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Historia canalla

Militares contra el rey: el golpe de octubre de 1982

En ‘Historia Canalla’, Jorge Vilches repasa la trayectoria de personajes polémicos y desmonta mitos con ironía y datos

Militares contra el rey: el golpe de octubre de 1982

Ilustración de Alejandra Svriz.

La serie Anatomía de un instante, basada en la obra homónima de Javier Cercas, ha vuelto a sacar la cuestión del golpe de Estado del 23-F. Lo hace justamente cuando se cumple el cincuentenario de la muerte del dictador Franco y de la coronación de Juan Carlos de Borbón. En la obra, el rey aparece como el salvador de la democracia junto a tres hombres que permanecieron en pie durante el asalto de Tejero. Me refiero a Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Manuel Gutiérrez Mellado. Estas tres figuras representan, escribió Javier Cercas, la traición a los viejos principios guerracivilistas y el abrazo para la democracia. De este golpe se sabe bastante, pero del que se preparó para el 27 de octubre de 1982 apenas se conocen cosas. El PSOE de Felipe González lo quiso tapar por prudencia y prefirió enderezar al Ejército franquista con otras medidas.

La operación contra los golpistas del 23-F dejó intacto al grupo conocido como «los Técnicos», que se ocupaban de la planificación del golpe. Constituían un conjunto de militares denominado así por el comandante de infantería Ricardo Pardo Zancada, ya que la mayoría de sus integrantes procedía de la Segunda Sección Bis del Ejército (SIBE), y eran tenientes coroneles. Sus figuras más representativas eran el coronel de Artillería, Luis Muñoz Gutiérrez, los tenientes coroneles de Artillería, Jesús y José Enrique Crespo Cuspinera, y el teniente coronel de Caballería Carlos de Meer y de Ribera. Su idea era dar un golpe y acabar con la monarquía parlamentaria, la Constitución de 1978 e instaurar una república presidencialista sin autonomías.

Este grupo contó con el apoyo de dos hombres: Milans del Bosch y San Martín, ambos en prisión. Jaime Milans del Bosch era capitán general de la III Región Militar en 1981, y fue el único militar de alta graduación que sacó los tanques a la calle en Valencia, decretando el estado de excepción el 23-F. José de San Martín había estado en los servicios de inteligencia de Carrero Blanco, fue separado por Arias Navarro, y el 23-F era el jefe de Estado Mayor de la División Acorazada Brunete en su base de El Goloso en Madrid, y quien ocupó Radio Televisión Española esa madrugada de 1981.

Los Técnicos elaboraron la Operación Cervantes para evitar la victoria del PSOE y poner en marcha su proyecto de república presidencialista. Contaban con Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, con el partido minúsculo de Antonio Tejero, llamado Solidaridad Española, con Federico Silva, democristiano que había sido ministro con Franco, y con el apoyo financiero de José María de Oriol y Urquijo. La trama civil, por llamarla de alguna manera, eran células clandestinas en cada provincia formadas por ultraderechistas.

La información de que se estaba preparando un golpe llegó al Centro Superior de Investigación de la Defensa, el Cesid. Este organismo informó al Gobierno, que presidía Leopoldo Calvo Sotelo, y prepararon la detención. El 1 de octubre de 1982 los agentes del Cesid llevaron a cabo una operación destinada a obtener pruebas concluyentes de la conspiración. En el coche del coronel Luis Muñoz Gutiérrez, uno de los principales implicados, encontraron un maletín con la documentación completa del plan golpista. Muñoz Gutiérrez se dirigía en ese momento a una comida de homenaje a Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva. Los agentes abrieron el maletín, fotocopiaron los 504 folios que contenían el proyecto detallado de la operación y lo devolvieron a su lugar original. También es cierto que los informantes dijeron después que esta información no era correcta, y que la documentación estaba en el domicilio de Muñoz Gutiérrez, no en su coche. No obstante, esos papeles se convirtieron en la prueba incriminatoria fundamental que permitió procesar a los responsables y confirmar la existencia de la trama golpista.

