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Vídeo | 'Prestige': la mayor tragedia ecológica de España cumple 15 años

Redacción TO

Foto: MIGUEL VIDAL
Reuters

Han pasado ya 15 años de esa llamada por radio. Eran pasadas las tres de la tarde, cuando un barco con bandera de Bahamas pidió socorro frente a la Costa da Morte. Han pasado ya 15 años desde que un golpe le abriera una brecha en el casco a ese viejo armador. Un casco que custodiaba 77.000 toneladas de petróleo que se filtraban, sin descanso, a las costas gallegas. Era un miércoles 13 de noviembre del año 2002 cuando comenzó la mayor tragedia ecológica de la historia de España.

El Prestige tardó seis días en hundirse. Lo hizo a más de 200 kilómetros del litoral por decisión del Gobierno —en manos del PP—, que prefirió esa opción a tratar de evacuar el fuel en un puerto seguro. La Fiscalía ha cifrado en más de 4.300 millones de euros las pérdidas. Se espera que esta semana la Audiencia Provincial de A Coruña presente el balance definitivo de los daños provocados por la marea negra.

Han pasado ya 15 años y nadie ha pagado, ni judicialmente ni económicamente, las consecuencias de ese desastre. Nadie ha cobrado indemnizaciones. Se contaminaron 2.000 kilómetros de costa gallega, se prohibió la pesca durante meses, se guardaron los barcos. Pero se soltaron amarras para ayudar a recoger con cubos, bolsas y palas, con las manos el chapapote que se pegaba en las playas y mareas. Miles de voluntarios trataban de quitar el fuel que se incrustaba en rocas, arenas y animales. Iban vestidos de blanco para luchar contra el negro. Y gritaban, a veces sin gritar, que Nunca Máis.

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Así se celebran los 200 años de Scheveningen, la playa predilecta de Van Gogh

Cecilia de la Serna

Foto: Van Gogh Museum

Scheveningen es uno de los atractivos turísticos más visitados en los Países Bajos cada año. Su playa al desatarse la tormenta protagoniza un lienzo de pequeñas dimensiones que representa una escena de este litoral cercano a la ciudad de La Haya, con un mar indomable y un cielo sombrío, obra de Vincent Van Gogh. El reconocible cuadro del artista neerlandés es el que encabeza esta líneas, y para pintarlo Van Gogh tuvo que luchar contra los elementos, literalmente. Algunos de los granos de arena que salpicaba el vendaval sobre la tela húmeda todavía se conservan enquistados en ella.

En 2018, Scheveningen cumple 200 años. Por supuesto, no la playa, sino el histórico complejo turístico que allí se erigió en 1818. Fue Jacob Pronk el primero en edificar cerca de esta playa, construyendo un edificio de madera en una duna próxima al mar. Décadas después, en 1884, se inauguró el Kurhaus, un hotel clásico y famoso en todo el mundo por su balneario, que en todo este tiempo ha sido visitado por personajes históricos y celebridades de primer orden. Con los años, el lugar se fue llenando de locales de todo tipo, especialmente restaurantes, e incluso un centro comercial que se extiende sobre un largo muelle. Antaño, Scheveningen fue un apacible pueblo costero, hoy forma parte del término municipal de La Haya, siendo un barrio más de los ocho que la componen y teniendo una densidad de población notable.

El baño invernal (el primero del año), los fuegos artificiales y, por supuesto, sus míticos puestos de arenques, son algunas de las más típicas atracciones. Scheveningen está de celebración y estos son los eventos más destacados:

Anillos de arena junto del mar (del 12 de febrero al 12 de abril)

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Un espectáculo para ver de cerca o de lejos dibujado sobre la arena de Scheveningen. | Foto: Turismo de La Haya

Veinte anillos de arena que miden hasta 150 por 300 metros decoran el paisaje de Scheveningen. Los anillos representan los 200 años de historia de este complejo turístico. Esta acción está enmarcada en la serie de eventos recogidos bajo el nombre ‘Feest aan Zee’ (‘Fiesta junto al mar’, en neerlandés). Los visitantes podrán ver entre el 12 de febrero y el 12 de abril un espectáculo en el que la arena, el viento, el agua y las excavadoras jugarán un juego fascinante y dinámico con los anillos de arena durante semanas. Al igual que la naturaleza misma, este obra de arte efímera no será la misma ningún día.

