuela, pero no por ello marginal, tanto que un buen tramo del documental se dedica a evidenciar el destacado papel que jugó el ex senador en la consecución del Acuerdo de París, “¡un nuevo capítulo de esperanza para el mundo!”.

De cara a ese encuentro que reunió a muchas de las personas más influyentes del planeta le fue pedido, según se refiere, ayuda para hacer de esa conferencia sobre el clima un éxito. Así es como se ve también a un Al Gore haciendo el lobby necesario para lograr que la India cediera en sus posiciones en aras del convenio a cambio de recibir apoyo tecnológico de la empresa Solar City. Es en este punto cuando la película se torna más lenta y quizá “demasiado Gore-céntrica”, como la tildó Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald.

Esa victoria alcanzada en Francia sufriría un revés cuando, ya como presidente, Trump anunció el pasado 1 de junio el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, adoptado con el respaldo de 195 naciones en 2015 dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. EEUU es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, superado sólo por China; entre ambos generan 40% del dióxido de carbono del planeta.

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Barak Obama y Al Gore durante la campaña presidencial en 2008 | Imagen vía: REUTERS/Rebecca Cook

Cuando era sólo magnate, Trump no pudo, claro, hacer que le quitaran el Nobel a Gore, pero sí logró al llegar a la Casa Blanca opacar ese logro casi personal suyo y de los demócratas, con Barack Obama a la cabeza, como es presentado el convenio de París en la película.

Olas que matan

El global warming, o calentamiento global, no es un concepto, es una tendencia por demás manifiesta, palpable, debido al aumento del dióxido de carbono y demás gases de efecto invernadero. La sequía y la desertificación, el deshielo, las altas temperaturas, los refugiados climáticos y al fondo, como siempre, los pobres: los más afectados.

Las cifras son alarmantes. “En todo el mundo, la contaminación atmosférica mata a 6,5 millones de personas cada año, se destaca en el libro An Inconvenient Sequel: Truth to Power, de Al Gore, que acompaña al documental. Ahí se detallan los estragos de sendas olas de calor, como la que en Europa, sobre todo en Francia, acabó con la vida de 70.000 personas en 2003, o la que en Pakistán provocó 2.000 víctimas mortales en 2015 o la que en la India, ese mismo verano, dejó 2.500 muertes.

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Una de las pancartas durante las protestas al G20 en Hamburgo, | Imagen vía: REUTERS/Hannibal Hanschke

El incremento en las temperaturas tiene incidencias en la propagación de enfermedades tropicales como el zika, para el cual la respuesta, como subraya Gore, no puede ser la inaudita petición que hicieron algunos países de evitar los embarazos mientras se controla el mal.

Y es que el aumento del calor favorece al mosquito transmisor del dengue y del zika, el Aedes aegypti, pues hace que se reproduzca más rápido y se expanda geográficamente.

Basta con mirar que el cielo no se ve azul, dice Gore, quien propone, por tanto, escuchar el clamor de la madre naturaleza y no olvidar que los seres humanos formamos parte de una familia global y este es nuestro hogar.

Retoma, así, esa primera foto de la Tierra tomada desde el espacio que impactó la conciencia de la humanidad, con la que le gusta iniciar sus conferencias y que apareció también en Una verdad incómoda, imagen captada en la Nochebuena de 1968 gracias a la misión Apolo 8 y 18 meses después de la cual el movimiento ecológico echaría a andar.

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Al Gore usa una fotografía de la Tierra tomada por la NASA en una misión de Apolo para ilustrar su punto en la Conferencia Mundial del Instituto Milken (2005) | Imagen: REUTERS/Fred Prouser

De igual modo, muestra la instantánea del disco completo del planeta, totalmente iluminado por el Sol, difundida en 2015 por la agencia espacial estadounidense NASA gracias al satélite Dscovr, que informalmente fue conocido como el GoreSat pues fue él, Al Gore, quien impulsó el entonces llamado satélite Triana cuando fue vicepresidente de Estados Unidos, durante la administración de Bill Clinton. Paralizado durante el gobierno del republicano George W. Bush, fue finalmente puesto en órbita con la llegada de Obama a Washington bajo el nombre de Observatorio Climático del Espacio Profundo o, simplemente, Dscovr, el cual permite monitorizar en tiempo real la actividad solar y sus efectos sobre la Tierra.