El plan tenía como referente histórico el golpe de los coroneles en Grecia en abril de 1967. Contemplaba dos fases, una en Madrid, que recibía el nombre de Plan Halcón, y otra en el resto de España, llamada Plan Marte. El conjunto había recibido el nombre de MN, es decir, Movimiento Nacional. El día del golpe iba a ser el 27 de octubre, la jornada de reflexión previa a las elecciones de 1982. Empezaría a las 8 de la mañana en Madrid, estableciendo tres cinturones o anillos de seguridad, que serían el centro, el suburbio y la periferia, y cerrando carreteras, aeropuertos y líneas férreas, y bloqueando todo tipo de comunicación. Luego, detendrían a un centenar de personas, y ocuparían setenta objetivos estratégicos, como los ministerios de Interior, Asuntos Exteriores y Defensa, además del edificio de Cultura porque allí existían todavía sistemas de comunicación, de cuando se ubicaba en ese mismo lugar el ministerio de Información del franquismo.

Otros lugares a tomar eran la Zarzuela y la Moncloa, que se bombardearían si el rey o el Gobierno se resistían. Madrid sería cerrada al tráfico, se tomaría TVE y Radio Nacional. No les preocupaba que corriera la sangre. Una vez en su poder la capital formarían una Junta Militar y disolverían las Cortes. Derrocarían a Juan Carlos I y lo reemplazarían por un Consejo de Regencia. Dejarían sin vigor la Constitución de 1978, y quedarían fuera de la ley tanto sindicatos como partidos, además de detener a sus dirigentes. Entre los papeles encontrados al coronel Muñoz había propaganda de la Unión Militar Española (UME), que era una organización ilegal que agrupaba a militares de ultraderecha. También se hacía referencia al terrorismo, diciendo que aprovecharían el estado de opinión que dejaba una acción terrorista de ETA o Grapo para el golpe, e incluso se barajaba la posibilidad de un atentado de falsa bandera para propiciar la toma del poder.

El Cesid vigiló a los militares implicados en el golpe, y persuadió a algunos para que no lo intentaran y pasaran información. No se quiso detener a muchos militares para no crispar a la opinión pública, y todo se centró en detener a los tres más importantes: los coroneles Luis Muñoz y Jesús Crespo y el teniente coronel José Enrique Crespo, hermano del anterior.

También se dijo que la Brigada Antigolpe había recibido de los servicios de información de la Policía numerosa documentación sobre civiles ultraderechistas en Madrid relacionados con la trama golpista. Dicha Brigada fue creada después del 23-F. Estaba dirigida por Emilio Sánchez, y dependía directamente del director de la seguridad del Estado, Francisco Laína. La compusieron la práctica totalidad del grupo anti-Grapo que dirigía el inspector Juan Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño, reconocido torturador. Quizá fue por esto que la Brigada Antigolpe no consiguió detener a nadie en la intentona de octubre de 1982.

La historiografía se divide entre quienes ven este golpe preparado para el 27-O como un complot sangriento, y quienes lo consideran un plan imposible. La ultraderecha heredera de Blas Piñar ha afirmado siempre que fue un montaje del gobierno de la UCD para remontar en las encuestas electorales y evitar la debacle. Sin embargo, sabemos que no fue así. Gabriel Cardona definió la Operación Cervantes como un plan sangriento que al fracasar casi fue definitivo para el golpismo. Miguel Platón lo ha ridiculizado como una operación sin mando ni tropas. Roberto Muñoz Bolaños lo ha visto como el principio del fin del involucionismo golpista en España. La verdad es que el franquismo militar quería repetir en España un golpe como el de Pinochet en Chile, pero carecía de fuerza suficiente. El contraste entre sus delirios y su realidad es lo que convierte al 27-O en un sainete histórico.

El fracaso del 27-O no salvó a UCD en las urnas. Al contrario, fue la puntilla para un partido que ya agonizaba. El 28 de octubre, el PSOE arrasó con 202 diputados y Felipe González se convirtió en presidente. Narcís Serra, ministro de Defensa, recibió la orden de Felipe González de evitar a toda costa que volviera a producirse un golpe de Estado. Esto no se consiguió de forma inmediata, porque el ruido de sables duró hasta 1986.

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