Paseo nocturno desde el centro hasta el muelle (9 de marzo)

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Un paseo inédito y nocturno por La Haya recorrerá 10 kilómetros hasta Scheveningen. | Foto: Turismo de La Haya

Con ocasión del 200 aniversario de Scheveningen tendrá lugar la primera edición de City Pier Night Walk. La ruta tendrá unos 10 kilómetros de recorrido y conducirá a los participantes desde el parque de Malieveld, en el centro de la ciudad, a Scheveningen. Este paseo inédito transitará por las calles iluminadas de la ciudad de La Haya, acompañados por diversos espectáculos de música. Hacer este recorrido guiado costará 16 euros y se producirá el próximo viernes 9 de marzo.

Trabajando en Scheveningen, una exposición de Jan Giesen (del 4 de marzo al 28 de octubre)

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Uno de los grabados de Jan Giesen que dan fe del intenso trabajo que supuso la ampliación del resort de Scheveningen. | Imagen cortesía del Panorama Mesdag

Una exposición del pintor local Jan Giesen (1900-1983) inaugurará las celebraciones del bicentenario del Panorama Mesdag, un lugar único de la escena cultural hayense. Giesen encontró mucha inspiración en Scheveningen durante las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado. Testigo directo de la expansión del resort, trabajó en las dunas y en la playa de Scheveningen, pero con su arte ofrece una imagen más matizada de los habitantes del lugar. Los dibujos y grabados de Giesen proporcionan una imagen de la época en sí misma y del tipo de arte que en aquel momento era popular en los Países Bajos.

Exposición de Max Liebermann en el Gemeentemuseum Den Haag (del 24 de marzo al 24 de junio)

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Una exposición inédita de Max Liebermann aterrizará en La Haya para conmemorar el 200 aniversario de Scheveningen. | Imagen cortesía del Gemeentemuseum de La Haya

El célebre impresionista alemán Max Liebermann tuvo siempre un vínculo especial con los Países Bajos. Desde finales del siglo XIX, Liebermann visitaba el país todos los veranos. De sus visitas, también a La Haya y particularmente a Scheveningen. A pesar de este estrecho vínculo entre los Países Bajos y el pintor alemán, su obra rara vez puede verse en territorio neerlandés. Es la primera vez desde 1980 que el Gemeentemuseum de La Haya organiza una gran exposición sobre Max Liebermann, y lo hace en el marco de las celebraciones del bicentenario de Scheveningen. Además, sus obras se exhibirán acompañadas por otras de sus colegas de la Escuela de La Haya, con los que mantuvo una buena amistad.

BonFire Beach Fest (del 20 al 22 de abril)

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Un evento gratuito en un marco incomparable. | Foto: BonFire Beach Fest

Música en directo, fuegos artificiales, comida y bebida… lo habitual en un festival pero con un marco incomparable: Scheveningen. Del 20 al 22 de abril, la playa se transformará en una gran zona festivalera abierta y gratuita. Junto al muelle habrá un escenario de música en directo, y un buen puñado de actividades satélite.

Aircooled Scheveningen (27 de mayo)

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Los más nostálgicos tienen su cita propia en el bicentenario del resort. | Foto: Turismo de La Haya

Una cita con la automoción clásica tendrá lugar el domingo 27 de mayo. Decenas de Volkswagen antiguos serán exhibidos en el paseo marítimo de Scheveningen para deleitar a los más nostálgicos.

Final de la Volvo Ocean Race (23 de junio)

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Scheveningen será el destino final de la Volvo Ocean Race. | Foto: Juan Medina / Reuters

La Volvo Ocean Race es la carrera de vela más larga y más dura del mundo. En junio de 2018 terminará, después de navegar 46.000 millas náuticas, en los Países Bajos por primera vez en su historia para conmemorar el bicentenario del resort de Scheveningen.

Festival internacional de fuegos artificiales de Scheveningen (10 de agosto)

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Lo mejor de la pirotecnia se dará cita en Scheveningen. | Foto: Turismo de La Haya

El evento veraniego por excelencia en Scheveningen es su festival internacional de fuegos artificiales. Pirotécnicos de varios países amenizarán la velada y competirán por el Trofeo Fireworks Scheveningen.