Líderes del cambio

A fin de cuentas, no todo son malas noticias. En Una verdad muy incómoda: ahora o nunca se presentan ejemplos esperanzadores como el de Chile, país que ha dado un vuelco impresionante hacia el uso de la energía solar que sobrepasa los gráficos, las expectativas.

Por años Gore ha tratado de comunicar la urgente necesidad de actuar. Cuando inició su programa de capacitación hace una década en el granero de su granja de Tennessee, con las primeras 50 personas, no podía imaginar cuánto se multiplicaría el interés sobre la crisis climática y el modo de resolverla. Hoy entrena a miles cada año, quienes sirven a su vez de agentes de cambio llamados Climate Reality Leaders.

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Smog en Santiago de Chile | Imagen REUTERS/Ivan Alvarado

“Hay hambre de información sobre lo que está sucediendo, por qué está sucediendo y cómo podemos solucionarlo”, sostiene el exvicepresidente de 69 años de edad en el documental.

Más de 12.000 activistas se han sumado a The Climate Reality Project, organización internacional sin fines de lucro con sede en Estados Unidos y sucursales en Australia, Brasil, Canadá, China, Europa, India, Indonesia, México, Filipinas y África.

Aparte de la visibilidad que Una verdad incómoda le dio al tema del cambio climático, gracias al Oscar y al Nobel, cuando en 2016 se cumplieron 10 años de su estreno hubo una campaña en redes sociales con el hashtag #ait10 en la que los internautas compartieron el impacto, individual claro está, que tuvo en sus vidas.

Christine Kim, por ejemplo, apuntó que tras ver la película decidió comprometerse a usar la menor cantidad posible de químicos tóxicos y pesticidas, mientras que Pierre Richard fue uno de los tantos que se convirtió en activista, en su caso uniéndose a Climate Reality Canada, ONG con la cual ya ha dictado 43 conferencias sobre cambio climático.

Cada quien hace lo suyo como el mismo Gore, quien además conduce un carro eléctrico y provee de energía a su casa en Nashville con 33 paneles solares.

Con el futuro en la mira, pensando en las nuevas generaciones, el último llamamiento de la secuela es claro y contundente: “Lucha como si tu mundo dependiera de ello porque el mundo depende de ello”.  

Al término se puede leer una invitación a la que poco a poco se van sumando voces como la de Paul McCartney, Bono y Adam Levine, entre muchas otras, a asumir el compromiso de #BeInconvenient (sé incómodo) y publicar un vídeo que le diga al poder la verdad a la cara. “Si el presidente Trump no lidera, el pueblo estadounidense lo hará”.

Continúa leyendo: La guerra entre HBO y Netflix está detrás de la cancelación de series

La guerra entre HBO y Netflix está detrás de la cancelación de series

Cecilia de la Serna

Foto: Netflix

Antes de 2017, Netflix había cancelado dos de sus series originales –Hemlock Grove y Bloodline-, mostrando una política anti cancelaciones que dejaba tranquilos a los fans de las historias de esta plataforma de streaming. No obstante, en los últimos seis meses la tendencia ha cambiado radicalmente. A la decisión de cancelar Marco Polo y The Get Down, se ha sumado la de no renovar ni Sense8 ni Girlboss. Aunque unas más que otras, todas estas series son buques insignia de la marca Netflix, por lo que su desaparición ha supuesto un gran revuelo entre los usuarios. ¿Por qué Netflix, un negocio de éxito, deja de producir algunas de sus grandes series?.

Una lucha cada vez más apretada

Hubo un tiempo en que el streaming en internet era objeto casi de monopolio por parte de Netflix. Esta plataforma era sencillamente la reina de unos modelos de consumo y negocio que han terminado calando en la forma en la que accedemos a contenidos audiovisuales. No obstante, a Netflix le han ido creciendo los enanos. La gran apuesta de otros grandes, con más historia y recorrido que esta plataforma, como HBO, en el mundo del streaming digital ha provocado la diversificación de este mercado.

