THE OBJECTIVE
Cultura

Óscar García Sierra captura el desencanto millennial en la España vaciada

Diazepam, ninis y tuning en ‘Facendera’, la primera novela del poeta Óscar García Sierra

Óscar García Sierra captura el desencanto millennial en la España vaciada

Oscar García Sierra | Foto: Felipe Hernández Durán

Algunos lo llaman la España vaciada, para otros es su petrificado hogar. Estos conocen del auténtico silencio, de las ruinas entre polígonos industriales o de las viejas dinámicas de falta de anonimato y rumorología. Todo ello era paisaje para los ancianos, espacio de ocio para los adultos y parece que se ha convertido en un infierno de baja intensidad para millenials que aspiran a huir hasta una capital. 

El autor leonés Óscar García Sierra (1994) ha capturado el espíritu de su generación en el mundo rural en la novela Facendera (Anagrama, 2022), saliendo airoso con una trama ingeniosa y un tono poético cuidado. El protagonista es un chaval que en una mudanza convertida en fiesta le cuenta a la chica que le gusta las historias del pueblo leonés en el que se crío. 

«Eran descripciones melancólicas de cosas que no estaba demasiado seguro de que hubiesen pasado y, si no estaba demasiado seguro de que hubiesen pasado, era porque llevaba demasiado tiempo mezclando drogas legales con drogas ilegales y mentiras con verdades»

Óscar García Sierra en Facendera

Dichas historias tienen mucho que ver con el deseo y con las adicciones. Muchos novelistas contemporáneos siguen considerando el amor como tema literario, muchas veces dulcificado, y aquí aparece en forma de arma arrojadiza. La compulsión por devorar benzodiacepinas, sabiamente, alcanza momentos de realismo mágico en la confusión de términos. Es inevitable que por un tema de agenda mediática remita de algún modo al gran éxito que tuvo Juarma con Al final siempre ganan los monstruos (Blackie Books, 2021), también la historia de un grupo de amigos con mucho tiempo para el consumo, pero también está claro que tiene el tono poético de Ryu Murakami en Azul casi transparente (Anagrama, 1976) al pintar sobre el papel el aburrimiento intoxicado de los nini.

Tiene unos aires muy indie, parece la novela que hubieran hecho bandas como VVV o Depresión Sonora. Otros elementos que atraviesan Facendera son la construcción de identidades con mentiras, el dolor de la incomprensión entre viejos y jóvenes o la añoranza que en el fondo se siente por el dialecto propio como es el leonés.

Imagen vía Editorial Anagrama.

Un autor muy punk

Óscar García había colaborado en antologías en México (Pasarás de moda y Hot babes), Argentina (1000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI), Estados Unidos (The Poetic Series, Noon on the Moon) y España (Millennials). Sus poemas también han aparecido en publicaciones como Tenían veinte años y estaban locos, New Wave Vomit, Ciudades Esqueleto y Playground. Es autor del poemario Houston, yo soy el problema (Espasa Calve, 2016). 

Nos sentamos para charlas con él de su primera novela. Tras la lectura espero a alguien muy indie pero me encuentro un autor que como un punk despacha preguntas de manera que parece que no se esfuerza pero queda bien. Lo primero es que me doy cuenta que no soy el primer periodista que le dice que la historia tiene mucho potencial para convertirse en película.

Antes de escribir esta novela Óscar había publicado el poemario ‘Houston, yo soy el problema’ (2016) | Foto: Felipe Hernández Durán | Cedida por el entrevistado.

Para introducirme Óscar me explica que fue hecha a partir de fragmentos, escenas o frases sin contexto desechadas de poemas, luego tuvo la idea de juntarlo todo como parte de las leyendas de un pueblo de las que luego alguien se apropia para ligar. Confieso que el término ladrillo para referirse a las benzos me ha confundido, a momentos imaginaba que comían ladrillos de verdad como si fuera un universo de realismo mágico: «es un poco la gracia, el término se usa con los tranquimazines lo he visto en internet desde hace seis años en foros relacionados, aunque que sea ambiguo era mi intención».

«Había tanta gente en paro que los viejines del pueblo, con los ojos inyectados en sangre y con la cara que parecía que estaba derritiéndose, tenían que madrugar para coger sitio en la barra. A media mañana llegaban los hombres más jóvenes que aún tenían alguna esperanza de encontrar trabajo, y por la tarde, después de comer, era el turno de las viejinas, que se tomaban el café mientras echaban la partida y volvían a irse a casa a última hora de la tarde, cando a sus maridos ya se les había pasado la resaca de la mañana»

Hablamos sobre las reiteraciones poéticas de su texto, esas estructuras que se repiten para crear un ritmo interno. Eso se nota especialmente en los nombres, le preocupa que a alguien le pueda cansar, pero él pretendía crear sensación de monotonía que es el ambiente de la novela. Es hora de hablar del amor, parece que su tesis es que la gente se aprovecha de los demás: «Lo principal en el deseo es tapar las inseguridades, pero diría que destaca más lo de aprovecharse antes que se aprovechen de ti».

Óscar no tiene planes concretos de escritura, está muy abierto a trabajar directamente con lo que le gusta al margen de la continuidad, él no planifica. Se le ve un poco nervioso porque ya tiene las opiniones de sus amigos y familia, «todo bien por ese lado pero llega el momento de recibir la parte mala y la verdad que me gustará saber por dónde va». Seguro que serán buenas noticias. 

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D