Ensayo para el Día del Príncipe (17 de septiembre)

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El ensayo del Día del Príncipe deja imágenes espectaculares, como esta con el Kurhaus de fondo. | Foto: Michael Kooren / Reuters

Como cada tercer martes de septiembre, los Países Bajos celebran el llamado Día del Príncipe o Prinsjesdag, con el que se da inicio al curso parlamentario en los Estados Generales (las cámaras alta y baja neerlandesas). Se trata de una celebración histórica que se remonta a 1887 y cuya denominación hace referencia al cumpleaños del príncipe Guillermo V (1748-1806), aunque desde entonces se viene celebrando en la misma época. Es uno de los acontecimientos anuales más importantes para la Corona, únicamente superado por el Día del Rey, Con un discurso en el Binnenhof de La Haya, el monarca da inicio al año político y Scheveningen también tiene su protagonismo. Los miembros de la caballería real ensayan en la playa en la víspera del desfile, y el evento es realmente popular y deja imágenes impresionantes.

Festival MuteSounds (20 de octubre)

MuteSounds es un festival con mucho más que solo música. Con las personas sordas o con discapacidad auditiva como protagonistas, este festival ofrece un espectáculo donde todos los sentidos se estimulan de manera especial. Un suelo vibrante, intérpretes de signos y otros elementos configuran un evento único en los Países Bajos.

Red Bull Knock Out (10 de noviembre)

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Deporte extremo en las dunas de Scheveningen. | Foto: Turismo de La Haya

Para los amantes del motor y los deportes extremos, hay una cita obligada en Scheveningen. El 10 de noviembre de 2018 tendrá lugar la mayor carrera de motocross en una playa: la Red Bull Knock Out.

Scheveningen Light Walk (8 de diciembre)

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El frío no es impedimento para disfrutar de un paseo nocturno por la playa más icónica de los Países Bajos. | Foto: Turismo de La Haya

El último de los eventos que recomendamos para celebrar los 200 años de Scheveningen no podría ser más romántico: un paseo al atardecer por las dunas de la playa, y acompañados de las luces que se encienden a lo largo del paseo marítimo y del muelle por las noches. Eso sí, dadas las bajas temperaturas en esa época en los Países Bajos, el abrigo es imprescindible para disfrutar de esta experiencia.

Continúa leyendo: Qué ideología defiende hoy Rusia (y por qué conviene conocer a San Pablo para saberlo)

Qué ideología defiende hoy Rusia (y por qué conviene conocer a San Pablo para saberlo)

Miguel Ángel Quintana Paz

Foto: Natallia Ablazhei
Reuters/File

Pocas dudas existen de que la política rusa sigue recabando interés en lares occidentales, y por buenos motivos. Los vínculos de Rusia con las últimas elecciones en EE. UU., su amenaza hacia los más recientes comicios europeos, su papel durante los turbios sucesos catalanes del pasado otoño: todo ello está siendo investigado, a menudo de modo bien competente, por nuestros periodistas, académicos, jueces y agencias de inteligencia.

Ahora bien, quizá también nos pueda aportar algo el análisis filosófico de las ideas que están detrás de esas actividades rusas. Ello no significa olvidar, ni mucho menos, que Vladímir Putin es ante todo un político pragmático; y que, por lo tanto, ninguna ideología resulta capaz de explicar todas y cada una de sus acciones. Pero incluso ante el más pragmático de los gobernantes cabe parafrasear aquello que John Maynard Keynes aseveraba de los “hombres prácticos”: que hasta aquel que se cree más exento de toda influencia intelectual, en realidad es solo el esclavo de algún intelectual difunto. En el caso de Rusia no son solo difuntos, además, sino pensadores bien vivitos y coleando los que están proporcionando al proyecto político de Putin cierto empaque en el mundo de las ideas. ¿Cuáles son aquellos y qué tesis son estas?

La verdad es que sus nombres (Alexander Projanov, Serguei Kurguinian, Leonid Ivashov, Natalia Narochnitskaya…) resultan poco conocidos entre nosotros, con excepción del principal de ellos, Alexander Duguin. Aunque Putin se cuida mucho de elevarles al rol de ideólogos oficiales de su política (pues implicaría compartir con ellos cierto poder, lo cual le resulta más antipático al mandatario ruso que compartir su cepillo de dientes), tampoco ha ocultado las buenas relaciones que les ligan: cuando hace dos años visitó con oropeles de nuevo emperador bizantino el Monte Athos, epicentro espiritual de la iglesia ortodoxa, no solo se hizo acompañar por el patriarca de su propia iglesia rusa, Kirill, sino también por Duguin mismo. Y la mejor prueba de que esas relaciones son buenas de verdad es que tienen una traducción contante y sonante: el Izborsk Club, think tank que reúne a los principales intelectuales de esta corriente, halla generosa financiación en el Kremlin.

