Joan Pujol 'Garbo', el espía español que engañó a Hitler con el desembarco de Normandía
Este barcelonés fue un agente doble clave para los servicios de inteligencia británicos en la Segunda Guerra Mundial

Joan Pujol García.
El 6 de junio de 1944 es una de las fechas más importantes de la Segunda Guerra Mundial y, por extensión, de todo el siglo XX. El conflicto más sangriento de la historia no contó con el concurso de España, hecha pedazos tras la durísima Guerra Civil. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que un barcelonés jugase un papel clave en el desembarco de Normandía. El protagonista de esta intrahistoria de la historia, Joan Pujol García.
Nos situamos en el año 1912. Ese año el Titanic se hunde, Scott llega al Polo Sur y es asesinado el presidente del Gobierno español José Canalejas. Mientras tanto, nace en la capital catalana Joan Pujol, en el seno de una familia de buena posición. Tras una juventud relativamente tranquila, el estallido de la Guerra Civil le sorprende en Barcelona a la edad de 25 años.
De fuertes convicciones anticomunistas, el joven se resistió a alistarse en las filas del bando republicano, donde había caído la Ciudad Condal, y pasó varios meses oculto. Finalmente, tuvo que alistarse más de un año después de iniciarse la guerra, en septiembre de 1938, pero pocas semanas después desertó y se pasó al ejército sublevado. Pero sería un error pensar que, por su ideología antizquierdista y por haberse insertado en las tropas franquistas, Joan Pujol simpatizaba con el falangismo o el fascismo. De hecho, acabada la guerra y tras unos meses trabajando como gerente de un hotel en Madrid, el joven catalán se propuso implicarse personalmente en la lucha contra el nazismo, que ya campeaba en Europa.
Agente doble contra los nazis
Era 1940 y, en aquel momento, con Francia caída, Gran Bretaña sostenía en solitario una sangrienta, sudorosa y lacrimógena lucha contra Hitler. Es por eso que Joan Pujol se dirigió a la embajada británica en Madrid para ofrecer sus servicios como espía. Sin embargo, estos fueron rechazados. El joven barcelonés decidió entonces ejecutar un plan considerablemente más arriesgado e ir directo a la boca del lobo. Se presentó en la embajada alemana y se ofreció a colaborar como agente secreto del Tercer Reich. En aquella España donde muchos mostraban sin ambages sus sentimientos germanófilos, las autoridades de la legación alemana aceptaron alegremente su disposición.
La intención de Pujol, claro, era ganarse la confianza de los oficiales de la Abwehr, el servicio de inteligencia de la Wehrmacht, para colar desinformación a los alemanes y conseguir datos valiosos para los Aliados. Esto lo fue consiguiendo a base de transmitir inteligencia durante meses, hasta el punto de que los británicos, en vista de que los informes de Pujol eran creíbles para los alemanes, lo reclutaron finalmente como agente doble con el nombre en clave de Garbo.
La información falsa que Pujol hacía llegar a los nazis incluía, por ejemplo, pruebas de que estos habían logrado reclutar numerosos espías en territorio británico que a partir de entonces trabajarían para ellos. Estos agentes, en realidad, se los inventaba Pujol, que se las ingeniaba para enviar a los alemanes cartas firmadas por los espías fantasmas, así como documentación que estos supuestamente conseguían. En una ocasión, incluso, simuló la muerte de uno de estos infiltrados y los nazis le enviaron una pensión para su falsa viuda.
La Operación Torch
La primera contribución clave que Pujol hizo a la causa de los Aliados tuvo lugar durante la llamada Operación Torch, el desembarco de las tropas anglo-estadounidenses en el norte de África en noviembre de 1942. En esta ocasión, la táctica utilizada para engañar a los nazis no fue suministrar información falsa, sino entregar inteligencia verdadera tardíamente a propósito.
Pujol envió un informe señalando que una flota de buques se dirigía al norte de África, cosa cierta, pero no la mandó hasta la víspera, de forma que los nazis no pudieron reaccionar a tiempo. Eso sí, en el matasellos puso una fecha anterior para hacer pensar a los alemanes que la carta había sido enviada a tiempo y que la culpa había sido de un retraso en el correo. La respuesta de los mandos alemanes a Pujol es muy significativa: «Lamentamos que hayan llegado demasiado tarde, pero sus últimos informes fueron magníficos».
Joan Pujol, el hombre que propició el desembarco de Normandía
Pero sin duda el momento álgido de este agente español fue su papel en la llamada Operación Fortitude, el esfuerzo por engañar a los nazis acerca del lugar en el que tendría lugar el gran desembarco anfibio de tropas aliadas en Europa. No es exagerado decir que fue una de las maniobras de espionaje más importantes de la historia. El enclave escogido eran las playas de Normandía, pero ingleses y británicos llevaron a cabo varias acciones para dispersar la atención de los alemanes hacia Noruega, el golfo de Vizcaya y, por encima de todo, al paso de Calais, a 250 kilómetros de Normandía.
Fortitude fue una operación a gran escala y con numerosas y diversas ramificaciones, que incluyeron el despliegue de ejércitos falsos que los aviones espía nazis pudieran fotografiar desde el aire o los informes de agentes dobles dirigidos a la inteligencia alemana. En este último ámbito fue clave Joan Pujol.
En aquel momento, el espía español mantenía a ojos de los nazis una red de 27 agentes falsos. Ese coro de voces actuó como una eficaz caja de resonancia para convencer al Estado Mayor alemán de desviar el esfuerzo defensivo hacia Calais, despejando el camino para el desembarco del Día-D. El agente barcelonés envió más de 500 mensajes de radio en los meses previos para lograr el truco.
Un legado que permaneció oculto durante cuarenta años
El resultado de aquella victoria en el terreno de la inteligencia es evidente. Está claro que para la derrota final de los alemanes confluyeron muchos elementos, entre los que hay que mencionar el desciframiento de la máquina Enigma de comunicaciones nazi o el sangriento peaje que los soviéticos pagaron para empujar a los ejércitos de Hitler desde el este. Pero tampoco cabe duda de que el éxito del Día-D fue fundamental para la victoria aliada: la guerra acabó en Europa solo 11 meses después de aquel desembarco, posible en parte gracias a un español.
Acabada la guerra, Pujol, como buen espía, se esfumó. Fingió su muerte por malaria en Angola para recalar después en Venezuela, donde pasó el resto de su vida. Una vida que habría permanecido anónima de no ser por un historiador militar que lo localizó en 1984 y contó al mundo su papel clave en la Operación Fortitude. Así, durante los últimos años de su vida, Joan Pujol recibió el reconocimiento debido a sus méritos de guerra. Fue recibido por el duque de Edimburgo en una audiencia privada que duró varias horas y le fue concedida la Excelentísima Orden del Imperio Británico. Murió en Caracas en 1988.
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