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Girlboss es una de las series no renovadas por Netflix. | Foto: Netflix

Según los datos de Fortune, Netflix ha duplicado su número de suscriptores en cinco años tan sólo en Estados Unidos, mientras los servicios de televisión por cable pierden cada vez más abonados. Aquel modelo caduco deja paso a otro más diverso, donde hacerse un hueco no es nada fácil. HBO, que ya contaba con un amplio catálogo de series originales repleto de éxitos de los años 90 -con títulos como Sexo en Nueva York, Los Soprano o A dos metros bajo tierra– cuando se lanzó al streaming, es el gran competidor que le ha salido a Netflix a escala global. Con Juego de Tronos bajo el brazo, la serie más exitosa del panorama actual, HBO GO está disponible desde hace muy poco tiempo en todo el mundo, haciendo frente a una Netflix que se ha visto obligada a replantear su estrategia.

Netflix ha perdido el prestigio que le otorgaron grandes títulos como Orange Is The New Black, House Of Cards o Narcos

Sin competencia, Netflix tenía un amplio margen de acción en cuanto a la producción de títulos propios. Tras la realización de series muy aplaudidas, tanto por público como por crítica, como Orange Is The New Black o House Of Cards, la política de contenidos de la plataforma fue bastante laxa. Siempre en busca del próximo gran ‘pelotazo’, y con una filosofía que primaba la cantidad frente a la calidad, Netflix empezó a sufragar los gastos de muchas y diversas producciones. Algunas más o menos locales, con grandes o pequeños presupuestos, todas cabían en su catálogo original. De esta forma fue perdiendo ese prestigio que le habían otorgado grandes títulos como los ya citados, u otros como Narcos y Sense8.

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The Get Down no volverá a nuestras pantallas. | Foto: Netflix

Incapaz de generar series que afianzaran la fidelidad de sus usuarios, y con HBO pisándole los talones ya de cerca, la compañía de Reed Hastings ha tenido que reconocer su error y tratar de enmendarlo. De ahí el cambio de rumbo en su política de cancelaciones, y es que Netflix quiere retornar a la vía de la calidad de los contenidos, de reconsiderar las producciones según su éxito de audiencia –datos que, por cierto, no publica en ningún caso-, y de mimar a sus usuarios. Antes de que sea demasiado tarde.

Respuesta masiva de los fans

Como era de esperar, los usuarios de Netflix no se han quedado callados tras la cancelación reiterada de diversos títulos originales de la plataforma de streaming. El caso más sonado ha sido el de Sense8, la serie de las hermanas Wachowski, uno de los grandes estandartes de la producción propia de la compañía de Hastings. Los fans de Sense8 no tardaron en alzar su voz contra la plataforma en varias redes sociales, amenazando incluso con cancelar sus suscripciones a Netflix si la empresa no rectificaba en su decisión de cancelarla. Tras dos temporadas, la segunda con un final abierto y muchas tramas inconclusas, Sense8 se acabaría de esa forma, dejando a todos sus seguidores sin saber qué sería de Will, Riley, Capheus, Sun, Lito, Kala, Wolfgang y Nomi. Los altos costes de producción que, según el productor Roberto Malerba, superaban los 9 millones por capítulo, provocaron la cancelación de la serie. Las declaraciones de Reed Hastings tras el polémico anuncio –dijo que debían “tomar más riesgos” y tener “un nivel de cancelación más alto”- no hicieron más que avivar la furia de los seguidores de la serie. Para apaciguar dicha furia, Netflix anunció en un comunicado que Sense8 contaría con una película final, que ayudará a cerrar las tramas que han quedado abiertas, y que estará disponible en 2018. No es que sus fans hayan quedado completamente satisfechos, pero sí tranquilos pues tendrán una dosis más de su serie favorita.

Más vale que nos acostumbremos, sin embargo, a la dinámica de cancelaciones sorpresa que ha iniciado recientemente Netflix. Su modelo comienza a estancarse, y HBO, así como otras grandes plataformas, siguen al acecho. Por ello, mientras esta guerra continúe, nuestras historias favoritas podrían tener los días contados.

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Continúa leyendo: Seis razones por las que tienes que ver The Handmaid's Tale

Seis razones por las que tienes que ver The Handmaid's Tale

Nerea Dolara

Foto: Hulu
Hulu

La serie basada en el libro de Margaret Atwood es vigente, hermosa y terrible. Indispensable.