Ahora bien, ¿qué ideas caracterizan a este grupo? Una primera paradoja que nos encontraremos al abordarlas es el papel central que ellas juega el marxista Antonio Gramsci, a pesar de que los autores citados se muevan hoy (aunque no siempre en su pasado) lejos del pensamiento comunista. En efecto, para estos intelectuales lo más importante en el mundo actual no es tanto ejercer directamente el poder (rol que dejan gustosos a Putin, y a él no le resulta menos gustosa tal dejación). Por encima de la política está lo que llaman “metapolítica”, que tiene que ver con lo que Gramsci llamaba “hegemonía cultural”: esa lenta tarea de ir influyendo a la opinión pública a través de los medios de comunicación, internet, la educación, las creaciones culturales, los pequeños grupos de estudiosos; en definitiva, todo aquello que vaya haciendo calar entre las masas, silenciosamente, un clima favorable a su propia forma de pensar.

Hablo de “forma de pensar”, pero quizá debería referirme más bien a “forma de sentir”. Pues este es otro punto clave del movimiento que estamos analizando. Para los representantes de este “nuevo conservadurismo ruso” o “conservadurismo postsoviético” (tales son los nombres que se les han atribuido) o “cuarta teoría política” (este es el nombre que a veces se atribuyen ellos mismos, frente a liberalismo, comunismo y fascismo) no importa tanto convencer con razones cuanto persuadir con emociones. De hecho, uno de los muchos errores que atribuyen al liberalismo occidental (su bestia negra) es la mentira, que este propaga, de que la política tiene que ver con argumentos racionales, con “datos” o con “verdades” que uno capte con su mera razón. Las democracias liberales engañan a sus ciudadanos y al resto de pueblos de la Tierra desde tiempos de la Ilustración, según estos rusos, porque en realidad la política tiene que ver con sentir juntos cosas importantes (la patria, la religión, la comunidad propia), y no tanto con hallar soluciones meramente cerebrales a los problemas del día a día.

En coherencia con tales planteamientos, los neoconservadores rusos no critican a Occidente mostrando sus errores o sus contradicciones, sino sobre todo su fealdad: nuestras democracias están vacías por dentro; son moralmente deformes; vagan ayunas de sacrificio, heroísmo y todas las virtudes que hacen la vida digna de ser vivida; en ellas triunfan solo los mercaderes, los mangantes, los rebaños satisfechos y los mediocres. Al igual que una mala película, lo malo de Europa y Estados Unidos no es que no tengan razón, sino que son aburridas y deprimentes. Y, por tanto, los textos de Duguin y sus compañeros no son tanto monótonos tratados academicistas en que se refuten una a una las libertades occidentales, sino más bien vibrantes manifiestos, de tono panfletario, repletos de símbolos y metáforas, en los que se aspira a ofrecer una alternativa más alta y noble a la plebeyez de nuestras decadentes sociedades.

Es en ese juego de símbolos y alegorías donde entra en juego San Pablo. Y lo hace de la mano de un autor del pasado, Carl Schmitt, que junto con el antes citado, Gramsci, suele figurar en el arsenal de todos los críticos radicales de nuestras democracias (algunos bien próximos a nosotros los españolitos). En efecto, Schmitt recuperó para la teoría política una palabra que en los textos de San Pablo aparece solo una vez (es, pues, lo que se llama un hápax legómenon) y que ha traído siempre de cabeza a los intérpretes de la Biblia. La palabra en cuestión es “katechon”.

Pablo la utiliza en el segundo capítulo de la segunda carta a los tesalonicenses, cuando explica a sus discípulos que no esperen de inmediato la Segunda Venida de Jesús, porque antes debe triunfar “el hijo de la perdición”, “el hombre de iniquidad” (no sabemos exactamente a quién se refería; quizá al Anticristo del que hablaba San Juan). Y hay sin embargo, siempre según San Pablo, algo que está reteniendo la victoria de este malvado: se trata de un “retenedor” o, en griego, katechon (aún sabemos menos a qué o quién aludía). Si nos fijamos en lo dicho, además (y ello complica aún más las cosas), resulta que ese katechon tiene un papel terriblemente ambivalente: por una parte, impide el triunfo momentáneo del Mal; pero, por otro, como este triunfo es requisito previo para la posterior llegada definitiva de Cristo, de hecho, está impidiendo también la victoria definitiva del Bien y el Paraíso final.

