Teresa Viejo

Periodista. Escritora. "Mientras llueva" mi última novela. Directora de "La Observadora" RNE. Embajadora de UNICEF.

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Trampantojo
Trampantojo

Trampantojo

Uno ve lo que quiere, o por lo menos lo que elige su ojo que no es más que un manipulador avanzado en el arte del engaño. Uno ve según vio alguna vez y en ese juego de espejos aparecen miedos y certezas antiguas, penas y alegrías enquistadas en lo más hondo de lo que los neuropsiquiatras llaman psique. Uno contempla una foto y el de al lado distingue en ella otro ángulo que a ti se te ha escapado o que has desestimado, porque con un vistazo ya tienes una idea. Nuestra mente también trabaja el trampantojo y nos hace olvidar que ni la verdad ni la realidad son únicas. No existe en este plano un mensaje lineal.

La artista sí tiene quien la escriba
La artista sí tiene quien la escriba

La artista sí tiene quien la escriba

Puede que para una parte de vosotros La Terremoto sea una señora de Alcorcón que mezcla arte y sentido del humor en sus canciones, pero antes de ella hubo otra. Una mujer de rompe y rasga, pelo azabache y voz rota, moderna donde las haya, que revolucionó España cantando un estribillo ininteligible asimilado después a la lengua coloquial: “Achilipú”.

Mute
Mute

Mute

Hace algunos años en una universidad norteamericana encargada de dirigir un estudio sobre afectados de afasia proyectaron a estos enfermos un video sobre un discurso de Nixon sin sonido. Se trataba de un mensaje de gran hondura política sin embargo a los pacientes les dio por reír. ¿Motivo? El lenguaje no verbal del Presidente revelaba a un trilero, alguien cuyos gestos delataban que no pensaba hacer nada de lo que comprometía con palabras y, puesto que los enfermos no pueden discernir el lenguaje hablado, no se sintieron engañados, tan solo disfrutaron del sainete. Dicha prueba hoy no la pasaría ni un solo candidato de los que se exhiben por esta pista de circo que es España.

Se busca UVI para enfermedad contagiosa
Se busca UVI para enfermedad contagiosa

Se busca UVI para enfermedad contagiosa

No sé tú, pero para mí que el mundo se ha vuelto loco. Cada vez es más certera la sensación de que algo ha dejado de funcionar en medio de esa lógica ilógica con la que pasan las cosas. Si bien cada uno de los sucesos de este verano en el que no ganamos para sustos –un atentado, otro, asesinados perpetrados por un ultra, un tipo blandiendo un hacha en mitad de un tren- son contemplados en singular como lamentables exponentes de hasta dónde puede llegar la barbarie humana, la secuencia completa nos lleva a temer una suerte de locura colectiva altamente contagiosa. Quizá no andemos mal encaminados, de hecho las llamadas a la acción yihadista juegan con infectar a cuantas más mentes mejor con sus mensajes.

Cazando moscas
Cazando moscas

Cazando moscas

No me lo he bajado. No he sentido la atracción de buscar un bicho virtual tras cada esquina. Nunca me dio por jugar a los Pokémon y no creo que me entre la adición ahora. Engancharse a un juego de móvil no se hizo para mí, que tuve que practicar con los Angry Birds una y mil veces a ver si les pillaba el truco. Sin embargo, y puesto que hay gente pa tó –como respondió el torero Rafael El Gallo a Ortega cuando éste le comentó que era filósofo-, no me extraña que alguien se pase las horas muertas dándole al pulgar, ahora lo que no termino de entender es qué pinta uno en mitad de la Castellana cruzando en rojo embobado en la pantalla. La ciudad no se ha hecho para distracciones, ni la vida para quienes no respetan verjas, vallas ni propiedades privadas. En EEUU un señor ha disparado contra un par de adolescentes que avistaban Pokémon´s en su garaje, mientras que aquí saldríamos sartén en mano. Y pareciéndome aberrante la tenencia de armas –más aún emplearlas a bulto- discrepo de los que contemplan la aplicación como un simple entretenimiento. Es un peligro público.

Corred, corred malditos
Corred, corred malditos

Corred, corred malditos

El ser humano tiene la habilidad de tomar el éxito ajeno como propio lo que sucede desde la más tierna infancia. Cuántas veces vemos a los niños apropiándose de los logros de otros o señalando con el índice a quien tienen más cerca para cargarle con la pifia realizada por ellos. Si no se ataja pronto esta clase de ruindad termina siendo endémica y la suma de vicios convierte a una sociedad en cicatera y envidiosa. Nunca he entendido porqué aplaudimos como propias las hazañas de algunos deportistas cuando la inmensa mayoría seríamos incapaz de realizar una tanda de cincuenta abdominales seguidos. Ni veinte, vamos. Lo que toca es admirarlos.

Se busca concursante de “reality” para Presidente
Se busca concursante de “reality” para Presidente

Se busca concursante de “reality” para Presidente

Es probable que este rostro te deje impasible. Yo tampoco sabía de quién se trataba hasta que leí la noticia: acaba de ser elegido Presidente de Islandia. Si bien sus elecciones han coincidido con las nuestras, la machada de su Selección en la Eurocopa lo eclipsa todo porque no deben de tener cabeza para otra cosa que no sea jalear a sus jugadores. Quizá por ello se les ha colado una estrella de la tele por la escuadra.

Un mapa por colorear
Un mapa por colorear

Un mapa por colorear

Existe una nación de 65 millones de almas que cruza a diario el planeta. Es muy triste comprobar que su población se mueve sin rumbo porque el resto impedimos lo contrario. Lo lógico es que avanzaran pero son hombres, mujeres, niños y ancianos, tejiendo un tiempo sin visos de futuro. Quizá si apreciáramos a los refugiados no como un goteo humano sino con el simbolismo compacto de una nación, entenderíamos mejor su drama: es un magma incendiado colándose por cada frontera.

The Royal hundimiento
The Royal hundimiento

The Royal hundimiento

En la vida uno puede caerse de muchas formas, desde las más literales a las metafóricas. Si las últimas conllevan amargura y tendemos a empatizar con quien se viene abajo –salvo que se trate de un “enemigo” y se la tengamos jurada- porque algún día nos puede suceder lo mismo, el trastazo textual provoca hilaridad. ¿Quién no se ha partido de risa ante un desplome morrocotudo en lugar de levantar a la víctima del suelo? Mi madre, que venía de fábrica con la sabiduría de las abuelas, cuando ante una dificultad tratabas de echarle una mano replicaba: “¡Quita! Tú no ayudas más que a caer”. Pues eso. Si uno se la pega delante de nuestras narices la naturaleza humana nos llevaría a desternillarnos. Hace años la tele se alimentaba con programas de estúpidas caídas y hoy Youtube sostiene canales de morrazos anónimos.

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