Hace unos meses el libro original que Margaret Atwood publicó en 1985 subió al primer lugar de ventas en Amazon. La presidencia de Donald Trump, acompañada por su desdén hacia las mujeres y la amenaza que supone, aunado al anuncio de una nueva serie fueron la anticipación a este fenómeno. The Handmaid’s Tale, en su versión para televisión, se estrenó hace un par de semanas cuando se emitieron tres episodios -los demás se estrenarán semanalmente los días miércoles- y el resultado es en partes iguales un fenómeno cautivador y terrorífico.

The Handmaid’s Tale es la historia de un país autoritario y machista, Gilead (antes Estados Unidos), centrado en un futuro cercano. Las mujeres fértiles han sido calificadas como propiedades del Estado debido a la baja tasa de natalidad de la población, haciendo uso de sus vientres y de sus cuerpos en una sociedad centrada en el control y el poder masculino. Offred, la protagonista, es una de las mujeres que tienen como cometido reproducirse. ¿Cómo? Son asignadas al hogar de uno de los comandantes que forman parte de la élite del poder y son ritualmente violadas con el propósito de la reproducción.

En un tiempo en que ver nuevas series es casi un lastre -ya tenemos tantas en rotación que agregar más implica no tener vida- hay algunos estrenos que valen la pena sin discusión alguna. The Handmaid’s Tale cumple con ese requisito. Vigente, hermosa, imaginativa y terrible, esta historia es de visión obligatoria. ¿Quieren razones?

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Una de las escenas del primer episodio de “The Handmaid’s Tale” | Imagen vía Hulu

Razón 1: El mundo de Gilead y su vigencia

Esta razón es más masoquista que de disfrute. Gilead es un horrible lugar en que las mujeres son propiedad y tienen roles asignados a la fuerza. El origen de este mundo es difuso, pero tiene mucho que ver con el terrorismo -y la pérdida de libertades con la excusa de la seguridad- y con la disminución de la fertilidad (¿alguien recuerda Children of Men?) producto de excesos de radiación. E

l mundo en que residía Offred antes de Gilead era muy similar al nuestro y los avances de los autoritarios no fueron inmediatos, sino discretos. Hasta que de repente ya nada era igual y protestar ya no era una opción. En un presente en que el feminismo se ha subido a la palestra pública y es atacado por todos los flancos, más cuando el propio presidente de Estados Unidos comenta sonriente sus abusos y sus prejuicios contra las mujeres y lo convierte en un discurso admisible; en un tiempo en que las muertes y agresiones de mujeres aún generan comentarios sobre su ropa o sus acciones para provocar a sus agresores; en un momento en que existen activistas por los derechos del hombre que defienden la inferioridad de la mujer, en un presente en que las mujeres son atacadas en Internet con amenazas de violación y muerte por expresar opiniones feministas, y muchos otros factores más… en este tiempo una historia como The Handmaid’s Tale es una buena advertencia y un documento de rebelión.

Razón 2: La adaptación

Para los que se hayan leído el libro The Handmaid’s Tale resultará una adaptación fiel y correcta. Sin embargo, el libro es una historia narrativa con poca acción o trama – en el libro la pieza central son los monólogos internos de Offred, la protagonista- y en su transformación a serie incluye más desarrollo y una interesante ampliación del mundo que es Gilead. La serie tiene prevista más temporadas, por lo que es fácil predecir que la trama del libro culminará con estos primeros episodios y que luego la historia comenzará a explorar a sus personajes y a su universo libremente (un ejemplo reciente de esto es The Leftovers cuyas segunda y tercera temporada ya no tienen nada que ver con la novela en que se basa la primera).

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Elisabeth Moss interpreta a Offred en la narración distópica de Hulu | Imagen vía Hulu

Razón 3: El voice over

Sí, toda persona que sepa algo de guión dirá que el voice over es el truco más antiguo que existe para soltar información al espectador, que es un recurso flojo y que muy pocas veces funciona. Todo eso es cierto, como también lo es que The Handmaid’s Tale es de las pocas excepciones de la regla. El monólogo interno de Offred, que la mayoría del tiempo debe permanecer callada o soltando frases manidas de contenido religioso, muestra a una mujer dispuesta a luchar, iracunda pero también asustada y en duelo. Es una ventana a la complejidad de estas mujeres que viven fingiendo una sumisión y una devoción que no existen. Es una liberación, una rebelión, en un mundo absolutamente controlado. Es el recurso perfecto para hacer contrapartida a la deprimente acción del día a día en Gilead y dar profundidad al personaje.