Como es previsible, esta ambigüedad del término katechon ha dado lugar a ríos de tinta durante dos milenios que lo han interpretado de una u otra forma; y Carl Schmitt fue uno más de los que contribuyó, con su particular afluente, a ello. Schmitt utilizó además esta metáfora de manera no menos ambivalente que el propio San Pablo. A veces resaltó su rol positivo (aquello que impide el triunfo del desorden, por ejemplo, los reyes medievales que, a la caída del Imperio, preservaron Europa del caos). Otras veces, en cambio, empleó el término de modo más bien peyorativo (se lo atribuyó verbigracia a EE. UU. y al Reino Unido que, para él, como simpatizante con el nazismo, no es que representaran lo mejorcito del mundo posterior a la II Guerra Mundial).

Toda esa ambivalencia se deja sin embargo de lado en Alexander Duguin, aunque recoja el término de las manos de Schmitt: el katechon para este ruso y los suyos es siempre alguien o algo positivo (no en vano han dado ese nombre a su principal web de difusión internacional). Se encarna en aquello (por ejemplo, Rusia) que preserva al mundo cristiano actual del caos, amenazado como se halla tanto por la superficialidad espiritual de Occidente como por el fanatismo violento del islam. La Rusia-katechon retiene en nuestro mundo la nobleza del mensaje evangélico, las culturas nacionales de los países cristianos, que si no fuera por ella (y por Putin, claro) quedarían sepultadas por culpa tanto de los debiluchos occidentales (que, como no creen en nada, dejan que sus países se inunden de musulmanes y ateos), como por un islamismo que no duda en recurrir a la violencia para ampliar su poder.

Ahora bien, resulta palpable que, pese a todo, la postura de esta ideología rusa frente a Occidente no puede escapar a cierta ambigüedad: por una parte, los occidentales somos para ella unos réprobos decadentes; por otra parte, sin embargo, pertenecemos a la antigua Cristiandad y, por consiguiente, somos potenciales aliados suyos en su tarea del katechon, de “detener el mal”. Con lo que resulta que, después de todo, la ambivalencia que había en San Pablo no la han perdido estos rusos por completo. Y eso quizá ayude a explicar un tanto la, por otra parte, paradójica política exterior rusa: que lo mismo apoya la unidad de España que juguetea con la secesión de Cataluña; lo mismo apoya a la ultraderecha de nuestro país que a la ultraizquierda ídem; lo mismo parece querer salvarnos de nuestros demonios que ansiar enfrentarnos de una vez por todas con ellos. Sin que además quede muy claro que lo que venga luego vaya a ser el Paraíso Final.

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Transparencia y control en las ONG´s

Melchor Miralles

Foto: Andres Martinez Casares
Reuters

Tras Oxfam le toca ahora a Médicos Sin Fronteras, que reconoce ahora que prefirió actuar ella misma antes que le sacaran el escándalo a la luz y que expulsó a una veintena de trabajadores en 2017 por varios casos de abuso sexual, seis de ellos en MSF España. Estos dos asuntos han puesto en el escaparate un asunto del que se viene hablando hace tiempo y que conocemos todos los que hemos viajado a países necesitados de ayuda. Del mismo modo que he visto con mis ojos y grabado con mis cámaras el formidable trabajo de tantos cooperantes que desinteresadamente entregan su vida para salvar la de otros o para aliviar en parte su sufrimiento en docenas de países de los cinco continentes, también he conocido casos como los que ahora se denuncian. Leo que estos días en España se están dando de baja miles de socios de estas ONG, y me alarma todo, porque su trabajo es necesario, incluso imprescindible, para muchos seres humanos que viven desatendidos en sus países devastados.

Estos comportamientos son inaceptables en cualquiera, pero más aún en quienes forman parte de organizaciones que tienen como estandarte principios éticos de solidaridad y ayuda humanitaria. A partir de ahora, las ONG van a tener que hacer un esfuerzo extra de transparencia para recuperar una credibilidad ante los ciudadanos que sería injusto que perdieran por dos casos entre centenares. Proliferan las ONG. Las hay de todos los tamaños, ideologías y dedicaciones.

