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Trazo a trazo, Thierry Thomas sueña la vida aventurera del genial Hugo Pratt 

Thierry Thomas publica ‘La aventura soñada’, un retrato de Hugo Pratt galardonado con el Premio Goncourt de Biografía Edmonde Charles-Roux 2020

Trazo a trazo, Thierry Thomas sueña la vida aventurera del genial Hugo Pratt 

Decía siempre Hugo Pratt que lo único que necesitaba para empezar a contar una historia era tener un buen final. Dictum al que no parece hacer caso Thierry Thomas, autor de La aventura soñada (Siruela, 2022), traducida al español por Regina López Muñoz, quien comienza su libro por el principio, por su principio: el de aquel mes de marzo de 1972 cuando iba al encuentro de su admirado Hugo Pratt (Rímini, 1927-Lausana, 1995), estando éste viviendo en el barrio de Malamocco, frente a Venecia, en la punta de la isla del Lido. Por aquel entonces era Pratt un dibujante de prestigio en el mundillo del cómic, pero ignorado por el gran público. Vivía en un pequeño piso-estudio, el último piso de uno de esos edificios mastodónticos, «como los que se ven en los barrios ni pobres ni ricos de la mayoría de las ciudades italianas».

Ya en aquel momento, Thierry presiente que las planchas originales de Pratt le habrán de leer el porvenir, o fabricarlo. Este libro va un poco de eso, de cómo unos dibujos ajenos pueden iluminar(nos) una vida; de esa fascinación por un entintado, por unos trazos. Menos una biografía que unos cuadernos de notas sobre la obra y vida de Hugo Pratt, en La aventura soñada, el director francés de documentales Thierry Thomas fabula e interpreta, hipotetiza y sueña. De alguna forma hace suyo aquello que decía Pratt, pues que «la fantasía es un patrimonio del hombre libre». Nos conduce, trazo a trazo, por la vida y obra de Pratt, pero vista siempre desde su propia óptica, esto es, vinculándola a la suya propia. Y aquí, el título original del libro en francés, Trait pour trait, remite al documental del mismo título de 2016, dirigido por Thierry Thomas, pero también al sincretismo de Pratt, a su estilo claro, definido, reconocible. A su economía de recursos, a su estilo de dibujo cinegético. Pues Pratt no solo se enseñoreaba con los ideogramas, sino que tenía la voluntad de crear un trazo sonoro. Y, aún más, «quería que se confundiera con una voz. Con su voz. Quería dibujar un trazo que (nos) hablase», escribe Thomas.

«La fantasía es un patrimonio del hombre libre»

Hugo Pratt

Porque el modo de cartografiar la existencia de Hugo Pratt que realiza Thierry Thomas en su libro funciona al modo de la historieta, con pequeñas viñetas separadas por los marcos vacíos de la página, jugando con el párrafo igual que como hacía Pratt con las viñetas; esto es, descomponiendo las imágenes. Haciendo que los marcos signifiquen, más allá de delimitar los espacios. Permitiendo que las elipsis se llenen de luz (y de vibrantes sonidos). Y, así, Thomas nos define 6 trazos (o capítulos): El encuentro del joven Thierry Thomas con Hugo Pratt, el viaje en tren de Pratt a París para reunirse con el director de la revista para niños del Partido Comunista (Pif), la aparición del personaje de Corto Maltés, el mazazo que supone la muerte de Hugo Pratt, el 21 de agosto de 1995, el descubrimiento de las acuarelas (y el color), y la vida después de Hugo Pratt.

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Thierry Thomas | Foto: JF Paga | Cedida por la editorial.

El alumno aventajado de Milton Caniff

De Pratt dejó dicho Umberto Eco que «fue un genial narrador verbo-visual». En él se da la feliz coincidencia del artesano y el artista. Quizá por ello no teme Pratt a que el tebeo deje ver sus artificios, a mostrar sus influencias. La más importante: la de Milton Caniff, autor de Terry y los Piratas, el así conocido como «el Rembrandt de los comics»; un maestro del blanco y negro.

Pero también es muy importante en Pratt el cine: los silencios y las miradas de Sergio Leone, por ejemplo. Su personaje más famoso, Corto Maltés, es -de hecho- una evocación soñada del personaje de Burt Lancaster en His Majesty O´Keefe (1954). Un héroe pensativo, un pirata simpático.