Razón 4: Elisabeth Moss

Como Peggy Olson se robó, en muchas ocasiones, el protagonismo en Mad Men. Esta actriz es la reina indie de la televisión de 2017. Reconocida ampliamente por su talento, siempre interesada en trabajar en proyectos de calidad, y protagonista de dos series que darán de qué hablar este año –The Handmaid’s Tale y Top of the Lake – Moss brilla como Offred. Su rostro, en muchas ocasiones en close up, destila los más mínimos pensamientos, miedos y sentimientos de su personaje. Es tal su compromiso con el papel y con la historia que Moss memorizó todos los monólogos de su personaje y en las escenas en que actúa en silencio para que se incluyan luego los monólogos, se repetía a sí misma los parlamentos enteros para que la imagen y el sonido cuadraran perfectamente.

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Samira Wiley | Imagen via HULU.

Razón 5: Todos los demás miembros del reparto

Si se puede hablar de una agradable sorpresa en The Handmaid’s Tale esa es Alexis Bledel. Conocida por interpretar a Rory en Gilmore Girls, Bledel siempre ha sido objeto de chistes sobre su mala actuación. Pues Bledel puede mandar al demonio a todo el que alguna vez se haya burlado de su talento. Como Ofglen, Bledel es vulnerable y determinada, arriesgada y sumisa, dura y sensible. Su rostro, esos conocidos y enormes ojos azules, alguna arruga prematura que muestra los signos del sufrimiento de su personaje, es un océano de expresión, delicado, agresivo, sutil, impresionante. Con su actuación – prestar especial atención al tercer episodio en que su personaje no emite una sola palabra y se roba el protagonismo y genera una de las imágenes más dolorosas que veremos en televisión en 2017, una imagen que no se olvida – Bledel ha redimido su carrera y se ha ganado decenas de artículos donde la alaban.

Samira Wiley – Poussey en Orange is the New Black – interpreta a la mejor amiga de Offred en los tiempos previos a Gilead. No es novedoso que Wiley sea capaz de emitir fortaleza y ternura a partes iguales, para todos los que han visto OITNB Poussey es uno de esos personajes memorables.

Otra interpretación excelente es la de Yvonne Strahowski. Como la esposa del comandante, el personaje de Strahowski está en una terrible posición. Mucho más libre que las otras mujeres de Gilead – por ser una esposa – sigue teniendo que vivir la presencia de Offred en su casa como un regalo sexual a su marido. Su rostro y su postura muestran, de manera compleja y silente, su repulsión y, a la vez, satisfacción por el maltrato de Offred. En este reparto nadie está demás o no alcanza el nivel esperado.

Seis razones por las que tienes que ver The Handmaid's Tale 4
Las handmaids no están autorizadas a caminar solas. | Imagen via HULU.

Razón 6: El look general de la serie

The Handmaid’s Tale es visualmente hermosa. El terror y el abuso se desarrollan en espacios idílicos y los personajes llevan indumentaria discreta y recatada, pero poderosa. Las handmaids, por ejemplo, llevan vestidos rojo sangre y gorros infinitamente blancos. Resaltan al pasar en pares por las calles y cuando se mueven en grupo. Son especiales, odiadas y necesitadas, y su ropa marca ambas cosas, al igual que marca su rol como las creadoras de vida con las únicas prendas de un color llamativo. Las marthas -encargadas de las labores del hogar- llevan ropa gris y las esposas vestidos verde opaco.

La cámara aprovecha los colores, las distinciones, y juega con ellos con resultados muchas veces sublimes. La cámara se aleja y se convierte en el observador ojo de “dios”, que observa desde lo alto y, a la vez, se acerca tanto a los rostros de Offred y Ofglen que es casi como si quisiese leer lo que están pensando. Es íntima pero también omnipresente.

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