La mayoría de ellas no son puramente ONG´s, porque reciben cuantiosas ayudas gubernamentales sin las que no podrían sobrevivir, lo cual ya lastra su identidad de inicio. La mayoría de ellas, también, realizan un trabajo ímprobo que agradecen miles de seres humanos de todo el planeta que padecen situaciones irreversibles e insoportables que les llevan a morir la vida y que sin esa ayuda estarían abandonados a su suerte maldita. No sería justo que tres decenas de indeseables reventaran el trabajo de miles de seres humanos maravillosos que se entregan a los demás a cambio de nada. Pero, la verdad, esperaba que, como ha hecho MSF, fueran las propias organizaciones las que hubieran dispuesto de mecanismos de control primero para evitar que sucedieran estos hechos asquerosos y, en caso de no poder evitar que sucedieran, poder ser ellas mismos quienes lo detectaran, denunciaran y sancionaran. Y, estando las cosas como están, han de estar en disposición de garantizar que no van a volver a suceder hechos de esta gravedad. Para ello han de extremar el cuidado en la selección de su personal, y, una vez consumado este, los controles del trabajo sobre el terreno, donde disponen de manga ancha para manejar el presupuesto y para actuar sin que exista una supervisión de su conducta. Intuyo, además, que ha existido miedo en algunos compañeros a denunciar los hechos. Como espero de algunas organizaciones, como por ejemplo Naciones Unidas, una investigación a fondo, porque a ellos también les ha salpicado el asunto, y hay antecedentes, lo cual es más grave por tratarse de la ONU, donde han fallado a veces también las personas y los controles, como sabemos cualquiera de los que hemos visto actuar a las tropas internacionales, sobre todo en África.

Los hechos son graves, y no sería justo que llevara a generar una sospecha generalizada, pero al no ser un caso aislado, es necesario extremar los controles porque la gravedad es insuperable, como el daño que hacen a tantos como entregan su vida a la ayuda y la solidaridad con los más necesitados del planeta, que cada día son más.

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Teoría de la visibilidad

José María Albert de Paco

Foto: Stephan Savoia
AP

Extrañamente, en ninguna lista de palabras-del-año de los cuatro anteriores (fuente principal: Fundeu) se hallaba, siquiera abrochando el inventario, la que vertebra en los últimos tiempos la mayor parte de las reivindicaciones progresistas. Me refiero a ‘visibilidad’. No en vano, y a rebufo del fragor identitario al que la izquierda ha fiado su discurso, no hay proclama que desate tantos aleluyas como la de ser más visible o visible a secas, según se trate de situarse en plano de igualdad con otros colectivos o emerger a la realidad, equiparable, aquí, a ‘normalidad’. Sin perjuicio de que la superposición de visibilidades redunde en la saturación del mundo, gremios, géneros (incluso literarios) y otras camarillas reclaman para sí una mirada ponderativa. O lo que es lo mismo: el derecho a exhibir su condición sin tasa o servidumbre de ningún tipo.

Un googleo a vuelapluma brinda manifiestos por la visibilidad de los traductores, las enfermeras, la diversidad funcional, las mujeres deportistas, los voluntarios, las kelllys o la regla (“éste es el zumo de mis entrañas, del que no huyo, una mancha sin límites, un rezumar que no pueden parar”). Veleidades polipoéticas al margen, algunas de estas exigencias presentan un trasfondo moralmente idéntico. Así, los traductores abogan por que su nombre figure en la cubierta del libro, junto al del autor; los voluntarios, por que se les rinda honores de héroe posmoderno, y las enfermeras, por que su labor asistencial sea considerada poco menos que decisiva (“No somos simples secretarias del médico”, alegan, lo que tal vez movilice a las secretarias en defensa de su visibilidad, quién sabe si esgrimiendo que ellas no son simples pasantes…).

En otras palabras: ser traductor (e incluso serlo orgullosamente) sin que ello suponga renunciar al prestigio del que goza el autor; lucir galones de médico por el procedimiento de saberse enfermero visible; y ser voluntario, sí, mas con oropeles de Gran Orden Civil. En espera del día en que el reparto igualitario, sabiamente equitativo, de la visibilidad, nos convierta por fin en invisibles.

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