Pratt pulió su dibujo en su época argentina, aprendió a concretar el horror, a dibujar la violencia sin abstracciones. Es capaz de personalizar la angustia y la infamia. También tiene referentes literarios: Homero, Stevenson. Pero sin olvidar a Conrad, Jack London, Herman Melville. O a Rimbaud. Y a Will Eisner. Es curioso que Pratt Apenas leyera a Beckett. Gracias a lo cual, quizá, su narrativa es menos absurda que irónica. Con un punto metafísico. Sin género de dudas, sus narraciones son literatura visual. Era un maestro en el uso de los espacios abiertos, infinitos. Conjugó sin temor la alta cultura con la baja cultura. Se supo postular clásico antes de serlo. Fue, así, capaz de hablar a dos mundos: al elitista y al popular a la vez. Llenaba sus viñetas de citas intertextuales, pero, a su vez, tenían estas un fuerte componente cinematográfico, visual, accesible y directo. De esta forma consiguió ser atemporal, dibujando aventuras cuando esto era un anatema; siendo político a fuerza de no serlo.

Dicho de otro modo: defendiendo la libertad de la imaginación frente a las meras posibilidades de lo real. Un detalle donde es fácil ver esto: Hugo Pratt no reproduce la realidad sino que la recrea, sus personajes son ensoñaciones, no materialidades reales.

El método Maigret

Desatiendo la cronología, yendo -como dijimos antes- trazo a trazo, Thierry Thomas ansía encontrar el rosebud, esa palabra que desvela el sentido de una vida. Que no es solo la de Pratt, sino la del mismo Thomas, aspirante a comiquero en su juventud, quien hubo de dejar el dibujo en la edad adulta. Thomas se sirve de lo que él denomina «El método Maigret». Lo define así: «desembarazarme de las ideas preconcebidas, casi de cualquier idea, con la esperanza de alcanzar no ‘la’ verdad, sino una verdad singular, que es mucho más hermosa, mucho más ‘auténtica’».

Para entender a Hugo Pratt, nos dice Thomas, hay que soñarlo. Y esto es este libro: un sueño

Es por ello que quien ansíe encontrarse con una caterva ordenada de datos y fechas no quedará -del todo- satisfecho con este libro. Lo que propone Thierry Thomas es mucho más ambicioso (y está en la línea de las ambiciones del propio Hugo Pratt): se trata de lograr la armonía con uno mismo. A fuerza de ir abriendo puertas, dejando de la música interior salga y cante, y sea a un tiempo elegía y rayo (meditabundo y sonoro) que no cesa. Thierry Thomas se propone aquí encontrar las claves de un mundo, de una vocación, de una vida. Y, ello, se cifra necesariamente en conjeturas, figuraciones y sospechas. Para entender a Hugo Pratt, nos dice Thomas, hay que soñarlo. Y esto es este libro: un sueño.

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Imagen vía Editorial Siruela.

Viajar (con la palabra y el dibujo)

Fue Hugo Pratt un hombre viajero y, en cierta medida, nómada. Vivió en Venecia, Etiopía, Buenos Aires, Londres, París y en Lausana. Pero, entretanto, viajó mucho. Y no solo en el espacio físico sino también en el espacio de las palabras. Era rápido dibujando, igual que lo era inventando. Apenas con unos trazos creaba rápido el milagro.

Publicó más de quince mil planchas (unos ochenta mil dibujos) y dibujó unas quinientas acuarelas. Por sus venas corría sangre múltiple (judía, turca, francesa, española, inglesa) y, por ello, su familia se consideraba apátrida. La gran pretensión de Hugo Pratt fue la de situar al mismo nivel el dibujo y la narración.

«La historieta es un modo de expresión sintético», decía Pratt, quien -por esta razón- adoraba la poesía. Todo el mundo está de acuerdo en que su obra maestra es Una balada del mar salado, la primera aventura en la que sale el personaje de Corto Maltés (aunque no es el protagonista, sino un secundario). Se publicó en Italia en el verano de 1967, por capítulos; en la revista Sgt. Kirk. El público italiano, en un primer momento, no supo ver su genialidad.

La actualidad de Corto Maltés

Desde hace ya unos cuantos años Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero se han dedicado a retomar la serie de Hugo Pratt, respetando las decisiones estéticas, narrativas y tonales de la edición original. En Norma Comics han publicado Bajo el sol de medianoche, Equatoria y El día de Tarowean. Se trata no tanto de continuaciones de las aventuras, sino de intentos por rellenar la biografía de Corto Maltés, tomando en consideración aquellos episodios que su creador citó, mencionó o dejó manifiesta su intención de dibujar en algún momento, pero que finalmente no hizo. Por su parte, el dibujante Bastien Vivès junto a Martin Quenehen publicaron el año pasado, también en Norma Editorial, Océano negro, un cómic inspirado en el personaje de Corto Maltés que lo trae a la actualidad.

Finalmente, la editorial Confluencias publicó el año pasado Una cita pendiente. Viajes por los mares del Sur, el libro testamentario de Hugo Pratt, donde da cuenta de su último viaje al Pacífico, en 1992, y que continua la Biblioteca Hugo Pratt que comenzaron a publicar en la editorial en 2012 con El deseo de ser inútil, la única obra autobiográfica del autor y que completa, por el momento, A la sombra de Corto, Conversaciones con Dominique Petifaux (2013).

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